- Ya sabemos que Bono siempre está con el que gana. Disputó la Secretaría General del PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero, perdió y fue su primer ministro de Defensa y después presidente del Congreso de los Diputados. No está mal
Vaya, vaya, vaya… Hace casi tres meses, el pasado 24 de mayo, publiqué aquí una columna titulada Una Misa en la Catedral de Tánger en la que, entre otras cosas contaba cómo el 15 de mayo había estado en la ciudad del antiguo protectorado español. Mi mujer y yo íbamos con nuestros amigos Marta Araluce e Íñigo de la Riva. Él había pasado parte de su infancia en esa ciudad viviendo en el consulado de España del que su abuelo, Ramón de la Riva, era el titular.
Íñigo había solicitado por diversos conductos poder visitar el edificio en el que había pasado como niño varios veranos y un año académico entero. Tras mucho pedir consiguió que una funcionaria nos enseñara el jardín de la residencia, pero no la vivienda. Cuando estábamos paseando por la propiedad, Íñigo preguntó si podíamos ver la piscina y la funcionaria aclaró que tampoco podíamos ver esa parte de la residencia porque la cónsul, Aurora Díaz-Rato, tenía invitados. Así que nada. En dos patadas estábamos otra vez fuera.
Recuerdo esto ahora porque nuestros colegas de The Objective publicaban ayer que José Bono se alojó en el consulado de España en Tánger desde principios de mayo hasta junio. Vamos, que ya sabemos quién estaba en la piscina ese soleado día. Según cuentan nuestros colegas, Bono, del que nadie sabe de dónde ha ido sacando su dinero y cualquier día un juez le hace un «Zapatero», ha hecho importantes inversiones inmobiliarias en Tánger. Y, con el fin de supervisar sus inversiones allí y hacer los trámites para ampliar la mansión que tiene en la medina, se instaló en el consulado palaciego.
A mí me parece muy bien que un cónsul o un embajador de España pueda invitar a su residencia a quien tenga por conveniente: un amigo, un pariente, una antigua autoridad de la nación, un visitante necesitado… Pero ya me suena mucho más raro que se pase un mes viviendo ahí y disponiendo del coche del consulado –según cuenta The Objective– para atender a sus inversiones. Será que a estas alturas nos van a contar que no tiene dinero para pagarse un hotel. Y les aseguro que en esa ciudad los hay de todos los niveles, desde el más modesto al lujo exorbitante. Pero claro, el problema para él es que en Tánger proliferan los turistas españoles y quizá Bono no quisiera que lo reconocieran.
Así que, sin pudor alguno José Bono se hizo un poco más sanchista. Ya sabemos que Bono siempre está con el que gana. Disputó la secretaría general del PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero, perdió y fue su primer ministro de Defensa y después presidente del Congreso de los Diputados. No está mal. Y ahora, con Pedro Sánchez, se acoge al calor del poder e imita las formas del líder máximo. ¿Qué tiene de malo que Bono se haya alojado un mes a costa del contribuyente en el consulado de Tánger si Sánchez y su familia, en el sentido más amplio, están disfrutando de La Mareta un mes entero?
Qué bien les encaja el apelativo ‘La Rosa Nostra’.