Rosa Martínez-Vozpópuli

  • Que cuatro años después sigamos sin saber qué información fue robada al presidente es bastante difícil de justificar

No sé qué había en el móvil de Pedro Sánchez. Usted tampoco. Ni siquiera la Audiencia Nacional ha conseguido averiguar quién se llevó la información. Pero hay una posibilidad cada vez menos disparatada: que en Rabat lo sepan perfectamente.

El grupo de hackers Jabaroot acaba de difundir archivos que presenta como parte de una base de datos con información de unos 70.000 integrantes de la DGST y la DGSN, los servicios de inteligencia interior y policía de Marruecos. Nombres, identificaciones, rangos y otros datos internos. El grupo amenaza además con publicar órdenes dirigidas a agentes que habrían participado en la reciente crisis de Ceuta. Conviene mantener la cabeza fría: que unos hackers lo cuenten en Telegram no convierte automáticamente todo el material en verdad.

Pero Jabaroot ha añadido algo bastante más interesante para nosotros. Asegura disponer de los archivos originales relacionados con el espionaje mediante Pegasus al teléfono de Pedro Sánchez y ha preguntado públicamente quién estaría interesado en recibirlos. De momento no los ha publicado ni ha demostrado que realmente los tenga.

Un pequeño contratiempo

Lo que sí está acreditado es el espionaje. La Audiencia Nacional determinó que del teléfono de Sánchez se extrajeron al menos 2,57 gigabytes de información entre el 19 y el 21 de mayo de 2021 y otros 130 megabytes el 31 de mayo. También resultaron afectados los teléfonos de Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska, mientras que en el de Luis Planas hubo un intento aparentemente fallido.

Sabemos, por tanto, que alguien entró en el teléfono del presidente del Gobierno, se llevó una cantidad considerable de información y desapareció con ella, pero no sabemos públicamente quién fue ni qué se llevó. Un pequeño contratiempo de seguridad nacional que hemos aprendido a tratar con la serenidad con la que se pierde un calcetín en la lavadora.

Y hay una coincidencia temporal difícil de ignorar. La crisis de Ceuta comenzó el 17 de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron desde Marruecos después de que las autoridades marroquíes relajaran los controles fronterizos. La primera gran extracción detectada en el teléfono de Sánchez comenzó el 19 de mayo. Mientras España atravesaba una de sus peores crisis diplomáticas con Marruecos, alguien estaba sacando 2,57 gigabytes del móvil de su presidente.

Más de 200 objetivos

Desde entonces han aparecido algunas cosillas. El pasado julio, una investigación internacional coordinada por Forbidden Stories aportó nuevos elementos sobre el uso de Pegasus por parte de los servicios marroquíes. Más de doscientos números españoles aparecían entre los objetivos atribuidos a Marruecos, incluidos altos cargos y miembros de las fuerzas de seguridad. Entre ellos figuraba repetidamente el teléfono de un coronel de la Guardia Civil que había ejercido como agregado de Interior en Rabat.

Y aquí llega una de esas escenas que explican España mejor que veinte tratados de ciencia política. En 2019, a propuesta de Fernando Grande-Marlaska, el Gobierno concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil a Abdellatif Hammouchi, director de la DGST y la DGSN marroquíes. En noviembre de 2025 Marlaska se la entregó personalmente en Madrid, cuando hacía ya cuatro años que su propio teléfono había sido infectado con Pegasus. Hay que reconocer que somos gente agradecida. Otros, a los países que les espían como poco les ponen cara seria. Nosotros al jefe de los servicios marroquíes le ponemos una medalla.

Y luego está la otra fecha. El 14 de marzo de 2022 Pedro Sánchez escribió a Mohamed VI y España cambió una posición mantenida durante décadas para pasar a considerar la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara “la base más seria, creíble y realista” para solucionar el conflicto ¿Cambió Sánchez la posición española porque Marruecos tuviera información comprometedora? No lo sabemos. Precisamente por eso resulta importante saber qué demonios se llevaron de su teléfono.

La secuencia está ahí: crisis con Marruecos, espionaje al presidente, gigabytes de información desaparecidos y, diez meses después, un giro histórico sobre el Sáhara comunicado mediante una carta a Mohamed VI. Que una cosa explique la otra sería una acusación para la que no tenemos pruebas. Que cuatro años después sigamos sin saber qué información fue robada al presidente es bastante más difícil de justificar.

Ese socio fiable

La investigación judicial terminó archivada porque Israel no colaboró lo suficiente como para determinar quién estaba detrás. Ahora entra en escena un grupo de hackers asegurando que posee precisamente los archivos que podrían arrojar luz sobre aquello. Puede ser cierto, puede ser propaganda o puede ser una mezcla de ambas cosas. Lo extraordinario es que exista siquiera la posibilidad de que unos desconocidos escondidos detrás de un canal de Telegram puedan aclarar antes que el Estado español quién espió al presidente de España.

Mientras tanto, el Gobierno sigue considerando a Marruecos un socio fiable y estratégico. Marruecos conoce perfectamente sus intereses. España prefiere confundir necesidad con confianza. Porque a estas alturas quizá el problema no sea que España no sepa quiénes son los espías marroquíes. Quizá sea que los espías marroquíes saben demasiado bien quiénes somos nosotros.