Ana Zarzalejos-El Español
  • Bolaños no ha comparecido para explicarse, sino para cerrar filas en torno al sanchismo.

Si hay un escritor del que se ha abusado más que de G. K. Chesterton en el columnismo católico, ese es George Orwell en el columnismo político.

Así que ya me perdonará el lector por arrancar con una cita de 1984: «El partido te dijo que rechazaras la evidencia de tus ojos y oídos. Fue su última y más esencial orden».

La comunicación que ha hecho el Gobierno de su gestión de la invasión de Ceuta podrá utilizarse siempre como ejemplo de esa forma de política en la que la realidad importa menos que la versión oficial de la realidad.

Mónica García acusó de xenofobia a quien equiparara inmigración con enfermedades mientras el Gobierno enviaba vacunas a Ceuta y al mismísimo Fernando Simón para hacer un control epidemiológico.

Elma Saiz aseguró que Marruecos era un socio fiable mientras el ministro marroquí de Asuntos Religiosos, Ahmed Toufiq, invocaba la lucha sagrada y se refería a Ceuta y a Melilla como «ciudades ocupadas».

Patxi López, desde fuera del Gobierno, en un encomiable intento de mediación que ni un gabinete de psicólogos en Kramer contra Kramer, ha querido que pensemos que es posible que, cuando Margarita Robles afirma que hubo información de Inteligencia que alertaba de la invasión y Marlaska afirma rotundamente que no la hubo, ambos pueden estar diciendo la verdad. Pastilla roja o pastilla azul. Elige tu universo.

Algunas veces esta profesión es una tortura que te obliga a escuchar una comparecencia de más de tres horas de Félix Bolaños.

Pero su intervención ha tenido la virtud de convertir una crisis en una clase magistral de semántica gubernamental: nada es exactamente lo que parece y, si lo parece, probablemente sea un bulo.

1. El ministro Bolaños ha asegurado que la invasión multitudinaria se debió a la «tergiversación» de una sentencia del Tribunal Supremo sobre el cruce a nado de la frontera, que llevó a la propagación de dos bulos: «Que la frontera estaba abierta y que si cruzabas a nado no te podían devolver».

A mí me cuesta pensar que el marroquí medio que está esperando una oportunidad para cruzar a España esté leyendo y traduciendo en tiempo real sentencias del Supremo, pero sería capaz de dar ese salto de fe.

Además, tan exacta fue la interpretación que los asaltantes hicieron de la sentencia que aquí siguen varios miles. El que no supo entenderla fue el Gobierno.

Pero me gustaría ver al ministro Bolaños explicando a cualquier ceutí dónde está el bulo. No podemos afirmar que la frontera estuviera cerrada a cal y canto con siete cerrojos, puesto que decenas de miles de personas la atravesaron.

Tampoco diría yo que es del todo mentira aquello de que no se les podía devolver. ¿O es que son simples turistas los que acampan ahora en la playa de El Trampolín?

Tildar todo de bulo y desinformación es muy socorrido, pero si te dicen que es mentira que la frontera estuviera abierta, y tú has visto cruzar por ella a miles de personas, elige creer a tus ojos. Orwell estaría orgulloso de ti.

2. Bolaños también ha insistido en que «no hay ninguna evidencia» de que Marruecos esté detrás de la entrada y ha acusado a la oposición de «faltar el respeto» al país «con el que hay que cooperar y tener buenas relaciones de vecindad».

Que Marruecos pecó, como mínimo, de omisión es algo que ya sabemos todos porque no hay forma de que 80.000 personas se concentren y se lancen al mar desde tu territorio sin que tú mires para otro lado.

Es decir, el Gobierno con el que quieres cooperar y mantener buenas relaciones de vecindad ha permitido que sus ciudadanos perdieran la vida intentando llegar a España y que luego ocuparan una ciudad en nuestro país.

Y ahí está precisamente la diferencia entre lo que sabemos y lo que Bolaños quiere que pensemos que sabemos.

Me pregunto también si con lo fino y riguroso que se pone Bolaños con las evidencias sobre el rol de Marruecos, no podrá entonces ser transparente con cuáles eran las sólidas y contundentes pruebas que manejaba el Gobierno al inicio de la crisis cuando afirmaba que las responsables eran las mafias.

3. «Quien diga que esta situación se resuelve en un santiamén, no tiene ni idea de lo que habla y demuestra una ignorancia insuperable».

Aquí en realidad creo que puede ser que, más que una negación de la realidad, Bolaños se esté posicionando en la línea sucesoria sanchista lanzándole una pullita al ministro Óscar Puente, que dio por concluida la crisis el 1 de agosto con una frase que pide mármol: «Otra crisis que resuelve Pedro Sánchez«.

También la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, cantaba victoria ese mismo día y tuiteaba: «En menos de cuarenta y ocho horas se ha resuelto una de las peores crisis migratorias».

Se engaña Bolaños pensando que tiene que convencer a nadie más que a sus propias filas de la complejidad de la situación.

Por otro lado, no deja de ser sorprendente que subraye tanto la complejidad y, a la vez, saque pecho de que el 90% de los migrantes volvieron enseguida (porque quisieron) a Marruecos. Debe de ser el 10% más largo de la historia.

Hay una contradicción muy sencilla de entender: si la situación es de una complejidad extraordinaria y no puede resolverse «en un santiamén», resulta difícil explicar por qué, al mismo tiempo, se presenta como un éxito casi instantáneo que la inmensa mayoría haya regresado.

4. «El estado ha destinado todos los materiales naturales y humanos».

Y Bolaños se ha quedado tan ancho. Mientras tanto, Ceuta cuenta con sólo seis ordenadores para hacer frente al triaje de 10.000 personas. Espero que, para poder dar credibilidad a las palabras del ministro, al menos uno de esos sea el portátil personal de Bolaños.

Y si los «materiales humanos» a los que se refiere el ministro son los militares, habría estado bien que explicara por qué sólo cumplen con una función de atrezzo en la seguridad de la ciudad y tienen prohibida cualquier acción que pudiera de verdad colaborar en la normalización de la situación en Ceuta.

5. «Este fenómeno que se ha producido en Ceuta es un laboratorio de muchos discursos de odio, de xenofobia y de racismo contra personas que no tienen nada y que vienen a buscar una vida mejor».

Discurso de odio, xenofobia y racismo es lo que ha cometido Marruecos contra sus propios ciudadanos al utilizarlos en una crisis que los convirtió en instrumento de presión política. Pretender colar que el rechazo a lo ocurrido en Ceuta, una ciudad en la que conviven cuatro culturas sin problemas desde que el tiempo es tiempo, se debe a la xenofobia es algo que va a ser muy difícil lograr.

A día de hoy, las únicas agresiones que conocemos son las sexuales que se están registrando y la emboscada a los militares que han terminado heridos, cuestiones que Bolaños debería haber mencionado al principio de su comparecencia y que, sin embargo, han quedado sepultadas bajo horas de argumentario político.

6. En alusión a las vacaciones del presidente, el ministro ha asegurado que Sánchez no ha dejado de trabajar y que «el trabajo que lleva la gestión de esta situación en Ceuta no tiene que ver con estar ahí, se puede trabajar desde Madrid o desde cualquier lugar donde estés».

Claro, al fin y al cabo, el teletrabajo ha sido un avance para todos. No iban a poder disfrutarlo nuestros ministros, vaya por Dios.

Me resulta francamente incomprensible que este Gobierno, tan dado a hacer pedagogía con los ciudadanos y tan obsesionado con el relato, considere aceptable que el presidente Pedro Sánchez se haya puesto, aunque sólo fuera durante unas horas, una bombona de oxígeno para ir a bucear mientras hay ceutíes que no saben siquiera si podrán enviar a sus hijos al colegio.

No hay mejor imagen que revele la indecencia de esta gestión que la de Sánchez en La Mareta mientras el ceutí estaba atrincherado en casa.

7. «Quiero reconocer la extraordinaria labor que hacen en el día a día los servidores públicos que se dedican a las labores de Inteligencia en nuestro país porque no sólo evitan riesgos, sino que dan una información muy valiosa para poder garantizar la seguridad nacional en nuestro país».

Yo ahí no le quito ni una coma al ministro. Pero me deja perpleja que pronuncie esas palabras cuando un rato antes ha asegurado por activa y por pasiva que no recibieron ni una sola información que alertara de lo que finalmente ocurrió.

¿A qué se debe pues este homenaje de amor a los servicios de inteligencia? ¿Es un poco como cuando en una boda, ya en los momentos finales de la fiesta, uno grita «viva el Betis» sin que venga muy a cuento?

O quizá es mala conciencia.

Porque una cosa sí parece evidente. Si los servicios de inteligencia son tan extraordinarios, tan valiosos y esenciales para garantizar la seguridad nacional, alguien tendrá que explicar qué información recibió el Gobierno, cuándo la recibió y qué hizo con ella.

Y si no recibió ninguna, quizá habría que explicar por qué se los elogia precisamente en una comparecencia destinada a explicar una crisis que, según el propio ministro, nadie vio venir.

Bolaños no ha comparecido para dar explicaciones a los ceutíes, sino para cerrar filas en torno a un sanchismo que se agota.

Le debemos a los ceutíes no cerrar los ojos y obedecer a lo que ellos y nosotros estamos viendo.