Editorial-El Debate
- Empujada por la presión migratoria en la frontera sur, Von der Leyen gira sus prioridades hacia la seguridad para contener el populismo de la marejada ultra
La presidenta de la Comisión Europea aprovechó ayer su discurso sobre el Estado de la Unión para girar las prioridades del Gobierno comunitario hacia la seguridad, empujada por la fuerza de los acontecimientos: la presión migratoria en la frontera sur a cuenta de la crisis de Ceuta y el avance de los movimientos ultras, tras el arreón de la extrema derecha en Alemania. El énfasis con el que Ursula von der Leyen llamó a «proteger en todo momento» la integridad territorial de la UE se reflejó en su emplazamiento a reforzar la agencia Frontex, con el fin de acelerar las expulsiones de migrantes en caso de urgencia. Es posible que su anuncio sea celebrado por la población de la ciudad autónoma, aún conmocionada por la entrada masiva de inmigrantes, y la proliferación de campamentos humanitarios. Pero para que ese control fronterizo pueda ser desplegado necesita la implicación activa del Gobierno español, que hasta ahora no lo ha solicitado en virtud de su soberanía.
«Ceuta es Europa», subrayó la jefa del Ejecutivo comunitario en el Parlamento de Estrasburgo, después de la llegada de casi 80.000 personas desde Marruecos. Sin embargo, la realidad revela que el endurecimiento de la política migratoria -avalado en la creación de centros de detención en terceros países- no ha logrado contener la marejada «ultranacionalista». Acierta la líder comunitaria cuando censura el populismo de grupos como Alternativa para Alemania, que ha barrido en las elecciones de Sajonia, y cuando emplaza a los Veintisiete a mantenerse firmes ante el uso demagógico de las inquietudes ciudadanas. Pero para neutralizar el intento de los extremismos de capitalizar problemas como la vivienda o la inflación, Europa debería ir más allá de la confrontación ideológica y mejorar la eficacia de las soluciones antes de que el descontento se desborde.
El programa de seguridad para los Estados que se sientan amenazados cobra una urgencia especial frente a una Rusia desafiante. La propuesta llega dos días después de que cazas aliados derribaran un dron procedente de Bielorrusia sobre Lituania y de que un buque de guerra ruso hostigara con bengalas a un helicóptero danés en aguas internacionales. En este contexto de hostilidades, la presencia en Estrasburgo del primer ministro de Canadá, Mark Carney, puede ser interpretada como un gesto de reconocimiento hacia un posible nuevo aliado. Un país que plantó cara a las imposiciones arancelarias de Donald Trump, a diferencia de la subordinación europea mostrada en su campo de golf.