Carmelo Tajadura-Vozpópuli
- Es capaz de explorar otras dos vías inimaginables para seguir en Moncloa más allá de 2027
No es muy difícil adivinar cuáles van a ser las líneas de apelación al voto para el PSOE cara a las elecciones. Por un lado, sostener que la economía española estaría yendo muy bien, en modo el cohete que suele repetir Sánchez. Por otro, insistir en que solo ellos llevan a cabo políticas progresistas, aunque eso sea más aparente que real. Por último, utilizar la teoría del miedo amenazando al electorado con que la alternativa es ultraderechista y abominable.
La economía
Por lo que respecta a la economía los socialistas pretenden presentarla como el gran éxito de su gestión. Pero, lamentablemente, eso tiene más de marketing que de realidad. El gobierno recurre a las grandes cifras macroeconómicas para argumentar que el PIB crece mucho, que lidera el avance entre las grandes economías europeas o que el empleo aumenta y las cifras oficiales (y manipuladas) de paro bajan mucho. Pero, lo que le importa a cualquier ciudadano a la hora de decidir su voto no es eso, sino si su situación personal ha mejorado o no bajo Sánchez. Es conocido que la política económica del gobierno ha primado un crecimiento extensivo, con muchos inmigrantes, una productividad por los suelos y con bastante inflación acumulada. La consecuencia es que el PIB real y per cápita no se ha elevado apenas nada desde que llegó Sánchez en 2018. Adicionalmente, hay que tener en cuenta que lo que sí ha subido es la presión fiscal, al no deflactar la escala impositiva. Por lo que la conclusión es que el español medio ha salido perdiendo: su renta disponible sigue estancada y distante de la media europea.
La verdad es que Sánchez ha disfrutado durante buena parte de su mandato de un estímulo monetario sin precedentes del BCE. Se ha encontrado también los fondos Next Generation, lamentablemente mal gestionados, siendo incapaz de cumplir el objetivo que tenían. Y además ha llevado a cabo un estímulo fiscal masivo, manteniendo el déficit estructural y con 600.000 millones de nueva deuda pública. Pero todo eso no ha servido para mejorar la situación de los ciudadanos, aunque sí para atraer a muchos inmigrantes.
¿Progresistas?
La segunda gran línea de argumentación de los sanchistas es que ellos adoptan políticas progresistas y los demás no. En esta línea, prepararían unos presupuestos super expansivos con enormes subidas del llamado gasto social, que serían rechazados en el Congreso. De este modo, luego poder decir que, si ganara las elecciones la oposición, eso se perdería. Sin embargo, la política de pensiones de Frankenstein, por ejemplo, agrava el problema y hace el sistema inviable, arrojando presagios ominosos para los jóvenes a futuro. O subir desproporcionadamente el salario mínimo hasta convertirse casi el más frecuente y acercándolo al medio, lo que provoca que sufran la formación y el empleo estable mientras se incentiva la economía informal. Nada es gratis.
Además, llaman progresista a cualquier cosa. Por ejemplo, a unas disposiciones en materia de vivienda que restringen la oferta haciendo imposible el acceso a la misma de los jóvenes. O a una propuesta de financiación autonómica que transfiere fondos de CCAA más pobres a una de las de mayor renta. En otro ámbito, también a una ley que adelanta la salida de prisión de los agresores sexuales (cuyo responsable último es Sánchez, no Montero). También deben considerar progresista poner en la calle a los asesinos etarras antes de tiempo a cambio de asentar a Sánchez en Moncloa. Porque los seis diputados de Bildu han sido incluso más decisivos que los siete de Junts, aunque no se hable tanto de ello…
Hace unos días veíamos en los medios que Trump promete pagar 5.000 dólares a los ciudadanos si los republicanos ganan en las elecciones de noviembre. Y a todo el mundo le ha parecido completamente rechazable. Pero no es tan distinto de la compra de votos que ha hecho Sánchez a sus socios pagando con nuestro dinero o prostituyendo el Estado de Derecho. En realdad, Sánchez y Trump son dos políticos que se parecen bastante, ya que son capaces de supeditar cualquier asunto público a sus intereses personales. Para ellos la ratio “Daño general/Interés particular” aceptable es enorme …
Asustar con la alternativa
La tercera gran argumentación sanchista para pedir el voto es amenazar con los males del infierno si no gana. En realidad, Sánchez es el principal promotor de Vox y lo que trata de conseguir es que, en la futura mayoría de gobierno, esta formación tenga cuanto más peso mejor. Para ello, intenta descalificar al PP y le tilda de casi ultraderechista para que se prefiera votar al original. El objetivo pretendido es que el nuevo gobierno tenga contradicciones insuperables y Frankenstein pueda volver pronto. Esperemos que los españoles voten bastante a Feijóo y que un Abascal, que ya echó a los liberales de su partido, no le haga la vida imposible. Cabe recordar que, en cualquier caso, Vox es más moderado que los alemanes de AFD.
Un amigo mío solía decir que “toda situación mala es susceptible de empeorar”. Eso ocurriría, sin duda, si Sánchez siguiera. Y es que, aunque todo esto no le baste, es capaz de explorar otras dos vías inimaginables para seguir en Moncloa más allá de 2027: el pucherazo electoral y no convocar las elecciones. La primera ha quedado también mermada con el freno de ‘la ley de nietos’, aunque veremos si el Constitucional no hace de las suyas. Y, en cualquier caso, la oposición debería mostrarse muy vigilante con el voto por correo, donde ya hubo sospechas en 2023. En cuanto a la no convocatoria, argumentando algún estado de alarma o algo similar, parece más remota, aunque este personaje sea capaz de cualquier cosa.
La herencia política de Sánchez va a ser desastrosa, porque la concordia y la convivencia han quedado seriamente tocadas. Porque, el debilitamiento del Estado ha sido creciente y está alcanzando su cénit con la crisis de Ceuta. Porque deja una bomba de tiempo en la economía. Y ya el colmo sería que, si sale de Moncloa, haga lo que algunos dicen: oposición de tierra quemada en la calle, ayudado por los sindicatos, los extremistas, los indepes y los exterroristas, para volver cuanto antes. No lo tendrá fácil la alternativa de gobierno…