José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Sánchez alimenta el melodrama de serial venezolano como antídoto sentimental al desastre de Ceuta
Arrastrados por el remake de Guerra Mundial Z que ha montado Mohamed en Ceuta con la connivencia pusilánime de Pedro Sánchez, el “chuleta gallináceo” como le dice un conocido picapleitos del partido ahora en fase de deserción como tantos, el personal se había olvidado de las alegres correrías de la famiglia. Muy en especial de Begoña, de quien apenas supimos que se le devolvió el pasaporte, acudió a UK a la graduación de su hija Ainhoa en Bristol, donde la serie Gone, asesinatos de pijos, y se ha dado de baja en Linkedin. También trascendieron días atrás los movimientos de su asistente, Cristina Álvarez, para aplazar la apertura del juicio hasta que se jubile el juez Peinado, en nueve días.
Hubo quien pensó que Sánchez dio luz verde a la avalancha ceutí para tapar el retorno de los episodios judiciales que le acogotan. Pero en la ciudad autónoma, cincuenta días después, las cosas se agravan de tal modo que ha dado un vuelco el guion. “Una situación de extraordinaria complejidad”, diagnosticó el monarca, con acerado verbo. A media España se le congeló este viernes por la mañana el café al ver por la tele la arrolladora marabunta de chavales de color (‘negro’, Les Luthiers) pugnando una reducida dotación de guardias para ocupar plaza en una de las carpas que ha desplegado don mando único, Ángel Víctor o viceversa. Distopía de espanto. Al verlas, se diría que Sánchez colabora con el país enemigo, que le arrollará.
Brusco cambio de guion
Urgente cambio de guion. Hubo que acudir donde el bufón de la Sexta, un Guayomin obsequioso y locuaz, con ese gracejo oxidado de los monologuistas progres del pleistoceno, de cuando Felipe González iba disfrazado de pana (no de ZP) que tuvo la idea rescatar la figura de la dona olvidada, en una pirueta emocional con vocación justiciera. Hay que cambiar de argumentario, hay que tapar lo de Ceuta, se escucha un griterío desarrapado por los salones del Ala Oeste. “No tenemos relato, Vivas no es Mazón, la juez Tardón sigue p’alante y esto no chuta». Las encuestas con las que Sánchez acompaña estas semanas su desayuno anuncian serios problemas para las generales. Cien escaños y sin apoyos para otro Frankenstein.
Que se hable de Begoña. total, la van a procesar igual. No pasa nada. Hay que desviar la atención, mascullan al unísono los ochocientos asesores de Presidencia, con el Rubio desteñido al frente, ese genio del marketing. Tres entrevistas en diez días. Tres masajeos aliñados por voluntariosos presentadores a los que paga su jornal de profusas veneraciones. Con lo nuestro. Pero fue Guayomin el encargado de rescatar en la pista a doña Begoña que siempre da juego, tan perseguida por las togas salvajes de facholandia, por los ‘lobos solitarios’ que señalan los dos Óscares casi extintos. Esa víctima, esa mujer perseguida.
“Metidos en temas judiciales, su hermano ha sido condenado y su mujer está esperando una vista oral, por cierto, con jurado”, deslizó el presentador. Y ahí se vino arriba el supermán del progreso, con su tonito menesteroso de fraile mendicante, con su carita de inocente niño del coro a punto de asesinar a unas ocho mil maestras. Ahí recitó su casi olvidada muletilla. “Begoña Gómez y David Sánchez que, insisto, sí, son mi hermano y mi mujer (por ese orden) pero tienen su vida, son profesionales dedicados a trabajar…” Y luego se regodeó con la terrible persecución de que son objeto por parte de asociaciones ultraderechistas, pseudomedios de la fachosfera, jueces prevaricadores, la ‘ola reaccionaria’ y demás macedonia habitual. En su resumen del curso este julio ya había sentenciado: “Begoña Gómez no es mi mujer. Es Begoña Gómez”, lo que dio lugar a muchas habladurías.
El hermanísimo y los narcos
Iván Redondo siempre insistía -quizás insiste pero ya no existe- en que no es con ideología sino con emociones como se gana en las urnas. Y ahí está Begoña como un recurso desesperado, con el único problema de que despierta tantas simpatías como la mamba negra. Del ‘hermanísmimo’ mejor no hablar. El informe de la UCO desvela que la cloaca de Leire y Cerdán contrató a una banda de narcos extremeños para hostigar y abortar la instrucción de la juez Biedma contra el batuta genial de las chirimoyas. La magistrada, que fue objeto de persecuciones y acosos de toda índole, incluidas sus hijas, ha solicitado a la Audiencia su personación en el caso como perjudicada. ¿Hay quién dé mas? “Cinco idiomas, licenciado en Económicas, titulado director de orquesta en San Petersburgo, currículum envidiable, trabajador íntegro…”. A David mejor no lo exhibas mucho, le aconsejan sus próximos. Es un personaje atrabiliario que despierta menos simpatías aún que la señora. No dio palo al agua en cinco años, es un defraudar, es un perfecto gandul, condenado a nueve años de inhabilitación, en sentencia que se prepara a recurrir.
Y ahora aparece otro hermanísimo en la banda, en este caso hermanísima, Sofía Puente, hermana de fino estilista del insulto amén de presunto titular de Transportes. Ella es la autora del morcilla que se introdujo bajo cuerda en la ‘ley de nietos’ para que donde decía ‘hijos de exiliados’ pudiera leerse ‘todo quisque’ y así pasar de unos 500.000 beneficiados a unos 2,3 millones. Una hipertrofia del censo electoral sin precedentes. Y dos querellas contra la hermanísima, que además es fiscal por la democracia y secretaria general de algo porque disfruta de cargos públicos desde casi siempre. Ya se apunta incluso que Sofía, buena presencia, lúcida en la expresión, parpadeo amable, también muy presente ahora por las telePedros, sería mejor candidato a la sucesión del number One que su hermano, ese verraco con prognatismo que ya solo estimula a los más fanatizados del menguante rebaño.
Tan mal pinta Ceuta, tanto rechazo provoca la insoportable desidia del Gobierno, tanta aversión despertó el mes de la tumbona en La Mareta mientras la invasión y el dolor, tanta repulsa incontenible alimentan cada día las mentiras despreciables de los ministrillos que se acercan al escenario del miedo, que en Moncloa han enloquecido. Recorre los despachos una incontrolable dislocación neuronal, un ataque de nerviosismo rayano en la paranoia, una situación tan desesperada que se antoja impensable afrontar el curso electoral con garantías de siquiera quedar segundos. Dos subsecretarios, siete asistentes, dos conserjes, varias secretarias y una paloma son las primeras víctimas del descomunal desconcierto. Begoña, Begoña. Es que la angustia carece de plumas. O para el vuelo pesa demasiado. Dickinson.