Juan Soto Ivars-ABC
- Es absolutamente vergonzoso que estemos pendientes de dos decretos y de una acampada en la Puerta del Sol. Que el próximo gobierno aplaste las leyes del suelo, destruya la burocracia y fomente la construcción
No te acabas este país. Es imposible. En los ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez, el mercado de los alquileres ha perdido la cabeza del todo. No hay oferta y los precios han aumentado un 30 por ciento, tirando por lo bajo. Se producen cada vez más desahucios. Nadie confía en nadie. No es que no te puedas permitir un piso de alquiler: es que no hay. Los vulnerables son intocables para los caseros, que saben que no podrán echar a un moroso si presenta los papeles adecuados. La venta también está disparada de precio y se ve una grúa solitaria en los contornos de las ciudades.
De pronto, de forma orquestada, como ratones que oyeron la flauta, el caso de una señora llamada Maricarmen, cuyo desahucio produce una lógica conmoción, se convierte en abono para una campaña mediática, política y activista. Se planta en Sol una acampada que huele a producto precocinado de activismo orgánico. Los medios progubernamentales exageran el tamaño y la legitimidad de sus proclamas. Piden gilipolleces: casas gratis, expropiación, que no se construya y desaparezca el mercado del alquiler. Presentan unos puntos maximalistas y equivocados. Pintan a los fondos buitre como protagonistas de una historia de la que son personajes secundarios, pero el sanchismo decide hacer suyas las reclamaciones. Se redactan dos decretos.
Cuando el Congreso tumba ambos, el sanchismo, que no ha hecho nada por la vivienda que no sea empeorar las condiciones, de pronto quiere salir como el abanderado de las inquilinas. Algún hipoglúcido habrá que se lo crea. Hacen tantos aspavientos… Amenazan con disolver las Cortes y convocar elecciones. Un Gobierno que no ha sido capaz de presentar Presupuestos, ahora está quebrado por una votación contra los cuatro papelajos que hicieron en dos días.
El sanchismo buscaba un plebiscito, pero cuesta creer que haya elegido precisamente la vivienda, que es uno de sus fracasos más calamitosos y notables. Amenazan a quien ha votado contra los papelitos y estalla una campaña en redes. Gente como Santaolalla dice que nos acordemos de los nombres y las caras.
Es un estertor, en el mejor de los casos. Corren como pollos sin cabeza, los de la sincronizada, porque muchos van a padecer auténticos problemas de vivienda cuando el inquilino de la Moncloa sea desahuciado. Ahora sí huele a fin de ciclo, porque don PSOE está logrando encender las calles, que era el paso previo para entregar luego el gobierno a la derecha. Ya lo vimos en 2012.
Pero lo cierto es que en la calle, frente al Congreso, hubo cuatro gatos con pancartas. Y lo de Sol es una muchedumbre ruidosa, pero no representa a casi nadie. Por más que los medios afines hablen del rugido de una época, allí lo que se dicen son tonterías sobre la vivienda.