Alberto García Reyes-ABC
- Lo que estamos viviendo trasciende el natural enfrentamiento ideológico porque no nos conduce a una lucha de postulados, sino a un ataque al sistema. Es populismo en crudo
Las manifestaciones de Ceuta no eran la calle. Las de la vivienda, sí. Si las protestas populares son contra el sanchismo, se ha alzado la fachosfera o la fantasmagoría de la ‘Internacional Ultraderechista’. Si el sanchismo las puede usar a su favor, se ha levantado el pueblo. Ahí están los fundamentos básicos del bananerismo, ese régimen en el que el caudillo ya no sólo desdeña al Legislativo, ahora también lo ataca. La frase es un autorretrato: «Cuando el Congreso da la espalda a lo que se vive en la calle, el Gobierno no puede mirar hacia otro lado». Artículo 66.1 de la Constitución Española: «Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado». Pedro Sánchez ha olvidado que él es presidente del Gobierno sin haber ganado las elecciones porque la cámara legislativa, en representación de todos los ciudadanos, conformó una mayoría a su favor. ¿Dio entonces el Congreso la espalda a lo que se vive en la calle? La treta para colar los decretos de vivienda por la gatera de la Diputación Permanente es el único punto de su programa electoral. Aquí se va a hacer lo que él diga y punto. Cuando el Congreso le apoye será el garante de la soberanía nacional, cuando no le apoye será un obstáculo para la democracia. Porque la democracia es sólo él, nada más que él. Le sobran los jueces, las Cortes y las instituciones. Pedro es el mesías.
Lo que estamos viviendo trasciende el natural enfrentamiento ideológico porque no nos conduce a una lucha de postulados, sino a un ataque al sistema. Es populismo en crudo. Sánchez negó la amnistía hasta la víspera misma de las elecciones y tras el resultado la puso en marcha porque le hacían falta los siete votos de Junts. Ahora nos vende con gesto impávido que la amnistía ha sido una gestión modélica para lograr la convivencia en Cataluña. Mentira podrida. Ha sido el pago que el PSOE ha tenido que hacer a los independentistas a cambio del poder. Pero como cuando uno se sienta a jugar con tahúres lo normal es que pierda, el agraciado prófugo le ha asestado un golpe novelesco tumbándole en las Cortes hasta provocar la convocatoria electoral apenas tres días antes de que el Constitucional le permita volver a España. Y se ha dado el gustazo de proclamar que la indulgencia al golpismo es «la derrota de los poderes españoles». En este entretenido juego de tronos hemos llegado al mensaje definitivo del autócrata bananero. Él es el bueno, el que nos profesa humanidad y corazón, y sus contrarios son los malos. Este es el referéndum que plantea Sánchez: tenemos que elegir entre dios y el demonio con una huelga general «a la oposición» –Montero dixit– de por medio para recoger el «clamor de la calle». Hagamos un breve recordatorio de primero de democracia: el pueblo no es tonto. El único clamor que vale es el de las urnas y Sánchez no debe olvidar que él no puede dar la espalda al Congreso, pero el pueblo sí puede dársela a la calle… Ferraz.