Iñaki Ezkerra-El Correo
- Si el respeto a las leyes lo sustituimos por el sectarismo político, abandonamos la condición democrática
Es uno de los regalos que Sánchez le hizo al PNV para mantener esa legislatura que acaba de expirar patéticamente. Y ayer se presentaba en Bilbao un libro, ‘El palacete vasco de París’, que demuestra documentalmente que ese edificio no es una compra que hizo ese partido de su propio peculio y a título privado. La hizo Luis de Zarrabeitia en su cargo de delegado de Hacienda del Gobierno vasco en la capital francesa y con dinero de la República, razón por la cual es una propiedad que pertenece al patrimonio nacional y por lo tanto a todos los españoles. El libro, del que son autores al historiador Pedro Chacón y al economista Carlos Olazábal, recorre de forma rigurosa y minuciosa el laberinto de la ruta que siguió esa operación sirviéndose de los documentos oficiales extraídos del archivo del propio Gobierno vasco que el partido de Arana no ha tenido la malicia de ocultar.
El libro se abre con una cita de San Juan, el evangelista: «La verdad os hará libres». A esa sentencia podría añadirse otra que se deduce de todo el legado del pensamiento jurídico occidental que va de Aristóteles a Habermas: ‘El sentido del derecho os hará demócratas’. Si el respeto a las leyes que nos hemos dado lo sustituimos por un incondicional y tribal sectarismo político, abandonamos la condición democrática. Habrá quien diga que no merece la pena pugnar por ese palacete parisino porque es el chocolate del loro. Pero aquí no se juega solo una propiedad. Se juega el mismo sentido democrático del Derecho. Si nos saltamos una ley en nombre de la tribu, nos saltamos todas porque todas pierden su sentido.
No dudo de que el PNV siente que ese edificio parisino es emocional y moralmente suyo. Y lo siente por un malentendido al que de algún modo hemos contribuido todos al referirnos a esa institución que nació en plena Guerra Civil como el Gobierno de Aguirre. Y es que si, como órgano oficial, el Gobierno vasco no es propiedad de ninguno de sus lehendakaris ni de ningún partido, en su acepción de Ejecutivo constituido para gobernar, tampoco fue ni de Aguirre ni del PNV exclusivamente. Fue un Gobierno de concentración formado por el PNV y otros cinco partidos: el PSOE, el EPK-PCE, Unión Republicana, Izquierda Republicana y Acción Nacionalista Vasca. Si el PNV quería devolverle a ese edificio el significado originario que tuvo como refugio de los exiliados vascos vencidos en la Guerra Civil, podía haber convocado en París a los partidos que han sobrevivido de entre aquellos que formaron aquel Ejecutivo y eso sí que habría sido una iniciativa acorde con la memoria histórica y con la pluralidad vasca tanto de ayer como de hoy, con la que todos podríamos habernos sentido identificados. Ha perdido esa oportunidad y la hemos perdido todos.