Iñaki Ezkerra-El Correo
- Cabe preguntarse por qué en las postrimerías de su mandato decide ponerse del lado correcto de la ley pura y simple
Hay gente que hasta cuando se decide a hacer algo bueno logra hacerlo mal. Pienso en Cándido Conde-Pumpido, que va a abandonar la presidencia del Tribunal Constitucional, cosa que de veras se agradece, pero dejando un rastro de desafueros inconstitucionales, de los que se ha hecho oportuno eco el juez Marchena en el auto que acata la amnistía para los procesados del ‘procés’, pero donde señala las inéditas injerencias en los fallos del Supremo y la «innecesaria grandilocuencia» con la que se ha tratado de camuflar la intensidad de estas. Ahí queda esa mancha escrita para el recuerdo de su gestión durante casi cuatro años al frente de ese órgano de garantías y de la que ya no podrá decir que fue impecable. Al fétido sabor que deja dicha amnistía se añade el mal rollo que ha rodeado al rechazo en bloque del TC al recurso de amparo del Defensor del Pueblo contra las medidas cautelares impuestas por el Supremo a la llamada ‘ley de nietos’. Conde-Pumpido se larga por fin del Constitucional pero por la puerta grande de los agravios: dejando con el culo al aire al camarada Gabilondo, que ha hecho el mismo papel de menesteroso que él hizo antes para el padrino de La Moncloa y con la fea intención de fumigar a otra compañera de trincheras, María Teresa Fernández de la Vega, para hacerse con un hueco en el Consejo de Estado.
La verdad es que es difícil hacer peor las cosas y dejar un rastro tan triste, sucio y ominoso cuando se abandona un cargo. Incluso cuando ha secundado los votos en bloque de los magistrados del TC contra la solicitud extemporánea del filósofo oficial del sanchismo, Conde-Pumpido lo ha hecho rodeado de interrogantes por no decir de sospechas. Y es que cabe preguntarse por qué precisamente en las postrimerías de su mandato ha decidido ponerse del lado correcto no de lo que algunos llaman «la Historia» sino de la ley pura y simple. ¿Le ha intimidado ese auto de Marchena que le acusa explícitamente de injerencia envuelta en grandilocuencia? ¿Le ha hecho recapacitar lo que es una llamada al orden sin precedentes? ¿O es que aún está demasiado en el aire la promesa de colarle en el Consejo de Estado y ha querido darle un rotundo toque de advertencia a quien tiene la decisión en sus manos?
Sí. Es difícil llegar a hacer tan mal hasta lo que es bueno, deseable y correcto. Conde-Pumpido se va del TC acatando las medidas cautelares del Supremo contra una ley diseñada para alterar el censo electoral. Se va, pero sin dejar títere con cabeza penal. Se va después de haber anulado las condenas de malversación a Magdalena Álvarez, a Griñán, a Chaves, a Bassa, a Junqueras, a Turull, a Romeva… ¿Tiene sentido hacer consejeros de Estado vitalicios a los que han hecho contra el Estado lo más desaconsejable?