Manuel Vilas-El Correo
- Reabrir batallas morales caducadas solo serviría para el regreso de la derecha casposa
Todas las culturas, todas las religiones y todas las civilizaciones son respetables, pero no todas son iguales. Todos los coches que tengan cuatro ruedas, un motor y un volante sirven para ir a alguna parte, pero no todos los coches te salvan la vida en un accidente. Caí del lado de la civilización occidental porque tuve la gran suerte de que mi padre y mi madre eran españoles, y vivo en una democracia, es decir, en el mayor sistema de contrapesos al poder político jamás conocido. La civilización occidental es avance en derechos individuales, y por eso es mejor que otras civilizaciones; no por una cuestión de superioridad intrínseca o biológica, sino por haber alumbrado un modelo donde la libertad del ciudadano prima sobre la imposición colectiva.
En este marco de libertades y prosperidad, me muero de risa cuando la gente desprecia los bienes terrenales. Es una hipocresía manifiesta en la política actual, donde hasta Gabriel Rufián o cualquier otro representante institucional se deja una buena pasta en ropa. Las cifras oficiales del Congreso de los Diputados muestran que un parlamentario percibe un sueldo base de 3.126,89 euros mensuales en 14 pagas, al que se añaden indemnizaciones por circunscripción de hasta 2.008 euros, libres de impuestos para los diputados de fuera de Madrid, elevando los salarios de las portavocías por encima de los 85.000 a 100.000 euros anuales. Es comprensible y legítimo que disfruten de su estatus socioeconómico dentro de una sociedad de mercado, y que se gasten el dinero en lo que les pete, pero resulta cómico que prediquen el desapego material desde la abundancia que solo este sistema permite.
Si los ciudadanos deciden que gane la derecha el 29 de noviembre lo harán para cambiar el modelo económico, para que haya menos impuestos, más incentivos fiscales y más emprendedores, pero jamás para recortar los derechos políticos y civiles ganados. Como a la derecha le dé por tocar el aborto, la eutanasia o el matrimonio homosexual, o si pretende librar guerras destructivas contra la cultura, se producirá un retroceso inaceptable y la derecha se ahorcará sola. Reabrir batallas morales caducadas solo serviría para el regreso de la derecha casposa. La gente vota con la cartera abierta y contando los billetes de 50 euros. Y es bueno que así lo haga. Solo si tienes dinero te puedes comprar un libro, una entrada para el teatro o pagarte un viaje a Roma. La sociología electoral en España es muy clara y los gobiernos no se cambian para imponer dogmas morales, sino para lograr una efectiva economía poderosa, para que funcionen los servicios (la sanidad, los trenes, la educación) y para que la gente alcance la misma prosperidad de la que gozan los políticos.