Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo
- Somos uno de los países europeos en donde más crecen el PIB y el empleo, dos datos que siempre se airean porque siempre son importantes
Hasta ahora, y con exultante eficacia, el Partido Socialista ha logrado difuminar sus fracasos (piensen en la invasión de Ceuta, o en el problema de la vivienda); ocultar sus incomprensibles cambios de criterio (recuerden los indultos, los pactos con Bildu y con Podemos, la amnistía y las leyes redactadas no ‘para’ sino ‘por’ los propios delincuentes); los delitos con sentencia (acuérdense de Ábalos, Koldo, el Fiscal General, o el hermano de Sánchez) y los fracasos cosechados en su gestión (la lista es larga: los accidentes ferroviarios, el dinero europeo perdido por la desidia administrativa y destinados a arreglar carreteras y reparar ferrocarriles, con investigación de la UE por fraude incluida, unos presupuestos siempre postergados para tiempos mejores, etc.)-.
Todo ello más el chusco ‘suceso’ de las joyas de Zapatero, todo lo ha tratado de ocultar tras los datos económicos que cosecha el país. A nivel macro, son ciertamente espectaculares. Somos uno de los países europeos en donde más crecen el PIB y el empleo, dos datos que siempre se airean porque siempre son importantes, como haría cualquier otro gobierno en su situación. Resalto lo del nivel macro, porque el tratamiento micro es menos benevolente. El salario neto per cápita, que es lo que llega al bolsillo de los ciudadanos, lleva años estancado en términos reales, por cierto, como lo está la productividad de las empresas, esa cosa tan tediosa.
Por eso el presidente Sánchez imagina a la economía española como un cohete dirigido al espacio y no son pocos los analistas internacionales (no solo la ‘sincronizada’ en España) quienes hablan sin recato del milagro español. ¿Es la economía española un milagro? Ya sabe que hay quien piensa que los milagros no existen y quienes pensamos que ‘todo’ es un milagro, porque explíqueme sino qué hace aquí la especie llamada humana y como ha llegado a colonizar el espacio con unos cohetes pilotados por expertos como Sánchez.
Los datos del empleo del mes de octubre, de 22,6 millones de afiliados, confirman la tendencia. La incorporación masiva de profesores, una vez terminadas las vacaciones, ha sumado el 90% de los 186.612 cotizantes nuevos, que es una barbaridad. El dato del paro, 43.238 parados más, no ha sido tan bueno, pero eso depende de la relación entre los que encuentran trabajo y los que lo buscan y no lo encuentran. Y eso es algo que da sorpresas y, en ocasiones como esta, disgustos. No se olvide de que la regularización de inmigrantes aporta ya medio millón de trabajadores incorporados tras las regularizaciones extraordinarias, lo que es bueno, pero añade volatilidad en las cifras que presentan síntomas de agotamiento.
Se generan nuevos puestos de trabajo, pero no al ritmo al que se incorporan los inmigrantes que buscan empleo. Pero hay más cosas. El pluriempleo -la confirmación evidente de que con un solo trabajo no alcanza para llegar a fin de mes- ha crecido de media un 11%, cuatro veces mas que la ocupación, lo que supone un nuevo récord histórico, mientras que, a pesar de la celebrada reforma laboral de la señora Díaz, la duración media de los contratos cae hasta los 45 días y los fijos discontinuos, que en realidad son parados y por eso cobran el paro, se disparan un 78%. Porque, ¿cómo explicar el hecho de que si el paro ha caído un 26% desde junio de 2018, cuando Sanchez llegó a la Moncloa, el gasto en prestaciones sociales haya aumentado un 46%? Misterios de las estadísticas.
Y, aquí, después llega el truco final: el gran empleador, el gran generador de empleo, es el sector público, que crea en el último año cuatro veces más puestos de trabajo que en el periodo comprendido entre el 2021 y el 2025. En números suponen 204.100 ocupados netos los incorporados por las administraciones públicas en todas sus esferas y que aportan ya el 44% de los nuevos puestos de trabajo en el conjunto del país.
¿Esto es un cohete? ¿Sí? ¿Y hacia donde se dirige? Pues hacia donde usted diga. Pero para mí que ratea un poco. ¿No oye el ruido que hace?