Isaac Blasco-Vozpópuli
- La derecha suma el 55 por ciento del voto y la catástrofe de Montero empieza a activar una reacción interna en el PSOE
Andalucía, durante décadas el feudo más emblemático del PSOE, continúa siendo territorio abonado al proyecto de centralidad de Juanma Moreno, vencedor de las elecciones que en cualquier caso necesitará a Vox para gobernar. Con la obtención de 53 escaños y un porcentaje de voto del 41,5%, el candidato del PP ha renovado el triunfo pero se ha quedado a dos diputados de la mayoría absoluta. De nada ha servido que, con sus 1,7 millones de sufragios, haya superado en número de votos al conjunto de la izquierda.
La preferencia electoral por la derecha relega así a la izquierda andaluza a un espacio residual en la región más poblada de España al tiempo que refuerza el crédito de la gestión como aval político frente a opciones más polarizadas. La debacle absoluta del PSOE, que rompe su suelo histórico al pasar de 30 a 28 diputados, emite además un mensaje plebiscitario con Pedro Sánchez como principal destinatario.
Por encima de la confirmación de la catástrofe socialista con María Jesús Montero al frente, la foto electoral dejada por este 17-M ratifica la existencia de una mayoría social que otorga su respaldo al bloque de la derecha, una tendencia que ha caracterizado el conjunto del ciclo abierto el pasado 21 de diciembre en Extremadura con paradas posteriores en Aragón y Castilla y León. En la convocatoria andaluza, PP y Vox han concentrado por encima del 55% del apoyo electoral, en cifras similares a las registradas en las citas autonómicas precedentes.
De la victoria de Moreno se deduce también una movilización del voto útil en favor del PP inédita desde 2018: el aumento de la participación respecto a 2022 ya no penaliza a los populares.
Carácter de ‘primera vuelta’
La expectativa se situaba desde hace semanas no en si el candidato popular lograría imponerse en las urnas, sino si obtendría una mayoría suficiente para abrir, por segunda vez consecutiva desde que preside la Junta, un nuevo mandato sin el condicionante de Vox. Frustrado el objetivo, una de las consecuencias inmediatas de este hecho es que obliga a Núñez Feijóo a seguir negociando su hoja de ruta a La Moncloa con la dependencia de un elemento ajeno a su propio proyecto: el partido de Santiago Abascal.
El relato socialista, construido desde el entorno de Sánchez para desvirtuar la victoria del candidato del PP mediante una forzada disociación entre el voto andaluz y el nacional, queda desmontado de plano por el importante respaldo a Juanma Moreno que, pese a quedar a dos diputados de la divisoria de la mayoría absoluta, confiere a las elecciones andaluzas un marcado carácter de ‘primera vuelta’ de las próximas generales.
Una sucesión de fracasos
El hundimiento del PSOE en su otrora bastión andaluz, imprescindible para ganar una convocatoria nacional, convierte la sucesión de derrotas socialistas en un problema de estructura que en el caso de la federación andaluza promete enfilar algo muy parecido a un proceso de refundación, muy capaz de hacerse extensivo al sanchismo en su totalidad cuando comienzan a cundir voces críticas en la línea de activar una reacción interna.
Con los números obtenidos por el PSOE-A, María Jesús Montero (apenas el 23% de los votos) empeora los resultados de Juan Espadas en 2022 para integrar, ya por derecho propio, el ramillete de candidatos sacrificados por Sánchez en la misión imposible de representar al partido en un ciclo electoral en el que este no ha hecho más que encadenar fracasos.
El triunfo de Moreno en Andalucía confirma por tanto la vocación de permanencia de un proyecto autonómico cimentado en un programa y un estilo marcados por la moderación, y en consecuencia con una base electoral susceptible de seguir ensanchando al uno y otro lado del arco político.
Desmontaje del sanchismo por fases
Aun sin la absoluta, la victoria popular apuntala la estrategia de Génova cuyo objetivo es el desmontaje por fases el sanchismo. Pero los propios pactos con Vox en Extremadura, Aragón y, próximamente, en Castilla y León forman también parte de esta planificación con la que el PP busca “desactivar” a su rival a la derecha mediante la búsqueda de su desgaste institucional, en la teoría de que es una formación que digiere con dificultad las labores de gobierno. A la luz de los resultados de este 17-M, este segundo objetivo parece estar más verde.
La hegemonía revalidada por Moreno en Andalucía permite solo a medias a Feijóo ratificarse en su propuesta de abrir su proyecto nacional a los desencantados de la izquierda y a quienes, desde posiciones a la derecha, buscan el pragmatismo político más allá de la pancarta.
Adelante Andalucía ‘sorpasa’ a Maíllo
Vox, con una moderada mejora plasmada en la obtención de su escaño número 15, ha sido perjudicado no tanto por las reservas de los electores a algunas de sus propuestas, sino sobre todo por el trasvase de papeletas desde esta formación al PP, movido por la voluntad de los ciudadanos de anteponer el voto útil en su decisión.
Al margen de las convulsiones en las filas socialistas, el resto de la izquierda registra el espectacular ‘sorpaso’ de Adelante Andalucía a Por Andalucía, con una mejora exponencial (seis nuevos escaños sobre los dos que tenía) que ha podido perjudicar al PP en la disputa de los restos. La formación de matiz andalucista impulsada por Teresa Rodríguez firma un excelente resultado con la conquista de esos ocho diputados que contrasta con el discreto papel de la marca Por Andalucía de Antonio Maíllo que, integrada por IU, Sumar y Podemos, parece haber sido percibida por los andaluces como un artificio electoral de última hora. En consecuencia, se limita a repetir los cinco escaños obtenidos en 2022.