Asesinos arrepentidos

JOSÉ MARÍA CALLEJA, EL CORREO – 29/07/14

· Hoy se cumplen catorce años del asesinato de Juan Mari Jáuregui, militante del clandestino PCE en los tiempos de la lucha contra la dictadura franquista, gobernador civil de Guipúzcoa con el Gobierno socialista de Felipe González y que soñó que le asesinaban la víspera de que ETA le tiroteara en el bar del frontón de Tolosa (Guipúzcoa), en la mañana de un tórrido sábado de julio de 2000.

Jáuregui fue una persona que toda su vida luchó por la libertad, como tantas otras víctimas de ETA, como su viuda, Maixabel Laxa, directora durante un tiempo de la Oficina del Gobierno vasco para las víctimas del terrorismo.

Once años después del asesinato de su marido, Maixabel se reunió con uno de los tres asesinos de Juan Mari Jáuregui. Fue un encuentro restaurativo, como los que han tenido otros asesinos con los familiares directos de sus víctimas. Un tipo de encuentros que resultan reparadores para los asesinos que un día mataron y que hoy se arrepienten, que sienten vergüenza y piden perdón por haber matado, y unas víctimas que aceptan sentarse a hablar, mirar a los ojos a aquellos que asesinaron al ser que más querían y que partieron sus vidas para siempre.

Estos encuentros han podido tener un efecto balsámico para los que un día asesinaron, y sin duda han provocado un volcán de emociones cruzadas en las viudas, los hijos, las hermanas de los asesinados. Hay en estos encuentros entre asesinos y víctimas una componente que a los que los realizan compete, pero que no puede anular en ningún caso el carácter de asesinos de quienes formaron parte de una organización que puso en marcha –a base de asesinatos, odio y miedo–, un proyecto totalitario para hacerse con el país y que felizmente ha sido derrotado.

Bienvenido sea su arrepentimiento, su petición de perdón, su reconocimiento del daño causado, pero esa nueva actitud no clausura la evidencia de que aquí ha habido un proyecto totalitario que exigía para su éxito el asesinato de sus oponentes. Han fracasado, pero si hubieran podido estarían aún asesinando.

Hay víctimas que han rechazado frontalmente esos encuentros e incluso hay quien ha asistido a ellos sin creer en su posible efecto terapéutico movido por un impulso humano de querer saber.

José Luís Urrusolo Sistiaga, conspicuo miembro de ETA cuando la banda asesinaba a razón de 90 crímenes/víctimas al año, forma parte ahora de ese grupo de exterroristas comprometidos con el «final irreversible» de la violencia y que fueron expulsados de la banda por abrir una vía que ahora han seguido otros presos sin la más leve autocrítica. A este dirigente de ETA, después de una entrevista en una radio, le han quitado los permisos penitenciarios. No es esa buena vía para estimular el arrepentimiento.

JOSÉ MARÍA CALLEJA, EL CORREO – 29/07/14