Cristian Campos -El Español

Durante las últimas 48 horas se han dicho en España tres cosas importantes y las tres las ha dicho una mujer de derechas. La primera ha sido que a Madrid se viene a que te dejen en paz. Esta la ha dicho Isabel Díaz Ayuso y merece convertirse en el lema de la ciudad porque es rigurosamente cierto. Se lo dice un catalán.

La segunda cosa importante, también de Isabel Díaz Ayuso, ha sido su respuesta a los ataques de Rita Maestre, de profesión feminista de capilla y velo. “He demostrado que se puede llegar lejos sin ser la mujer de”. Esta merece convertirse en el lema del Ministerio de Igualdad. No ahora, como es obvio, sino dentro de cuatro años, cuando no moleste ya a ninguno de sus funcionarios.

La tercera cosa importante ha sido que Madrid estará encantada de acoger el Mobile World Congress (MWC) si Ada Colau no lo quiere. Esto también lo ha dicho Isabel Díaz Ayuso y merece convertirse, si no en el lema, sí en la guía de las políticas municipales de Málaga, Valencia, Zaragoza y Palma. Cuatro ciudades que estarán desaprovechando su mejor oportunidad de crecimiento en cuarenta años de democracia si no aprovechan la obvia decadencia cultural, económica y turística de Barcelona.

Si les preocupa el aspecto moral del asunto, no sufran demasiado por él. Ningún meteorito inesperado ha caído sobre Barcelona. Si hay una metrópolis sobre la faz de la Tierra que ha remado con entusiasmo y entre hurras hacia la cascada de su propia autodestrucción, esa es mi ciudad natal.

Mientras Ayuso le trazaba ella sola a la derecha el programa político para la España de los próximos cincuenta años —libertad, meritocracia e iniciativa económica– y las mujeres de la izquierda se dedicaban como es su costumbre a la caza de gamusinos con frases como “Alba es una tía muy comprometida”, “no estoy lo suficientemente racializada para este cargo”, “hay que penetrar analmente a los hombres” o “el 5G provoca cáncer”, la España sensata matizaba las palabras de la presidenta de Comunidad de Madrid.

“Esta confrontación es inútil y absurda. Lo que necesitamos es más solidaridad y más cooperación entre Barcelona y Madrid, que son dos activos increíbles para España”, decía Manuel Valls, casi presidencial.

Pero ¿es este el mismo Manuel Valls que en mayo de 2019 proponía crear una Oficina del Brexit en Barcelona, a imagen y semejanza de la que en Madrid dirigía Daniel Lacalle, para captar las inversiones y empresas que abandonaran el Reino Unido a raíz de la salida del país de la UE? La oficina dirigida por Lacalle había logrado atraer por aquel entonces a treinta firmas e inversiones por valor de 4.500 millones de euros. Entre ellas CityBank, Uber y American Express.

Ese modelo, el que Valls envidiaba y que proponía replicar en Barcelona en 2019, es el mismo que ahora ha llevado a Ayuso a ofrecer Madrid como sede del MWC si sus responsables deciden abandonar Barcelona.

Una decisión, la de la salida del MWC de Barcelona, que, para qué engañarnos a estas alturas de la catástrofe catalana, sería tan bien recibida por Ada Colau como por los partidos nacionalistas catalanes, tan autárquicos como ese primer franquismo del que son herederos ideológicos.

La salida del MWC también sería muy bien recibida por una amplia mayoría de los ciudadanos barceloneses a los que no ha hecho falta que su alcaldesa convenciera de que los más de 400 millones de euros que el congreso deja cada año en la ciudad sólo benefician a Airbnb, a los taxistas y a las putas porque ya lo creen ellos por sí solos.

Por supuesto, Barcelona no es Londres. ¡Qué más querría ella, que jamás ha tenido con el resto de los españoles, y especialmente con los madrileños, los miramientos que el resto de los españoles, y especialmente los madrileños, han tenido con ella!

Por supuesto, en un mundo ideal las administraciones españolas deberían mostrarse un respeto mutuo que no opera en el caso del sector financiero londinense. Pero aquí no estamos hablando de lo mejor sino de lo bueno. ¿O no han sido las propias autoridades catalanas las que han demostrado una deslealtad inaudita no ya con el resto de administraciones españolas, sino con la democracia y el Estado de derecho, dando un golpe contra el orden constitucional que pretendía convertir en extranjeros en su tierra a la mitad de los catalanes?

¿Acaso Cataluña no ha disfrutado durante décadas de más inversiones, mejores infraestructuras, incontables ventajas financieras y mayores concesiones políticas por parte del Estado español que cualquier otra comunidad española, con la excepción del País Vasco?

¿No es Ada Colau la misma alcaldesa de Barcelona que se ha puesto de perfil frente al procés cuando no ha participado con entusiasmo del proyecto político más xenófobo, insolidario y antidemocrático de todos los ejecutados en Europa durante la última década? ¿Acaso no es Ada Colau la mayor responsable de la decadencia acelerada de su propia ciudad?

Me pregunto hasta cuándo hay que ser leal con los desleales o cuándo esa lealtad deja de serlo para pasar a ser estupidez. ¿Mi opinión? Esa línea la dejamos atrás hace mucho tiempo. Concretamente, en 1978. Fue ahí, en ese preciso instante, cuando decidimos no pisar el huevo de la serpiente con la esperanza de que esta no fuera venenosa. Tan venenosa ha resultado ser que ahora andamos pidiéndole a Madrid que salve a Barcelona de su propia estulticia.

Algo que, por otro lado, no está en la mano de Madrid. Si los responsables del MWC no se han ido todavía de Barcelona no es por falta de ganas sino por las dificultades financieras y logísticas que implica una mudanza como esta.

La Barcelona de hoy no es la Barcelona libre de los años setenta, esa ciudad que lo tenía todo porque lo merecía todo. La Madrid libre de 2020 es la nueva Barcelona de 1970. Quizá la Málaga libre de 2070 sea la nueva Madrid de 2020. Lo que es seguro es que no lo será la Barcelona de 2070. Barcelona es hoy, y lo será durante mucho tiempo, una ciudad rencorosa, malhumorada y enloquecida, un caballo de Troya contra la democracia cuyo único deseo es morir matando.

Pedirle a Ayuso que sea leal con una suicida que amenaza con tirarse del balcón con el niño del MWC en los brazos no es inteligente. Es absurdo y garantiza la muerte de la madre, inevitable a día de hoy, y también la del niño. Así que salvemos al niño y que la madre haga lo que le dé la gana que para eso su cuerpo es suyo.

¿Quieren que les haga un spoiler de lo que ocurrirá en unos años? El MWC se irá de Barcelona, pero no a Madrid, salvo sorpresa, sino a Lisboa, con la que ya está el pacto muy avanzado. ¿Y saben lo que ocurrirá entonces? Que los barceloneses y las autoridades catalanas se alegrarán por partida doble. Primero, por haberse desembarazado del MWC. Y segundo, porque el MWC no haya recalado en Madrid.

Tengan por seguro que su segunda alegría será muy superior a la primera.