Bla, bla, bla

ABC 05/11/15
LUIS VENTOSO

· Por ahora, la única realidad es que llevan una semana diciendo que se independizan y nadie los ha parado

YA hemos visto en el sofá blanco de Rajoy escenas de todos los tipos y tamaños. Sánchez defendiendo en la foto la unidad de España… para nada más salir retornar raudo a dañarla con la entelequia federalista y su lesiva equidistancia entre Rajoy y Mas. Revilla cantando «La Traviata» con su acreditada discreción y sus anchoas (cuya suculencia no sé si aliviará el peaje de atenderlo). Iglesias con el ego pasado de revoluciones y ejerciendo la más diletante felonía en una hora muy seria para su país, al igual que su compadre de IU. Rivera solemnizando lo obvio –esos pactos tan floridos que propone no son más que cumplir la Constitución–, pero al menos dispuesto a defender a su país y sus leyes con ganas y sin complejos. Merced a ese posicionamiento razonable y básico, Albert nada en la bonanza demoscópica mientras el voluble Pedro empeora el costalazo de Rubalcaba.

Además de lo del sofá, también hemos escuchado reiteradamente a Rajoy, con rostro enlutado, advirtiendo que no se saldrán con la suya y se hará valer la ley. Hemos leído tribunas de los más altos pensadores destripando el «desafío». Han opinado políticos de toda condición y pelaje. Han venido a echarnos un capote Merkel, Juncker y hasta el pobre Ban Ki-moon, aunque no sabía bien de qué iba la pesca. Ayer vimos a los líderes catalanes de PP, PSC y C’s presentando un recurso ante el TC, basado sobre todo en cuestiones de procedimiento, para que se evite la declaración de la república de Cataluña y su rebelión contra las leyes de la democracia española, anunciada por los sediciosos para el próximo lunes en el Parlamento autonómico.

Pero el resultado de este inmenso bla, bla, bla es por ahora muy sencillo: el martes pasado unos diputados de un Parlamento regional proclamaron que quieren romper nuestro país y no les ha pasado nada. A estas horas, la única realidad es que siguen adelante con lo suyo. Tal impunidad nos genera una enorme sensación de frustración e indefensión a millones de españoles, también a muchos catalanes, que vemos cómo nuestro Estado democrático es incapaz de salvaguardar con solvencia y claridad lo más elemental: su propia existencia y el cumplimiento de la ley. En un país donde se abusa de la prisión preventiva por cualquier delito de cuello blanco (muchas veces luego con absoluciones), los autores del mayor desafío a nuestra legalidad, los responsables de un auténtico golpe de Estado, campan tan anchos mientras los españoles aguardamos expectantes a ver si el TC tiene a bien aplicarse un poquillo, si frena antes del lunes la proclamación de la independencia por parte de unos insurgentes que ni siquiera cuentan con el voto mayoritario de sus vecinos.

«Las palabras que no van seguidas por los hechos no sirven para nada», rezongaba el viejo Demóstenes tres siglos antes de Cristo. Hace ya al menos dos años que el presidente del Gobierno debió haber pasado de las palabras a los hechos. Cuando alguien viene de frente a romper España, a pisotear sus leyes democráticas y vulnerar las libertades de los catalanes, toca defenderse, actuar. Churchill y no Chamberlain.