José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Todas su estrategias naufragan. Maricarmen, nietos, migrantes en Ceuta, maleantes en la Puerta del Sol. Sánchez conserva a Puente como su último fusible
El primero en caer (al margen Ábalos y sus maitresses), fue el fiscal general del Estado, un bobalicón que se incineró a los pies de su amo en una desquiciada campaña contra Ayuso. A don Alvarone le sustituyó Teresa Peramato, miss cianuro, otra que tal baila. Desde entonces, el rosario de los caídos por la causa del gran narciso del progreso no ha cesado de engordar. Los mil asesores de la Moncloa, comandados por Diego Rubio, hilvanan absurdas estrategias que, inevitablemente, se estrellan contra el muro de la realidad, que no es la de Sánchez. Y en cada fracaso del relato hay un personajillo arrojado por la borda.
Este destartalado estrambote del sanchismo deambula por un sendero agónico al ritmo de tropezones y guantazos. La baraka murió y dejó paso al calvario. El plan Maricarmen resultó trucho, tan impostado, tan manoseado, tan falso. Apenas dejó un reguerillo de lagrimitas de ancianas teleadictas y una repugnante acampada en la Puerta del Sol que culminó con una denuncia por abuso sexual y el cese/dimisión del delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, conocido como Paquirrín en lo de FJL, atentos al libro. Este segundo sacrificado fue en su día el cajero del Bancal de rosas, más bien fangal, que financió las primarias del chulángano con los dineros de las saunas sabinianas. Otro sacrificado que todo lo sabe.
En la operación Vivienda para todos también sucumbió Montse Mínguez, ricitos de oro, portavoza de Ferraz, que era pareja de un apuesto buitre tenedor, magníficamente dotado con un negocio de treinta alquileres y algún desahucio a sus espaldas. Qué singular ruina. Ambos, Paquirrín y Montse, se emplearon a fondo en la persecución de Ayuso con este resultado lastimoso. Van cayendo. Uno a uno. Tic, tac.
Albares y Marlaska, encogiditos
Otras iniciativas del Ala Oeste monclovita han derivado también en enormes fracasos con réplicas en las respectivas closcas de sus responsables. Así, Bolaños se ha comido con patatas su empeño en alterar el censo con la trampa de la ‘ley de nietos’, un intento de pucherazo al parece frustrado luego de la amenaza del Supremo de llevárselo por delante. A él y al diminuto Albares. El triministro, que aspiraba incluso al delfinazgo, se ha evaporado de la primera línea, ha balbuceado apenas en algún raquítico sarao y ha perdido la relevancia quincenal que le propinaba afectuosamente Cayetana en las sesiones de descontrol. El ministro de Exteriores, remitido a Cádiz en las listas electorales, se hizo finalmente con eu anhelado sitial como vice-embajador de Marruecos en Madrid, a las órdenes de la jefa de la legación de Mohamed, la muy popular y eternamente agasajada Karima Benyahid.
Escondido en el cajón, como si fuera una vergonzante reliquia o un inconfesable secreto, pulula Grande Marlaska, fagocitado por los diez mil hijos del sultán del sur que siguen aposentados en Ceuta y sin ánimo de moverse. El titular de Interior ha permanecido oculto durante todas las jornadas de la barbarie ultra, ni una aparición, ni una palabra, ni siquiera un canutazo de soslayo para transmitir tranquilidad ante los saqueos y las marabuntas. ¿Podrá este cobardón, donde el mal es más mal que en parte alguna, regresar a la judicatura tras el desastre electoral?
Caído en desagracia nacional, pero resistente al renuncio porque Sánchez lo necesita como pararrayos del crimen de Urda, aparece Óscar Puente, con su rostro simiesco del color del estiércol de ganso, más de cien muertos ya en sus vías, consciente y sabedor del deplorable estado de las infraestructuras, que por eso realizó una auditoría a la herencia de Ábalos nada más llegar al Ministerio, optó por evitarle líos al number One, enfrascarse en el bombardeo tuitero contra todo quisque y alejarse de los quebrantos de Renfe donde situó a su fiel servidor y colega de aventuras pucelanas, un tal Fernández Heredia, con nombre de cantaor y usos de corsario, al decir de su entorno profesional.
Señalar culpables
Puente no caerá, deslizan los voceros del Gobierno. No se va, aseguró este viernes, y avanzó que cerrará la línea Madrid-Barcelona durante dos años, más que nada por dar que hablar de algo que no sean los muertos. Sánchez lo necesita en la campaña para que que ejerza del payaso de las bofetadas. Un clown diabólico y letal, que todavía la semana pasada se burlaba de las víctimas de Adamuz en una potriñez televisiva a cargo de uno de los bufones de la corte. Todavía con cincuenta víctimas desparecidas, con 69 cadáveres en la morgue de Toledo, con cientos de familiares de las víctimas desgarradas por el dolor, con los operarios de la red en shock, con la investigación de Adif sin apenas arrancar, con la consciencia de que la Alta Velocidad circula por la línea andaluza con un sistema de seguridad caduco, aún así, se permitió repartir responsabilidades y señalar culpables. Los operarios de ls sala de control de Atocha son culpables, sentenció y se quedó tan pancho.
Puente, calcinado, achicharrado, va a asumir es esta recta final a las urnas el papel del personaje más detestado, el más odiado, sin duda el más miserable. Es el penúltimo caído de la colla inepta y servil que asola este país desde hace ocho años. Una manga de personajes sin escrúpulos enfrascados en un solo empeño, el de mantenerse en el poder. Unos para saquear los fondos, otros para enseñorearse de su cargo, los más, porque no tienen donde ir, una manga de gandules y farsantes. Sabido es quién será el próximo pasajero hacia el abismo. Tan sólo falta un mes.