Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • Su decisión malbarata la presidencia española de la Unión Europea, que queda definitivamente deslucida, ajada y maltrecha

Tras el batacazo del domingo, ayer fue un mal día para el presidente. Por un lado tuvo que esforzarse mucho para minorar el desastre y detener la sangría de desmoralización de su militancia para salvar lo que pudiera de su incómoda posición. Por otro, tuvo que justificar de alguna manera la drástica medida de dar carpetazo a esta alborotada legislatura, disolver el Congreso y convocar elecciones anticipadas. Con el agravante de que su decisión malbarata la presidencia española de la Unión Europea, que queda definitivamente deslucida, ajada y maltrecha. Se iniciará con un Gobierno provisional y derrotado en casa, cuando ya tenía la trompetería preparada, las guirnaldas colocadas y los desfiles preparados para adornar tan especial momento. ¿Se imagina que pasará en julio si vuelve a perder las elecciones, una eventualidad que nadie, salvo él, descarta? Sin duda habrá medido bien su conveniencia personal, pero ¿ha considerado la conveniencia de España? La presidencia de la Unión Europea es un acontecimiento que sucede una vez por década larga. Todos los países tratan de aprovechar el momento para mejorar la imagen del país y dejar su impronta en el proyecto europeo. No es algo que se deba tirar por la borda de las necesidades de una sola persona y de los intereses electorales de un solo partido. Pues lo va a hacer y si no gana el desbarajuste alcanzará proporciones cósmicas. «¿Y a usted que mas le da?», que diría el lehendakari López.

Todo el mundo da por seguro que el candidato del PSOE será él, pero ayer, en las escaleras de la Moncloa, dijo que hoy hay muchos alcaldes y presidentes de comunidades, magníficos y con grandes expedientes de gestión, que han perdido su puesto. Si ellos lo han hecho tan bien, ¿Quién lo ha hecho tan mal?

Su cálculo es que la necesidad del PP de pactar con Vox en algunas comunidades y ciudades espante a los electores ajenos y, sobre todo, movilice a los propios. ¿Está seguro que eso funciona? Sánchez ha validado a Vox. ¿Cómo se puede utilizar como espantajo al partido de Abascal y a la vez presentarse rodeado de asaltantes a la Constitución, compañeros de asesinos y comunistas irredentos? ¿Está seguro que al sur del Ebro, Abascal asusta más que Otegi? Al norte ya vemos que muchos, pero ¿cuántos ciudadanos que votarán en julio prefieren a los secuestradores de Ortega Lara, a quien pensaban dejarle morir de hambre en el zulo donde le tuvieron encerrado 532 días, que al funcionario de prisiones? ¿Qué van a votar quienes el domingo votaron a Page, a Lamban, a Vara y a Puig ‘a pesar’ de Sánchez?

Convocar elecciones ahora es un cálculo egoísta y tramposo. Malo para el país y, quizás, malo también para él.