IGNACIO CAMACHO-ABC

  • Los precedentes no son halagüeños pero tampoco parece muy difícil superar los ocho tristes concejales de Pepu

Consejo de Ministros. Un martes cualquiera. Sánchez, antes de empezar: «Ah, una cosa. Cuando acabemos con el orden del día tengo que decir algo sobre la Alcaldía de Madrid».

Y todos mirándose unos a otros y al techo, o revisando con mucho afán los papeles para esquivar el cruce visual directo con el presidente. Calviño, Bolaños, Marlaska, Robles… Un par de horas interminables. Hasta que el César, cerrando unas carpetas, posa sus ojos en Reyes Maroto.

—Oye, Reyes, ¿tú eres madrileña, verdad?

—Estooooo… sí, digo, no. En realidad soy vallisoletana. De Medina del Campo en concreto.

—Bueno, los madrileños nacemos donde nos da la gana. (Carcajada hueca). Pero vives aquí desde hace mucho, ¿no?

—Ssssss…Sí. En Alcorcón, presi.

—Ok. Pásate luego por mi despacho a charlar un rato. (Con una sonrisa malévola). ¿Por qué suspiráis los demás?

Escena de ficción… ‘ma non troppo’. No muy diferente de la realidad de la política. Del poder. El jefe te pone y te quita. Lo mismo te hace ministra que te manda al desolladero y encima te vende el relevo como un premio al trabajo bien hecho. En el caso de Maroto por segunda vez, porque el año pasado la anunció como vicepresidenta ‘in pectore’ de Gabilondo. Sólo que entonces no tenía que dejar el Gobierno para ir en la lista, y su campaña se limitó al sainete de la ‘navajita plateá’ retratada a tamaño XXL –orden de Iván Redondo– como si fuera el cuchillo de ‘Psicosis’. Debió de ser la única socialista aliviada por el descalabro. Sobrevivió a la posterior remodelación del Gabinete agarrada a una gestión técnica, de perfil bajo. Ahora le habrán enseñado para confortarla encuestas repletas de empates técnicos y de carambolas voluntaristas. Fíjate, peor parecía tenerlo en 2018 Juanma Moreno y mira…

A ver, posibilidades siempre hay, sobre todo si Almeida, que no es Ayuso, se duerme en la rutina o en la pasividad de una inercia autocomplaciente y acomodaticia. Probabilidades también hay, pero bastantes menos. El cuento de la lechera municipal (y espesa, que diría Rubén) pasa por un resbalón del alcalde. O acaso por unos eventuales cuernos de Ciudadanos a su actual socio si Villacís y Arrimadas no aceptan la propuesta de coalición y logran arañar algunos concejales. Pero antes Maroto tiene una misión: ganarle a Más Madrid o comoquiera que vaya a llamarse la candidatura errejonista que ya adelantó al PSOE en la Comunidad y amenaza con volver a hacerlo en el Ayuntamiento. Los precedentes de Fernando Morán, Trinidad Jiménez –¡el Trinimaratón!– y Miguel Sebastián no son muy halagueños pero tampoco parece muy difícil superar los ocho tristes concejales de Pepu. Por si acaso, y a modo de consuelo por el sacrificio, Sánchez le ha prometido que hasta el último minuto posible no saldrá del Ejecutivo. Ella sabrá lo fiable que es la palabra de un hombre de tan firmes compromisos…