IGNACIO MARCO-GARDOQUI-EL CORREO

En medio de una actividad átona, a la que con el desconfinamiento progresivo le cuesta despertar, que la compraventa de viviendas haya crecido un 233,6% interanual es una muy buena noticia. El sector inmobiliario es muy diverso y soporta mal las generalidades. No es lo mismo una primera vivienda en un céntrico barrio de Madrid, Valencia o Bilbao, que una en un barrio de Cuenca o Avilés. Y tampoco funcionan igual las segundas residencias en la costa o en el interior, etc. Pero, aun con esas limitaciones, el aroma que desprende la nota informativa que ha elaborado el Colegio de Notarios huele a recuperación. Mucho más en lo que se refiere al número de las viviendas compradas que a sus precios, ya que en general éstos han bajado.

Visto así, sorprende que un aumento considerable de la demanda sea compatible con una bajada apreciable de sus precios, pero creo que la explicación la podemos encontrar en la enorme interrrelación que tiene el sector inmobiliario con el financiero. Para el común de los mortales, la compra de una vivienda supone un esfuerzo enorme, normalmente apoyado sobre un préstamo hipotecario de larga duración. Por eso, el tipo de interés se convierte en una variable fundamental del negocio. Como bien sabe vivimos una era de tipos muy bajos, podríamos decir que de dinero prácticamente regalado, que lleva ya un tiempo en vigor y que tiene toda la pinta que va a ser todavía duradera, salvo que la inflación que asoma al fondo se ponga tonta de pronto.

La bajada de los tipos de interés abarata la financiación y facilita la compra de viviendas. Por más que presione a la baja los precios de los alquileres -otra variable clave-, ya que las rentabilidades esperadas han bajado en consonancia con los tipos. Si la inversión sin riesgo no renta nada, cualquier pequeña rentabilidad anima a correr riesgos.

El asunto es importante. No solo porque la vivienda es uno de los activos centrales de una población como la nuestra muy volcada en la propiedad y poco amiga del alquiler. Pero no solo por eso. La vivienda es un sector de síntesis que arrastra a muchas otras industrias. El cemento, el azulejo, el acero, los plásticos, las pinturas, los muebles, los electrodomésticos, etc, bailan en gran parte al son que marca la construcción de viviendas. Así que la noticia de su abultada recuperación supone un chute de esperanza. Bienvenido sea. Necesitamos tantos…