Iñaki Ezkerra-El Correo

  • Lo que ha sucedido y sigue sucediendo hoy en Ceuta tiene demasiados antecedentes

La desclasificación de los documentos confidenciales del CNI informando claramente del asalto que se perpetraba a la frontera española en Ceuta ha puesto en evidencia al Gobierno por más que Sánchez, Marlaska o Bolaños echen balones fuera tratando de desacreditar a nuestro servicio de inteligencia, a la Guardia Civil o a la Policía Nacional. Sobran los informes con fotos incluidas. Sobran las pruebas de los insistentes avisos. Lo único que falta es la explicación de por qué no se actuó en consecuencia. Se habla de Pegasus en todos los mentideros, redes sociales y vídeos virales del Reino, pero a uno ni siquiera le resulta suficiente esa presunta clave porque lo que ha sucedido y sigue sucediendo hoy en Ceuta tiene demasiados antecedentes. Digamos que llueve sobre mojado.

Lo que ha pasado y pasa todavía en Ceuta es en el fondo lo mismo que sucedió con los informes que preveían graves problemas en nuestras vías ferroviarias antes de que se produjera el descarrilamiento de Adamuz en enero de este mismo año. Como es lo mismo que sucedió antes con las previsiones que también había sobre la posibilidad de un gran apagón eléctrico en abril de 2025. Como es exactamente lo mismo que había ocurrido antes con los avisos que también hubo sobre la dana de Valencia a finales de octubre de 2024. Y es, de manera escalofriantemente calcada, lo mismo que pasó, antes de toda esa lista de tragedias nacionales, con la pandemia de covid que ya se cernía sobre nuestro país en las vísperas de la fatídica manifestación del 8-M de 2020, a la que Carmen Calvo llamó a asistir bajo el memorable lema de ‘¡Nos va en ello la vida!’.

Sí. En realidad Ceuta es el broche glorioso a una larga sucesión de catástrofes de la más diversa índole frente a las que Sánchez y sus socios de Gobierno han venido actuando con idéntico comportamiento. Primero ignorando todos los avisos. Después respondiendo con pasividad, o sea, no respondiendo. Y, finalmente, mintiendo, esto es, echando la culpa a quienes tenían más a mano, incluso a quienes actuaron con profesionalidad proporcionándoles los debidos avisos.

Uno le da vueltas al carácter inquietantemente sistemático que ha caracterizado a esa manera de actuar del sanchismo frente a las tragedias y cree haber encontrado la clave. Está en el reciente Informe PISA, que nos ofrece los peores resultados de la historia en lo que se refiere al alumnado español y a su ‘comprensión lectora’. Yo creo que en ese documento reside la explicación y que el mal que denuncia no solo afecta a los jóvenes. ¿Y si lo que sucede es que Sánchez, sus ministros y subalternos leen esos informes pero no entienden lo que leen? Esa pregunta nos lleva a otra más espinosa: ¿Entiende el electorado español lo que lee sobre Sánchez?