Ignacio Marco-Gardoqui-El Correo

  • Le aconsejo a Feijóo que no caiga en la tentación de hacer promesas electorales que no pueda cumplir antes de conocer el verdadero estado de las cuentas públicas

No tengo que esforzarme para comprenderle, porque a mí me pasa lo mismo. Como el señor Núñez Feijóo, tengo un claro exceso de ansiedad. Solo que, para su alivio y mi fortuna, yo no soy el presidente del principal partido de la oposición y no tengo que soportar cosas como las insultantes risas y los despreciativos aplausos de los socialistas cuando pierden elecciones en el Congreso. Ni tengo que aguantar que tengan el doble de personas imputadas -en el entorno del partido e incluidos cargos nombrados, y por tanto dependientes, del señor Sánchez- que diputados. Ni siquiera tengo que soportar los alardes de contorsión para defender por las mañanas la inocencia del señor Zapatero y ordenar por la tardes a la Abogacía del Estado que se persone en nombre de la Agencia Tributaria -cuyas autoridades, por cierto, huyen de estampida- en calidad de perjudicado en la investigación que le acosa por delito fiscal y contrabando, entre otras lindezas.

Ya puestos, ni siquiera tengo que sufrir la imputación de la directora de la Guardia Civil y del DAO que no solo mintieron en sus ‘cafés’ tomados con la señora Leire, sino que, supuestamente, obstruyeron las investigaciones iniciadas por la propia Guardia Civil. Termino: ni tengo que sobrellevar los interminables amaños de la SEPI en donde, supuestamente también, se cometieron tantas tropelías que es necesario investigar las actuaciones de decenas de cargos y cientos de millones de euros implicados. Más que en los ERE de Andalucía. ¿Podrá también levantar ese peso el Constitucional? Sería un nuevo récord mundial de halterofilia…

Pues a pesar de todo ello, le aconsejo al señor Núñez Feijóo que no caiga en el error habitual. Ya sabemos todos, y él el primero, que se acercan tiempos de elecciones, aquellos en los que los partidos, todos, despliegan sus mejores encantos frente a los electores en forma de todo tipo de generosas subvenciones, ayudas y ventajas, destinados para captar su atención, primero y, después, su voto. Pero debería soportar también la tentación de imitar el movimiento. Sánchez ya ha empezado a moverse, con la obligada mejora de las ayudas a la dependencia, y lo que vendrá después. Tirará la casa, nuestra casa quiero decir, por la ventana.

Lean cómo lo cuenta Daniel Lacalle en su reciente artículo ‘El obsceno chantaje de Sánchez’: «Sánchez no le sube la pensión, la hace más insostenible. Con él, la deuda de la Seguridad Social se ha multiplicado por cuatro hasta los 136.000 millones de euros. Sánchez no le sube el salario mínimo, dispara las bases mínimas de cotización, convirtiendo una medida populista en un atraco impositivo a los trabajadores. Sánchez no mejora la vida de la gente. El español medio se ha empobrecido, los salarios reales netos caen, la factura fiscal se dispara, mientras que los servicios empeoran. Sánchez no gestiona el crecimiento, lo parasita. Ha disparado la deuda emitida hasta más de 2,2 billones, medio billón solo en su mandato, despilfarrando el mayor estímulo fiscal de la historia, con la suma de la recaudación y los fondos europeos. Sánchez nos dice que le debemos todo a él, que el Estado es él y que la economía crece gracias a él, y no a las empresas y los trabajadores y que te debes olvidar de la corrupción, porque es él, y no la deuda, quien paga la fiesta».

Núñez Feijóo, mientras, impulsa en el Congreso una rebaja fiscal ‘anti IPC’ de 3.500 millones y la prórroga de los descuentos en los carburantes y la luz. Debería extremar la prudencia hasta que conozca, desde dentro, el verdadero estado de las cuentas públicas. Se ahorrará muchas sorpresas desagradables y evitará, quizás, incumplir sus promesas nada más llegar, como hizo el señor Rajoy en su día. Por cierto, me gustó y viene a cuento, su frase del otro día, pensada para la selección de España en su partido ante Austria: «Solo la paciencia derrota la ansiedad».