Hay días, como ayer, en que el PP da un poco de pena. Después de que Teodoro el Grande hubiese dicho y redicho que la negociación era estrictamente entre el PSOE y el PP y que Podemos estaba fuera de la misma, ha resultado que no y Pablo Iglesias puso fin a la misma por la negativa de los teodoricos a colocar a José Ricardo de Prada como vocal del CGPJ.

El Consejo afeó al aspirante su sentencia del Caso Gürtel por el par de parrafitos golfos en los que declaró probado un hecho que no era tal, la financiación ilegal del PP, y se negó a darle el amparo que solicitaba. Uno comprende que el doctor Fraude haya cogido cariño a De Prada. Su sentencia ful fue la plataforma que le sirvió para su moción de censura y lo aupó a Moncloa, pero pretender que lo diese por bueno el PP era un dislate. Por la misma razón habría podido proponer a Rosa María Mateo como presidenta (no provisional) del Consejo del ente. O a Miguel Angel Sacaluga, aquel brazo ejecutor que María Antonia Iglesias envió a la cárcel a hacer una entrevista a Julián San Cristóbal para abrir los telediarios.

El caso es que ayer, a eso de la una y media, Sánchez compareció ante los medios en el jardín de La Moncloa para descalificar a la oposición por no tragar con José Ricardo de Prada. Los días pares dicen una cosa y los impares la contraria, dijo media docena de veces. Macarra de ceñido pantalón, ofrecía un espectáculo que tenía algo de surrealista. El inventor del ‘no es no’ reclamaba a la oposición un ‘sí, lo que tú digas’, y parece esperar de la derecha la unidad que no tiene con su socio de Gobierno. Los socialistas sustentan la idea de que apoyar al Gobierno es tarea muy principal de la oposición. Recordemos que el presidente Zapatero tenía como lehendakari a un propio, Patxi López, entre 2009 y 2011, y que en esa época negociaba la transferencia de competencias al País Vasco con el PNV, que era el partido de la oposición al Gobierno socialista en el Parlamento vasco.

A veces no se ponen de acuerdo ni con ellos mismos. La parte más sanchista del Gobierno mantuvo sin cubrir durante 500 días el cargo de presidente de la SEPI. Su anterior presidente, Vicente Fernández Guerrero, que era hombre de muchísima confianza de Petichoux Montero, tuvo que dimitir en 2019 por haber sido imputado en el caso de Aznarcóllar y el Gobierno mantuvo desierto el cargo a la espera de que él pudiera ocuparlo.

Mintió como suele, con desfachatez. Citó los tres ejes de su acción de Gobierno: la salud (100.000 muertos), el empleo (cuatro millones de parados) y la protección social (el exiguo porcentaje de peticionarios del ingreso mínimo vital que lo están percibiendo).

Decía el chulángano que los dos candidatos no aceptados por el PP,-también estaba Vicky Rosell-, tenían currículos acreditados y eran de gran  valía profesional. Desde aquí y sin otro propósito que contribuir al noble empeño del doctor Sánchez para dotar de estabilidad a la democracia española, propongo una alternativa. Comprenda que lo de José Ricardo tiene que ser duro para el PP. Después de humillados pregonarlo. Debería cambiarlo como candidato por Luis Pascual Estevill, que ya fue vocal del CGPJ en los 90 a propuesta del separatismo catalán. Es verdad que fue condenado a 9 años de prisión por cohecho extorsión, prevaricación y detenciones ilegales, pero la veteranía es un grado y ya se sabe que no se pueden hacer tortillas sin romper algunos huevos. Los huevos son siempre de los pardillos.