Rebeca Argudo-ABC

  • Como el primer candidato en ser investido presidente sin ser el ganador de las elecciones

Como el primer presidente en nuestra democracia con un familiar directo condenado por un tribunal. Por la primera vez en que lo fue también el fiscal general del Estado, por revelación de secretos. Y por el primer juicio por corrupción contra un exministro celebrado mientras quien le nombró seguía en el cargo. Por la primera vez que los dos últimos secretarios de Organización de su partido fueron encarcelados por corrupción. Primera en que un diputado en activo ingresó en prisión provisional por orden del Tribunal Supremo. Primera que se abrió juicio oral por cuatro delitos contra la esposa de un presidente del Gobierno en activo, a la que se impusieron medidas cautelares (retirada del pasaporte, prohibición de salir de España, comparecencias quincenales en sede judicial). Por ser el primer presidente del gobierno en activo que declaró ante un juez por la presunta corrupción de su cónyuge (primera vez que un magistrado debió desplazarse hasta Moncloa para interrogarle). Por la primera vez en que la directora de la Guardia Civil compareció como investigada ante un juez. Y por la primera en que dos altos responsables del cuerpo (la directora y el DAO) estuvieron imputados en la misma causa. Y sin dimitir. Por la primera vez que se imputó a un expresidente del Gobierno y a familiares directos de este (sus hijas), por su papel en una sociedad instrumental del entramado que se investigaba. Y porque fue la primera vez en democracia que la Cámara Baja aprobó una moción por la que instaba al presidente del Gobierno a plantear una cuestión de confianza. Y la primera en que la Cámara Alta reclamaba la disolución de las Cortes y exigía convocar elecciones generales. Por ser el primer presidente en activo en desoír tal mandato del legislativo y seguir gobernando, cuando la mayoría del Congreso le había exigido formalmente que lo hiciera y evidenciado que carecía de una mayoría solvente. Por ser el primer gobierno en encadenar tres años consecutivos sin presupuestos propios. Y el primero en democracia en amnistiar a los golpistas que participaron en un intento de ruptura del orden constitucional vigente. Por la primera vez que el partido en el poder se reunió en el extranjero con un prófugo de la justicia para negociar el precio de los siete votos que facilitarían la investidura de su candidato. Y por pactar, al carecer de la mayoría necesaria para formar gobierno, con una partido que no ha condenado el terrorismo y que no ha manifestado arrepentimiento por los crímenes cometidos. Por ser el primer presidente investido tras una moción de censura y negarse a convocar elecciones, como prometió. Como el primer candidato en ser investido presidente sin ser el ganador de las elecciones. Y por el peor resultado histórico del PSOE, ese partido cuyas primarias trató de amañar.