El (aparente) giro de Casado descoloca la estrategia del Gobierno

FERNANDO GAREA-EL CONFIDENCIAL

  • Moncloa se esfuerza en mostrar que el PP sigue sin querer negociar e intenta mantener a los populares junto a Vox en todos sus discursos parlamentarios
El Gobierno vivía hasta ahora relativamente cómodo con el argumento de que la única alternativa a la coalición y a sus apoyos es la ultraderecha. De hecho, la foto de Colón, con PP, Vox y Ciudadanos, fue el principal argumento para la convocatoria electoral de abril de 2019. Al ver aquella imagen con Pablo Casado, Santiago Abascal y Albert Rivera, a Pedro Sánchez y su equipo se les encendió la bombilla y optaron por la convocatoria electoral. Para la historia, quedará que la causa fue la falta de apoyo al proyecto de Presupuestos para 2019, pero, en realidad, esa fue solo la excusa y días antes de perder aquella votación en el Congreso ya estaba decidida la convocatoria a las urnas con la foto de Colón como cartel electoral del PSOE.

“O ellos o nosotros” era el argumento, y ha sido la base de la polarización política que tan buenos réditos electorales y políticos ha dado a Sánchez. Y no solo porque la división del centro derecha, la derecha y la ultraderecha hace imposible aritméticamente que haya una mayoría alternativa a la del Gobierno de coalición, eso que despectivamente se llama Gobierno Frankenstein.

Supone por un lado implantar la idea de que, precisamente, lo que justifica este Gobierno no es tanto su contenido como lo que ‘hay fuera’. Y, por otro, la idea de que siempre un adversario exterior radicalizado sirve de pegamento interior.

La idea de que siempre un adversario exterior radicalizado sirve de pegamento interior

“Ustedes son un pegamento para una mayoría democrática y plural que hizo posible la investidura, que está llamada, después de negociar, a hacer posibles los Presupuestos y, también, a una dirección de Estado en un sentido reformista y democrático”, le dijo este miércoles Pablo Iglesias a la diputada de Vox Macarena Olona, describiendo perfectamente por qué el Gobierno prefiere la polarización.

El 10 de febrero de 2019, el PP se situó justo en la foto en la que el PSOE quería ver al partido de Pablo Casado en la plaza de Colón de Madrid, y ahí se quedó. También Ciudadanos se apuntó a esa imagen, con las consecuencias conocidas, pero esa es otra historia. La foto tuvo continuidad en la formación de los gobiernos autonómicos y ayuntamientos con PP y Ciudadanos y apoyo pactado de Vox. Así, la foto fija pasó a ser imagen en movimiento, con la coincidencia entre los intereses del Gobierno de Sánchez y los movimientos de Casado, que siempre le llevaban a posiciones coincidentes con Vox.

Y, además, el Ejecutivo se encargaba de poner trampas de guerra cultural para situar el PP en ese punto del espectro político. Desde la exhumación de Franco a la eutanasia, pasando por el diálogo en Cataluña, entre otras medidas. Y es obvio que el PP se ha lanzado siempre a ese rincón, sobre todo con sus hipérboles, y así ha terminado por colaborar con esa estrategia.

En el inicio de la pandemia, el PP apoyó las primeras prórrogas del estado de alarma, pero con discursos exagerados, que terminaron en votos negativos y en simpatía hacia los movimientos en determinados barrios de Madrid en contra de las restricciones. Sánchez nunca buscó entonces acuerdos con Casado y siguió manejando la polarización política. Y, a su vez, el PP se metió de lleno y con entusiasmo en ese papel y sus hipérboles ayudaron al Gobierno.

En septiembre, hubo una reunión entre Sánchez y Casado en la que el presidente del Gobierno pidió la abstención del PP para los Presupuestos y el líder de la oposición solo aceptó un acuerdo sobre reformas como las pensiones. Y, obviamente, no hubo acuerdo de ningún tipo. Ni lo hubo sobre la renovación de instituciones. O estuvo a punto de cerrarse y lo rompió Casado en el último momento y con argumentos cambiantes y complicados.

Así iba todo hasta el 22 de octubre, cuando Casado decidió romper con Vox. Al menos se enfrentó a Santiago Abascal e hizo un discurso muy duro contra él que acababa con todos los puentes entre ambos.

En teoría, empezaba una nueva etapa, aunque no se haya concretado aún en nada tangible. Entre otras cosas, porque el trasatlántico siempre necesita espacio para virar.

Al menos se enfrentó a Santiago Abascal e hizo un discurso muy duro contra él que acababa con todos los puentes entre ambos

Lo que sí se ha percibido es un claro rediseño de los argumentarios del Gobierno y del PSOE. Uno tras otro, los ministros y portavoces socialistas buscan cómo introducir en sus intervenciones el argumento de la identificación del PP con Vox, aunque haya sido clara la ruptura. Les ha cambiado el paso y la idea es ponerlo a prueba permanentemente.

Esa incomodidad con el supuesto nuevo escenario político ha sido visible también en la gestión del decreto del estado de alarma. Así, mientras el PP se ha esforzado en mostrar que no solo quería negociar con el Gobierno sino que ya lo estaba haciendo, el Ejecutivo eludía esta impresión para que quedara claro que Casado sigue siendo el líder de la oposición intransigente e incapaz de pactar nada.

El lunes, coincidieron casi codo con codo en la polémica cena de ‘El Español’ el número dos del PP, Teodoro García Egea, y el secretario general de Presidencia, Félix Bolaños, uno de los redactores del decreto de prórroga. Según la versión del PP, hubo hasta oferta de la Moncloa para establecer comparecencias en el Congreso cada dos meses del presidente del Gobierno, mientras que la versión del Gobierno es que solo hubo una charla protocolaria.

Y ese mismo día, Casado puso públicamente dos objeciones al estado de alarma para negociarlas y el Gobierno las rechazó sin más. Sin que pareciera que negocian. Una era renovarla a las ocho semanas y la otra estudiar una legislación que sustituya el estado de alarma, como defendió el propio Sánchez en abril y mayo.

Y en esos días se produjo algo que supone que el PP pasa de la voluntad de giro a un incipiente cambio de rumbo. Ocurrió que los populares rompieron el muro de su aislamiento y negociaron con todos los partidos (salvo Bildu y Vox) para forzar una fórmula que obligara a comparecer a Sánchez. Finalmente, el Gobierno y el PSOE se movieron rápido y ganaron la partida gracias a ERC, pero lo cierto es que el PP habló y negoció con Más País, Compromís, ERC, JxCat…Y eso es nuevo.

Al Gobierno, al menos a su presidente, le incomodaría más un PP negociador que un PP radicalizado. Para empezar, le inquietaría a Unidas Podemos, como ya le ha inquietado el acuerdo de Sánchez con Ciudadanos.

Esa incomodidad ante el presunto giro de Casado se aprecia en el contenido de los discursos de los representantes del Gobierno por esa insistencia. Desde el propio discurso de Pablo Iglesias, nada más romper PP y Vox el segundo día de la moción de censura.

Y la sesión de control al Gobierno de este miércoles fue un ejemplo casi en cada una de las intervenciones desde el banco azul. «¿Qué balance hace usted de estos 10 meses de competición con Vox a ver quién lidera la oposición? ¿Le parece que ha sido bueno para su partido y bueno para España?», se preguntó retóricamente Pablo Iglesias en referencia al PP.

“Escuchándole a usted ahora, da la impresión de que su discurso moderado ha durado menos que la mili del señor Abascal, señor Teodoro”, le dijo el vicepresidente a Teodoro García Egea, número dos del PP.

“Su problema es que están encerrados con Vox. Su última intervención revela que ustedes siguen compitiendo, no solamente en estilo y en una dinámica en la que se dedican a competir por ver quién dice la mayor barbaridad o quién utiliza el tono menos educado y más desagradable con respecto al Gobierno. Pero es que, además, están atrapados estructuralmente porque si ustedes gobiernan en algunas comunidades autónomas y en algunos ayuntamientos muy importantes es por estos señores. Ustedes dependen de ellos. Ustedes tienen que volver a competir con la ultraderecha. Aunque los aliados de Vox se vistan de seda, aliados de Vox se quedan”, concluyó.

Hasta el ministro Illa lo intentó en el debate sobre el estado de alarma

En ese pulso y en esos debates, a Casado le ayuda mucho Vox, porque la insistencia de Santiago Abascal y sus diputados en arremeter contra el PP como “derecha cobarde” da credibilidad a la estrategia de ruptura de los populares y los sitúa en el centro. Le ayudan también algunos medios, que no le perdonan el voto en contra en la moción de censura y la dureza contra el líder de Vox.

Explican en Génova que la dureza de Vox contra el PP y el alineamiento de Sánchez con Unidas Podemos y otros partidos le dejan el centro libre, a falta de que dé los pasos necesarios para ocuparlo. Su objetivo inmediato es el millón de votos de Ciudadanos.

Esta situación ha sido muy evidente este fin de semana respecto a las protestas e incidentes en diferentes ciudades: mientras el PP las condenaba sin paliativos, Vox se ha mostrado comprensivo. Y hasta han discutido en redes por este motivo diputados de ambos partidos.

El punto débil de Casado siguen siendo la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el mantenimiento de su decisión de bloquear la renovación del Consejo General del Poder Judicial. En este último punto, el líder del PP no se mueve y cree que el Gobierno recuperará su polémica reforma y tendrá que asumir ese coste. Pero las instituciones siguen sin renovarse durante años.