El barómetro de la inconsciencia

CARLOS GIRAUTA , ABC 05/05/2013

· De acuerdo con el CIS, los españoles tienen al nacionalismo por decimosexto problema. O bien se equivoca el CIS, o bien nos equivocamos los españoles. Apuesto por lo segundo. Se entiende que el paro se perciba como primera dificultad, la corrupción como segunda y las de índole económica –genéricamente– como las terceras. Pero asombra comprobar que, para el sentir de las gentes, la justicia o la educación sean más preocupantes que el nacionalismo, teniendo en cuenta que los males de la educación, en una gran parte de España, se llaman nacionalismo, y que este trabaja asimismo para romper el poder judicial. Y que, desde luego, lo desobedece como nadie. Los nacionalismos preocupan tanto como los problemas agrícolas, ganaderos y pesqueros, y menos que la subida del IVA.

No hay conciencia pues del papel deletéreo que en nuestro sistema ha jugado y juega el nacionalismo, empezando por la muerte del principio de igualdad, siguiendo por el cuestionamiento de la soberanía única, y acabando por el incumplimiento sistemático de las sentencias que le contrarían. Por citar tres asuntos fundamentales.

En realidad, la Constitución entera es ya casi papel mojado tras varias décadas de diagnósticos errados sobre el nacionalismo. Se podrá argüir que es la mismísima Constitución la que se condenó al consagrar el agujero competencial del artículo 150.2, origen legal de la paulatina desaparición del Estado en Cataluña. O que la legislación electoral conduce a alianzas con los nacionalistas periféricos durante las legislaturas sin mayorías absolutas.

Pero unos políticos más responsables al frente de los grandes partidos de la democracia, unos líderes más atinados que este despistado pueblo sometido a prospección por el CIS, habrían alcanzado acuerdos en materias de Estado, corrigiendo las deficiencias de la Carta Magna. Fallos lógicos, cierto es, en un constituyente hijo de su tiempo, de su contexto. Pero, treinta y cinco años después, seguimos sin imaginar a derecha e izquierda poniéndose de acuerdo para blindar los principios que definen a nuestro sistema. Principios sin cuya efectividad jamás conocerá España el cierre competencial, ni una auténtica estabilidad, ni la fortaleza institucional, ni la unidad de mercado, ni la lealtad del desleal, que no se obtiene de grado.

Pero unos tienen más culpa que otros, aunque ambos –PP y PSOE– hayan persistido en el error de colocar tan graves asuntos en manos de un nacionalismo catalán («garante de la gobernabilidad») que no alcanza el 4 % del voto nacional. Bastaba con que en algún momento de estos treinta y cinco años constitucionales actuaran con algún sentido histórico las dos formaciones que sumaban el 80% del voto español (nunca volverán a verse ahí). ¿Por qué no lo hicieron? Porque, como la mayoría de compatriotas, y a la vista está, en realidad no creen que el nacionalismo sea un problema. Es decir, porque no se lo toman en serio, no consideran que haya que interpretar sus avisos al pie de la letra. Y también porque el PSOE hizo una excepción al conformarse como el partido socialista nacional: la excepción del PSC.

El PSC es la verdadera causa de que una tercera parte de los catalanes apuesten hoy por un Estado abierto a las secesiones. Pere Navarro trabaja en pos del «derecho a decidir»… que se queda en España.

Supongo que en las condiciones que, más explícitamente, defendía Pasqual Maragall: con servicio exterior catalán, justicia catalana, hacienda catalana, y un Estado residual. No muy lejos del modelo de Artur Mas. Eso es lo más parecido al PSOE que se puede votar en Cataluña. Y de esa excepción, estos lodos. El nacionalismo no es problema. Ya.

CARLOS GIRAUTA , ABC 05/05/2013