Juan Pablo Colmenarejo-ABC

  • El tufo político perfuma los números. Más gasto a la espera de un posible crecimiento basado en el consumo por el desembalse del ahorro

Los Presupuestos Generales del Estado entran esta semana en el Congreso como si fueran las cuentas particulares del Gobierno. Sánchez blinda la legislatura, prepara el terreno de las elecciones generales y juega al despiste con la Unión Europea. El economista Díaz Giménez lo explica con una imagen: «Se le da otra patada a la lata». El tufo político perfuma los números. Más gasto a la espera de un posible crecimiento basado en el consumo por el desembalse del ahorro. Siguen aplazados los problemas estructurales de la economía española, que empiezan por la educación, desconectada de la vida real de las empresas, y terminan por un sistema de pensiones que emite serias señales de caducidad. Mientras tanto, quietud, vida y dulzura a la sombra de la deuda del Reino de España. Sánchez aprovecha que en 2022 la Unión Europea permite todavía soltarse la faja del gasto, y en Bruselas les ha salido una distracción de órdago a la grande con Polonia y Hungría, con ganas de irse por la misma linde de los británicos. En todas partes cuecen habas. Ya se sabe, disfruten lo votado.

Sánchez hace su cuenta mientras pasea por el jardín machadiano y otoñal de La Moncloa con la verdadera vicepresidenta primera del Gobierno, Yolanda Díaz. Escena de cuento para la cuenta del año que viene. De Nadia Calviño nunca más se supo. Solbes se enteró sentado en el escaño de los 400 euros del ‘bono Zapatero’. Sánchez suma y le sale, como le pasa desde 2015. La primera vez que se le apareció Frankenstein lo echaron, pero aquel PSOE se acabó tras su regreso, como se certificará en el congreso del próximo fin de semana en Valencia. No necesita ganar las elecciones para seguir hasta el año 27. Con un centenar de diputados tiene suficiente. Los independentistas de todos los rincones, junto con los neocomunistas identitarios y los diputados cantonales de algunas provincias, le cuadrarán la cuenta para la mayoría absoluta. Ya lo hizo con 85 diputados en la moción de censura a Rajoy, y lo repetirá, aunque el más votado sea un PP al que Vox, desde el otro extremo, niega por gris, pinzando la alternativa para tranquilidad del presidente del Gobierno.