J. R. Alonso de la Torre-El Correo

  • Tiene al hermano condenado, a la esposa juzgada, al amigo acusado y enjoyado, Ceuta invadida, los presupuestos prorrogados y los inquilinos desahuciados

Tiene al hermano condenado, a la esposa juzgada, al amigo acusado y enjoyado, Ceuta invadida, los presupuestos prorrogados y los inquilinos desahuciados. Dicen de él que es una rata, un perro, un dictador, un hijo de fruta, un terrorista, un bolivariano, un chulo, un psicópata, un golpista, una mala persona… La semana pasada estuvo en la Festa do Marisco de O Grove y, mientras comía pulpo, le gritaban sinvergüenza, además de pronosticarle cárcel perpetua. Lo deshumanizaban tanto que algunas mariscadoras reconocían que les provocaba ternura.

Pero de pronto, el PP se lía con los cachivaches, que si un bote de gas pimienta, que si un cuchillo para untar humus, al tiempo que echan de su casa a Mari Carmen y Sánchez emerge cual boya insumergible. Tiene tal capacidad de resistencia que Abascal, muy sensato, avisa de que no lo den por muerto aún, que no se confíen, que no empiecen a repartirse ministerios. Y tiene razón. No hay encuesta que le dé a la coalición PP-Vox menos de 200 diputados y, tal y como está la izquierda de la izquierda, el PSOE, a lo más que puede aspirar es a que Abascal y Feijóo no lleguen a los 210, que permitirían hacer algunos cambios en la Constitución, o a los 233, que facilitarían cambios de más calado.

Pero nadie se fía. Ni el propio PSOE, que vuelve a creer en el milagro. Ayuso tampoco lo debe de tener claro porque habla de pucherazo temiendo otro prodigio electoral sanchista. Y para facilitar el portento, han empezado las tradicionales pifias electorales de los favoritos: que den las bajas las mutuas, algo que espeluzna a los trabajadores; que se privaticen las pensiones, algo que espeluzna a todo el mundo. ¡Comienza el espectáculo!