El guiñol, es nueva política

EL MUNDO 16/02/17
JORGE BUSTOS

Cuando Rufián lleva pregunta en el orden del día uno madruga de otra manera. Casi dan ganas de llegar silbando al Congreso como la molinera de un cuento de Grimm. Preguntó en segundo lugar, después de que Antonio Hernando le exigiera a Rajoy que pusiera firme a Trump en la próxima llamada, lo cual es como pedirle a un gaitero que detenga una estampida de bisontes tocando una muñeira. Don Mariano no le contestó eso, sino que los socialistas habrían hecho lo mismo estando en su posición –Zapatero no lo hizo con Bush, la verdad, y así le fue-, y recordó que su tarea en este mundo es llevarse bien con la buena gente y no andar enredando con escrúpulos de chisgarabís, más o menos.

Pero donde brilló la retranca mariana fue en la réplica a don Gabriel, quien de pie, la mano en el bolsillo, todo de negro según manda el dress code de la comedia catalana desde Eugenio, recreándose en la pausa teatral con la que sabe demudar al auditorio, despachó una macedonia que incluía autodeterminación, neonazis, espionaje, Rato, pelotas de goma y hasta el Conde-Duque de Olivares. El presidente sólo pudo musitar: «Francamente, señor Rufián, sus intervenciones me recuerdan al que dijo que en política no hay absurdo imposible».

Sabemos que el Godot del procés no llegará nunca por la esperanza de políticos como Rufián. Más serio fue el debate en que terció bienintencionadamente Rivera: el de la despolitización del TC, cuya renovación se dirime estos días con no poca controversia en los despachos del bipartidismo. Catalá propone a Andrés Ollero, jurista reconocido cuya pertenencia al Opus Dei se le atraganta a Margarita Robles y otros compañeros sanchistas, aunque la Gestora no ve al candidato con malos ojos (Patxi no sé qué opina, pero habla mucho por el móvil). Al sectarismo de progreso habría que recordarle que la adscripción conservadora del fiscal Torres-Dulce no le impidió dimitir para salvaguardar su independencia ante las presiones gubernamentales, por ejemplo. El líder centrista considera en todo caso que este reparto es un pasteleo obsceno, así que prepara una reforma de la ley orgánica a la que invitó a sumarse a… Soraya Sáenz de Santamaría. Nada menos. La vicepresidenta contuvo la risa y le dio una astuta vuelta al argumento para reprochar a Rivera que cebase con sus sospechas el argumentario indepe. Así que quien propone que los jueces dejen de ser elegidos por políticos está haciéndole el juego a Artur Mas. Una razón de peso para dejarlo todo como está, que es lo que le gusta al jefe.

El otro momento álgido de la jornada matinal lo protagonizó un aguerrido diputado de En Marea que llamando facha y corrupto a Arsenio Fernández de Mesa –cuya innegable puerta giratoria, como buen marrón, le tocó defender a Montoro- mereció los aplausos en pie de Iglesias y, por lo tanto, de Irene Montero, si es que son personas distintas. Parece que en el consejo del sábado Montero heredará el escaño de Errejón y la simbiosis de la pareja será ya tan perfecta como lo fue la de Mari Carmen y sus muñecos.