Óscar Benítez-Vozpópuli

  • La juventud catalana hace suyos los triunfos de la ‘Roja’ naturalizando su relación con los símbolos de la España constitucional

Sería arriesgado decir que el nacionalismo catalán esté en horas bajas. Una fuerza de carácter radical como Aliança Catalana, que predica el rechazo mixto a la inmigración y al resto de España, está arrasando en los sondeos, como demuestra el último CEO, que la sitúa como tercera fuerza en el Parlament, rebasando a antaño hegemónica Junts per Catalunya. Sin contar con que el PSC de Illa, desplegando una hoja de ruta de tinte neopujolista, sigue avanzando en la desconexión de la comunidad del resto de España. Sin embargo, en el plano simbólico, el constitucionalismo está viviendo un momento dulce. Y lo está haciendo de la mano de la Selección española de fútbol.

Y es que la victoria de ésta en el Mundial ha desatado en la región, incluso en algunos feudos ‘indepes’, un ‘outing’ de camisetas y enseñas españolas como no se veía desde las manifestaciones constitucionalistas de 2017, cuando parte de los catalanes perdieron el miedo a mostrar su ligazón política y sentimental con el conjunto de España —que, como es sabido, el nacionalismo catalán había conseguido convertir en anatema—.

Para empezar, más de 30.000 personas abarrotaron el domingo el parque del Fórum para presenciar el partido de la ‘Roja’ contra Argentina en una pantalla gigante —dispositivo que el Ayuntamiento de Collboni, pese a las dudas iniciales, finalmente se prestó a instalar —. Una multitud en la que predominaban los jóvenes, se escuchaban acentos de distintas procedencias y proliferaban tanto los cánticos en favor de la Selección como las banderas españolas de índole constitucional.

Reacciones encontradas

Y que, tras el gol de Ferran Torres en el tiempo de descuento, salió a celebrar la victoria en las calles, sumándose así a otros seguidores en distintos puntos de la capital catalana, como Paseo de Gracia, Urquinaona, Glorias o Sagrada Familia. Celebración que, como atestiguan las imágenes, se desplegó sin rastro de complejos —una estampa impensable hace no tantos años y considerablemente más populosa que la que tuvo lugar en el Mundial de 2010—. Pero que, además, no solo se repitió en las ‘charnegas’ Sabadell o Castelldefels, sino también en localidades supuestamente ‘hostiles’ de la Cataluña interior como Ripoll, donde gobierna Aliança, o Manresa, en manos de ERC.

Este estallido, como cabía esperar, fue un hueso difícil de roer entre políticos y medios secesionistas, que se habían posicionado a favor de la victoria del combinado argentino.

Entre las reacciones más llamativas, sin ir más lejos, figuró la de Sílvia Orriols, que contraprogramó el partido con una proyección de «cine a la fresca» en catalán y destacó que la victoria no se había producido hasta el «tiempo de prórroga»; la del republicano Gabriel Rufián, que alegó que las multitudes celebraban la victoria de la ‘Roja’ a falta de una de la selección catalana —obviando la exhibición de banderas rojigualdas— o de periodistas como Salvador Cot, en ‘El Mòn’, que atribuyó al igual que el resto de medios nacionalistas la victoria española a la presencia de jugadores catalanes, confiando en que una pronta victoria del Barça retorne a los jóvenes a la casilla identitaria ‘correcta’.

El simbolismo de la Torre Agbar

Aunque, sin duda, una de las imágenes que mayor enojo concitó en un sector del secesionismo fue la iluminación de la icónica Torre Agbar, en Glorias, que durante 15 minutos se adornó con una franja amarilla enmarcada por dos rojas para celebrar el triunfo. Y que, hasta cierto punto, simboliza un cambio de ciclo, pues, durante el ‘procés’, el edificio hizo lo propio con los colores y motivos de la ‘senyera’. «Barcelona es la capital de Cataluña, no el escaparate del nacionalismo español», protestó el periodista Sergi Maraña, que catalogó el hecho como una «provocación absolutamente innecesaria».

Sea como sea, la iniciativa del edificio, cuya propiedad es de carácter privado, no desentonó con el clima que se respira estos días en la Ciudad Condal, en cuyas calles menudearon ayer durante todo el día adolescentes y veinteañeros ataviados con la camiseta de la ‘Roja’ —no en balde, y según las últimas encuestas, se trata del sector de la población en la que el sentimiento independentista ha caído con más fuerza, alternando su querencia por Cataluña con la que experimentan por el conjunto del país—.