- Lo único extraordinario en ser de izquierdas es encontrar a alguien que haya tocado poder en los últimos veinte años y se haya mantenido íntegro e incorruptible.
Se les está desmoronando todo tan rápido (lo económico y lo ideológico) que no les está dando tiempo a reaccionar. Cada día aparece un cargo socialista con cara de liebre deslumbrada en mitad de la autovía de la realidad. Atropellado por las noticias que primero niegan y después, ya con la boca pequeña por autos demoledores, no pueden ignorar.
Eso es lo que le ocurrió esta semana incluso a Gabriel Rufián, príncipe inmaculado de la utopía. Y digo utopía porque de ser real le tocaría trabajar.
Al socialismo, que más que en castillo de naipes lo han convertido en una secta en la que no se permite discrepar, se le ha caído de golpe el ídolo de barro. No es que Felipe González sea un santo, pero entre Zapatero y él hay toda una civilización intelectual.
Por eso la izquierda de Sánchez, que es toda la extrema izquierda que nos ha tocado vivir en este primer cuarto de siglo XXI, prefirió encumbrar a Zapatero como profeta, porque así les dejaba el suelo moral lo suficientemente bajo como para no tener que preocuparse por no coger el sueño cada noche.
«Yo creo que ser de izquierdas es ser extraordinario», decía el jueves Sarah Santaolalla, que es la nueva musa intelectual de los que creen que Évole e Intxaurrondo son periodistas, Zapatero político, Delcy Rodríguez adalid de los derechos humanos, el PSOE feminista, Ábalos un romántico, Koldo un hombre de Estado, Pablo Iglesias antifascista, Jéssica dentista o Iván Redondo escritor.
La izquierda en España es un circo y ya no le caben más enanos. Lo que estamos comprobando es que lo único extraordinario en ser de izquierdas es encontrar a alguien que haya tocado poder en los últimos veinte años y se haya mantenido íntegro e incorruptible; que por otro lado es de las pocas lecciones que se repite con puntualidad histórica cada vez que a la izquierda le da por cantar La Internacional.
Se les llena la boca de clase trabajadora mientras todavía queda clase media sin caer en la cuenta de que la izquierda vive del clientelismo de convertirlos en parias dependientes del Estado: bien sea por la vía del Ingreso Mínimo Vital, de la pensión no contributiva, o de esa aún más perversa que consiste en tenerlo todo tan subvencionado que, de tener que pagar el valor real, nos daríamos cuenta de que en España ya no somos clase media ni los que cumplen cuarenta años y trabajan en una Big Four.
Llevan dos décadas avivando odios viejos, enfrentaron españoles con españoles, porque es más fácil que aprobar unos Presupuestos Generales del Estado.
Hemos estado financiando un lobby enorme que es toda la izquierda internacional a cambio de que trapichearan con los intereses y el dinero de los españoles malvendiéndoselos lucrativamente a todos los sátrapas del planeta: de Marruecos a China, pasando por cualquier país que quisiera blanquear su falta de democracia a cambio de unos cuantos millones de dólares en petróleo.
Y como eso no les parecía suficiente, Zapatero, presuntamente, se enriquecía aún más de los venezolanos hambrientos.
Hay pocas miserias morales que exijan más pasar la eternidad en el octavo círculo del infierno de Dante. No hay cárcel suficiente en España o en Estados Unidos para penar el robarle el pan de la boca al más pobre entre los pobres.
Y ahora que todo empieza a salir a la luz, a José Luis Rodríguez Zapatero se le han caído hasta las cejas del susto. Aquellas cejas que hicieron toda una campaña electoral y ahora ponen a la izquierda al descubierto.
Y por si tuviera pocas cosas encima nuestro Frente Popular Sanchista (formado por el PSOE, los nacionalistas vascos y catalanes, EH Bildu, Sumar y compañía), al que ya no le resguardan ni los muros de la Moncloa, Julio Iglesias denunció esta semana también a Yolanda Díaz.
Quién da más aquí.