LUIS VENTOSO-EL DEBATE
  • Si consideras que el PSOE «está en el extrarradio de la Constitución», es decir, en la ilegalidad, ¿a qué esperas para darte de baja?

Emiliano García-Page, que se apellida de segundo Sánchez, como su líder y némesis, es un toledano de 53 años que solo ha trabajado en una empresa en su vida: el PSOE. Se afilió a las Juventudes a los 17 y a los 19 años se convirtió en el concejal más joven de España.

Page, hijo de un encuadernador y un ama de casa, vivió una infancia de estrecheces en una casa de cinco hermanos, entre ellos su gemelo, Javier (son clavados, algo así como los Scott que reforman casas en la tele). Emiliano vio el mar por primera vez tarde, ya adolescente, en unas vacaciones valencianas en Cullera. En aquel viaje le llamaron también mucho la atención las vistas desde la octava planta donde se hospedaban, porque en Toledo vivían en un bajo.
Licenciado en Derecho, destacó pronto por su pico oratorio, sus reflejos dialécticos y su desparpajo popular. Con solo 25 años se convirtió en el consejero autonómico más joven de España, en un Gobierno de José-Pepe Bono. Después, Emiliano llegaría a la alcaldía de Toledo, y desde 2015 preside Castilla-La Mancha.
Page no traga a Sánchez, por su sociedad felona con los separatistas, y en su día apoyó a Susana Díaz para laminarlo. Ese posicionamiento ha convertido a Emiliano en la perenne gran esperanza de quienes todavía creen –ilusamente– que existe un PSOE cabal, capaz de plantarse contra el sanchismo y devolver al partido a la lealtad constitucional. Pero Page jamás pasa del pellizco. Le larga alguna picadilla al Líder Supremo… y luego se repliega medroso. Vuelve a asomar la patita… pero todo acaba siempre como en el famoso soneto con estrambote de Cervantes: «Fuese, y no hubo nada».
Esta semana, el PSOE ha vuelto a saltarse su enésima línea roja y al dictado de sus jefes separatistas ha establecido que hay un terrorismo malo y uno bueno. El benigno es todo aquel que cometan los separatistas catalanes para fomentar la ruptura de España. Si mañana un paisano madrileño concluye que está cabreado con el fisco confiscatorio del actual Gobierno y organiza una protesta que incluye ocupar la T4 y la estación de Atocha, cortar la M-30 y quemar contenedores de basura en la Castellana durante una semana; el promotor de esas salvajadas irá a la trena de cabeza y sin dilación. Pero si el autor de los desórdenes es un separatista catalán de los que han convertido a Sánchez en su rehén, amnistía y pelillos a la mar. Así de absurdo e intragable es lo que está perpetrando el PSOE.
Ante semejantes barbaridades jurídicas y políticas, Page ha lanzado este miércoles uno de sus épicos pellizcos (de mucho ruido y pocas nueces). Ha criticado lo del terrorismo bueno y malo y ha acusado al PSOE de estar «en el extrarradio de la Constitución». La Moncloa ha soltado de inmediato a su cancerbero de guardia, Óscar Puente, que ha lanzado unas dentelladas al díscolo Page acusándolo de ser él «quien está en el extrarradio del PSOE».
Javier García-Page Sánchez, el gemelo clon, se afilió a las Juventudes del PSOE con solo 14 años. Llevaba, como su hermano, toda una vida de militancia. Pero el pasado noviembre, cuando Sánchez cerró sus acuerdos con Junqueras y Puigdemont, Javier tuvo un rasgo de dignidad: envió una carta a su agrupación socialista para comunicar su «baja inmediata y sin posibilidad de cambiar de opinión», porque «mis valores y principios socialistas resultan incompatibles con la militancia en este nuevo PSOE». Así de fácil: como no me reconozco en la deriva de este partido, me largo.
Emiliano, que además de presidente autonómico es el secretario general del PSOE castellano-manchego, podría hacer muchas cosas concretas. Podría intentar convencer a algunos de los ocho diputados socialistas de la región para que voten contra Sánchez en el Congreso y fuercen su caída. Podría pedir claramente la dimisión del presidente. O como ha hecho honorablemente su hermano, podría romper con una formación que según sus propias palabras está «en los extrarradios de la Constitución» (es decir: en el extrarradio de la ley). Sin embargo, Emiliano se queda en el pellizquito queda bien, para que su parroquia local lo siga apoyando, pero sin arriesgar su poltrona socialista, de la que lleva viviendo toda su vida.
Emiliano, que ya eres mayorcete… Además de asomar la patita, actúa, porque mientras sigas con el no pero sí continúas siendo un cooperador necesario del destrozo que le está haciendo tu PSOE a España y a su democracia.
Igual habría que sacar a Emiliano bla, bla, bla del despacho del Palacio de Fuensalida y sentar allí al gemelo. Al fin y al cabo ha sido más consecuente y ha mostrado más agallas.