Jon Juaristi-ABC
- Una modesta proposición para contribuir al cambio de nombre del país de los vascos (o así)
Como era de temer, la propuesta del nombre regional o corónimo ‘Vasconia’ para el conjunto de los territorios vascos de España y Francia, presentada, el pasado 24 de abril, por Jakiunde, Academia Vasca de las Ciencias, las Artes y las Letras, ha tenido una acogida tirando a gélida en los medios abertzales, que se resisten a sustituir el marbete ‘Euskadi’, invención de Sabino Arana Gori (1865-1903), por una denominación mucho más antigua e internacionalmente prestigiosa, pero que, ay, no cuenta con pedigrí ideológico aceptable.
Es una pena. La primera historia o crónica común de los vascos de uno y otro lado del Pirineo la escribió en latín Arnaut d’Oihenart o Arnaldo de Oyenarte (1592-1667), un cultísimo poeta en francés y eusquera, probablemente el único escritor vasco del siglo de Luis XIV que no fue cura. Su ‘Notitia utriusque Vasconiae, tum ibericae tum Aquitanicae’ (‘Noticia de ambas Vasconias, tanto de la ibérica como de la aquitana’) fue publicada en París en 1638. Paisano del mosquetero Aramis y amigo del señor de D’Artagnan, Oihenart reivindicó para Francia la Navarra española. No fue un nacionalista vasco, sino un leal súbdito de los tres primeros reyes borbones –de Francia– y recaudador de impuestos para la Monarquía Cristianísima.
En el otro extremo podemos situar al vizcaíno monseñor Zacarías Vizcarra y Arana (1880-1963), inventor y difusor del concepto de Hispanidad y del Día de la Raza, obispo auxiliar de Toledo, consiliario nacional de Acción Católica y autor del libro ‘Vasconia Españolísima’ (1939), cuyo título y fecha de publicación ya lo dicen todo. Tampoco fue nacionalista vasco, aunque era pariente de Sabino Arana por su rama materna.
Los también vizcaínos Federico Krutwig (1921-1998) y José Miguel de Azaola (1917-2007), ambos de Neguri y amigos de infancia, escribieron sendos libros con ‘Vasconia’ en el título. ‘Vasconia, análisis dialéctico de una nacionalidad'(1963), de Krutwig, fue la biblia maoísta de la primera ETA; ‘Vasconia y su destino’ (1972), de Azaola, un extenso análisis de la sociedad vasca como posible motor de la inminente democracia española. Hay para todos los gustos.
En fin, que me adhiero a la propuesta de Jakiunde, pero con un pequeño matiz. Pido que la palabra ‘Vasconia’ se escriba como se pronuncia, es decir, ‘Vascoña’, de modo añálogo a como siempre se pronunció el latinajo medieval Spania, es decir, España. La eñe es letra eusquérica y abertzale, como lo demuestra el sustantivo ‘ikurriña’, inventado por Sabino Arana. Me acojo, además, al precedente del teatino vascogalaico Gerardiño Marculeta, muerto de hantavirus en la Patagoña en 1541 y autor del poema épico ‘La Vascoñana’, que comienza con los siguientes versos: «Vascoña se declina/ en dúplice manera:/ Vascoña campesina,/ Vascoña marinera…».
Pues eso. Ahí queda dicho.