Entre Frankenstein y las terceras

CARLOS HERRERA – ABC – 02/09/16

Carlos Herrera
Carlos Herrera

· Sánchez, digan lo que digan, les tiene muy cogida la medida a los suyos.

A este fenómeno de los corrientes, Pedro Sánchez, se lo han puesto muy caro para formar un gobierno alternativo. Después del desfile de personajes como Tardá –y algún que otro mandril– por la tribuna del Congreso, el margen de maniobra para coaligarse con ellos y completar una mayoría suficiente con la que investirse es tan escaso como el aprecio que le tiene el jefe del PSOE a nada que huela a Partido Popular.

Uno tras otro fueron recordándole que la llamada autodeterminación de Cataluña es condición indispensable para cualquier tipo de pacto, y ello, aunque a él personalmente pudiera no quitarle el sueño con tal de alcanzar el Poder, es asunto por el que no transigiría parte del puzzle endemoniado que configura el –por ahora– primer partido de la izquierda española. O eso creemos algunos.

Esa combinación política que aunaría a Podemos, ERC, CiU y quien sabe si a Bildu –ya que el PNV no parece estar para según qué aventuras–, ha sido bautizada en varios ambientes político periodísticos como «Operación Frankenstein» de forma particularmente brillante. No sé quien es el autor pero no me extrañaría que fuera aquí mi vecino Camacho.

Tal nombre le viene al pelo a una ocurrencia como la semejante que hundiría España en la más absurda de las escombreras, lo cual me hace pensar que nadie en su sano juicio puede permitirse el lujo de apostar por algo que espantaría inversores, hundiría las bolsas y desataría desórdenes por doquier, incluidos algunos institucionales.

Ni siquiera Pedro Sánchez y su indisimulado esfuerzo por permanecer al frente de su negociado. Podría intentar alguna otra cosa, como por ejemplo la que trató de armar conjugando agua y aceite, es decir, Ciudadanos y Podemos: pero repetirla ahora comportaría obligar a una nueva contorsión a Rivera y a mucha tragadera a Iglesias, y ninguno de los dos está por la labor. Ello hace que ayer reconociera Hernando que una alternativa de investidura fuera «extraordinariamente» difícil.

Por lo tanto, urge esperar. Como si aquí no pasara nada. Que hablen vascos y gallegos. Ambos no parecen mostrar mucha inclinación por votar socialista, con lo que no se me acude qué puede salir de ahí. Reza Sánchez por una combinación en la que el PNV necesite al PP y en ese fárrago le quiten a él la responsabilidad de desbloquear la situación: los cinco vascos dejan la cuenta a uno, con lo que se convence al canario móvil y los socialistas de hogaño no se han de manchar las manos absteniéndose para hacer presidente a ese indeseable de derechas que le ha ganado dos veces las elecciones.

Pero ¿y si esa carambola no sale por el motivo que sea?: entonces muy sencillo, vaya mirando que planes tiene usted para el domingo 18 de Diciembre y agradézcaselo al líder del PSOE, que ya ha repetido tantas veces No que si ahora dijera que Sí nos defraudaría de alguna manera. No es No, y no hay tu tía. Terceras elecciones y que se descojonen con nosotros hasta los birmanos.

No hay nada que hacer, ni siquiera esperar una rebelión en su partido: Sánchez, digan lo que digan, les tiene muy cogida la medida a los suyos. Díganme quién, habida cuenta el repliegue de Susana –a mi me parece que inteligente–, está en condiciones de adelantarse y proclamarse alternativa. Díganme quién le va a espetar claramente en la cara que comete el grave error de asumir el papel de culpable de unas nuevas elecciones en España. Díganme quién está dispuesto a contradecir el discurso oficial con algo más que meandros linguísticos. Me temo que nadie. Así que ya veremos qué tal asume ser el centro de todas las iras, excepción hecha de la parte más sectaria de su partido, que no es pequeña.

CARLOS HERRERA – ABC – 02/09/16