TEODORO LEÓN GROSS-ABC

  • Pasan los días desde que el Rey designó al candidato del PP, quince ya, y sin ningún eco. Se habla del beso y Aemet

Ya no se trata de Sánchez o de Puigdemont, sino de Feijóo. Lo de Sánchez está descartado: va a tragar carros y carretas, que tiran más que dos tetas, y tendrá además al Tribunal Cándidistucional para blanquear cualquier ‘invent’ a la carta de los catedráticos de cabecera para defender lo contrario de lo que siempre defendió el PSOE. A esto se le llamará, claro, cambio de opinión virtuoso… aunque consista en pasar por el aro –¡alehop!– de Puigdemont reclamando al Estado que se exhiba avergonzado ante el mundo como Cersei Lannister en ‘Juego de Tronos’ con una ley inconstitucional de amnistía que, como aclaró certeramente Felipe, no sólo borra el delito sino que «condena al ordenamiento jurídico dándole la razón a los que se rebelaron contra la ley». Ese ‘bullshit’ asumido en Bruselas por Yolanda Díaz con disfraz de Mary Poppins tiene su clientela, pero ¿y la oposición? El partido ganador de las elecciones, en víspera de la investidura, sigue con un perfil demasiado bajo. Y no ha dejado de cometer errores, como pedir cita a Junts.

La investidura inviable de Feijóo tenía sentido como oportunidad –nada menos– de exhibir un liderazgo solvente frente al mercadeo tramposo de Sáncheztein revestido de ‘mayoría progresista’, una mala broma para cualquier socialdemócrata, no sólo Felipe. Sin embargo, pasan los días desde que el Rey designó al candidato del PP, quince ya, y sin ningún eco. Se habla del beso de Rubiales o de las previsiones de Aemet, en definitiva de lo que interesa a Moncloa con el país distraído mientras un prófugo de la Justicia desde hace seis años exige que se legitime la ruptura constitucional del 6 de septiembre y el golpe del 1 de octubre, sin renunciar a repetirlo. Y esto cuando Sánchez ya los ha indultado, les ha eliminado el delito de sedición, rebajado la malversación y asumido que hubo represión, todo en nombre de la primorosa ‘agenda del reencuentro’.

Como al Godot del viejo Beckett, a Feijóo se le espera y se le espera, y empieza a parecer que no llegará. Entretanto Sánchez hará, una vez más, lo que le convenga; ya sea usar esto de coartada para ir a una repetición con viento de cola, ya sea tragarse la humillación de Puigdemont en el Parlamento europeo. Un prófugo de la Justicia, en fin, dictando los límites del estado de Derecho; toda una alegoría del sanchismo, con su vicepresidenta rindiendo directamente pleitesía al iluminado de Waterloo. Y esta impostura no la va a denunciar Sánchez, va de suyo, pero ¿y Feijóo? El líder del PP perdió el 23J tras una campaña puesto de perfil para no cometer errores, cediendo a Sánchez el control de la agenda. Feijóo nunca tuvo la iniciativa y permitió que sólo se hablara de Vox, de ultraderecha, de machismo, de Marcial Dorado… Y otra vez está dejando correr el reloj sin imponer su propio temario. Este momento debería ser inquietante para Sánchez, pero ahí está el país hablando del tiempo tras las últimas lluvias. Como se hace cuando no pasa nada más.