REBECA ARGUDO-ABC

  • «No éramos malos», me dice Teo Uriarte, «pero nos hicimos malos». Lo que no fueron nunca, desde luego, es los buenos

Ayer estuve en el zulo en el que estuvo encerrado Ortega Lara. En realidad, donde estuve es en la réplica exacta que hay de él en el Memorial de las Víctimas de Vitoria. No estuve más de dos minutos, sabiendo además que iba a salir de allí, pero la angustia y el mal cuerpo me duró aún un buen rato. 532 días estuvo él en un lugar idéntico a ese, secuestrado por ETA. Un horror de apenas dos por tres pasos, en el que alguien más alto que yo no puede estar completamente erguido. Fuera me esperaba Eduardo ‘Teo’ Uriarte. Así que, técnicamente, también un etarra (‘exetarra’) custodiaba mi encierro.

Uriarte es un tipo culto y amable, con el que da gusto hablar. No solo de la historia de ETA en el País Vasco, o lo que fue y cómo fue el Proceso de Burgos (en el que le condenaron a muerte); sino de libros, de películas, de actualidad. De todo. Es un privilegio y un placer poder compartir con él pintxos y copas, bajo un sol sorprendente y agradable del que se escapa («soy fotofóbico, debe ser por mi pasado carcelario», bromea). Él habla y yo le acribillo a preguntas. Es el acompañante perfecto para visitar el Memorial, un lugar que deberían conocer todos los colegios e institutos, no solo del País Vasco sino de toda España.

A mí me fue imposible traer conmigo, como pretendía, a chavales que votan este año por primera vez. Yo quería que nos contasen qué saben de la historia de la organización terrorista y de su impacto en la sociedad vasca. Si saben quién es Miguel Ángel Blanco o Gregorio Ordóñez, o Fernando Múgica. Si saben qué ocurrió en el bar La Cepa, en la parte vieja de San Sebastián, o en qué punto del campus universitario de su ciudad asesinaron a Fernando Buesa. Y quería que pudiesen conocer esa historia contada por quien bien la sabe, por Teo Uriarte y por el periodista Gorka Angulo. Como digo, no hubo manera. Se lo cuento a Gorka que, resignado, no se sorprende. Le leo algunos de las decenas de mensajes que declinan mi invitación y las expresiones que más se repiten: no quieren hablar de eso, temen perder amigos, temen ser señalados, no les interesa, no quieren saber nada, no hay nada que hacer.

Muchos de esos jóvenes votarán hoy a Bildu. Esa parece ser la tendencia. Chavales que no hablan de política por temor a ser señalados y repudiados, y que no quieren saber nada de su historia, entregarán su voto a los que les cuentan que ETA fue un grupo armado que puede tener diversas denominaciones y un ciclo que hemos dejado atrás. Teo Uriarte les hubiese podido decir, como me dijo a mí, que eso es mentira. Que ellos eran terroristas. Y sabían que lo eran, que era terrorismo lo que hacían. Que utilizaban la violencia sabiendo que estaba mal. «No éramos malos», me dice, «pero nos hicimos malos». Lo que no fueron nunca, desde luego, es los buenos.