Ignacio Camacho-ABC

  • Ha sido palmar en Andalucía y ordenar una rebaja del IVA. Está dicho que los socialistas sólo aciertan cuando rectifican

Con casi dos puntos más de participación (1,8 en concreto), el PSOE perdió el domingo más de 127.000 votos respecto a las elecciones de hace tres años y medio. Es decir, que además de no recuperar a los abstencionistas de 2018 se le escapó un importante goteo de papeletas en dirección al PP de Moreno. Si se compara el dato con las generales del 2019, la fuga es de más de medio millón de sufragios y diez puntos menos. La diferencia no está entre las candidaturas de Susana Díaz y Juan Espadas, ni siquiera sólo en el ‘efecto Juanma’, sino entre el Sánchez ganador de la moción de censura, con un Gabinete monocolor convertido en máquina de propaganda, y el que lleva un bienio a cuestas de Podemos, los separatistas y los tardoetarras.

Entre el presidente de las dádivas populistas y las promesas gratas y el de los ‘memes’ sobre sus continuos incumplimientos de palabra. Entre la etapa de gestos a la galería y la de los engaños durante la pandemia. Entre la del ‘Gobierno bonito’ y la del vicepresidente Iglesias. Entre la de la estabilidad heredada del marianismo y la de la astronómica subida de la factura energética, los combustibles o los productos de mera supervivencia.

Cuando se toma el camino equivocado no hay paso que no lleve a tropezar con un obstáculo. No sirven ni los cambios de equipo, ni los reclamos sectarios, ni las imposturas oportunistas, ni el uso ventajista del aparato del Estado. El sanchismo se estrelló en Madrid contra el liberalismo ‘tabernario’ –ocurrencia semántica de Tezanos– y en Andalucía el descalabro se ha producido ante un moderado conservadurismo pragmático. Se las dan por todos lados. Y para mayor escarnio, la agitación del miedo a Vox como única estrategia ha empujado a los ciudadanos en los brazos templados del centro-derecha. Lo último que se puede hacer con los votantes es menospreciar su inteligencia; huelen la debilidad, la falta de convicción, y buscan refugio en el que les ofrezca una mínima garantía de solidez, de confianza, de certeza. En tiempos de zozobra se necesitan referencias serias. Y el fracaso de la coalición ‘progresista’ consiste en que la gente no encuentra en ella ningún atisbo de respuesta a sus verdaderos problemas.

El varapalo andaluz ha disparado las alarmas de fuego en La Moncloa. Los cien mil asesores que allí hormiguean parecen haber llegado a la conclusión obvia de que el desgaste ya no se puede frenar con baratijas ideológicas y que es menester ocuparse de cuestiones perentorias como la cesta de la compra. Dejarse de versos y gobernar en prosa. Y la primera medida tras la reflexión ha sido rebajar el IVA de la luz… tal como el PP propuso hace quince días sin obtener más que una desdeñosa negativa. Lección aprendida: al vencedor hay que copiarle –de eso sabe Sánchez– las políticas. ¿Cómo era aquello de que los socialistas sólo aciertan, y tampoco siempre, cuando rectifican?