Golpe de estado

LUIS HERRERO – ABC – 27/05/17

luis-herrero
Luis Herrero

· Mensaje «El Gobierno esgrime la amenaza de un posible delito de sedición, que conlleva cárcel».

· ¿Qué diablos ha pasado esta semana para que el Gobierno haya elevado tanto el tono de su respuesta al desafío independentista de Cataluña?

Desde el lunes, ministros y alabarderos de Génova repiten a todas horas la expresión «golpe de Estado» para describir la conducta de los exploradores del prusés. Nunca habían llegado tan lejos. Un Gobierno que invoca invariablemente el principio de proporcionalidad cada vez que le preguntan por sus planes para desbaratar la machada catalana debería explicarnos qué le ha llevado a decir cosas que antes no decía.

Casi nada de lo que ha ocurrido estos siete días es nuevo. Ni lo que dijo Puigdemont el lunes en el Ayuntamiento de Madrid, ni su negativa del martes a discutir su plan con los representantes de una soberanía nacional que él no reconoce, ni la exigencia de trágala, con ínfulas de ultimátum, que le hizo llegar el miércoles a Rajoy por vía epistolar, ni la supuesta decepción con que saludó el jueves la respuesta del presidente del Gobierno negándose a su requerimiento. Nada de todo eso convierte en proporcional el calentón verbal de Moncloa.

Lo único relativamente novedoso es el texto de la ley de ruptura que leímos el lunes en las páginas de El País. Y no porque su contenido llame mucho la atención –es la transposición articulada de lo que tantas veces habían prometido a sus feligreses los profetas de la independencia–, sino porque demuestra por la vía de los hechos que el desafío va en serio. Junqueras le había dado a entender a Sáenz de Santamaría que los suyos nunca llegarían tan lejos y ella, hipnotizada por su nuevo amigo, creyó que había un cierto grado de impostura en las amenazas independentistas.

No ha sido una buena semana para la vicepresidenta. Primero, el diario de sus entretelas publica la prueba de convicción de que estaba en un guindo y luego descubre que su principal interlocutor en la llamada Operación Diálogo había tratado de engañarla. Decepcionada, el martes le dijo a través de la prensa: «Es la postura menos sincera que yo he visto en los últimos tiempos. No se puede pedir diálogo cuando se está trabajando en secreto por un plan de independencia. Esto de ir de tapadillo retrata a cada cual». ¿En secreto? ¿De tapadillo? Salta a la vista que la pobre mujer estaba hecha un lío.

Por ahí viene –creo yo– la explicación del enfado gubernamental. Rajoy no puede permitirse el lujo de aparecer en público, por segunda vez, como el ingenuo que se dejó timar dos veces con la misma estampita. Ya se creyó el 9-N que la Generalitat iba de farol y embridó al fiscal para que no presentara querellas preventivas que podían haber evitado el bochornoso espectáculo de las urnas de cartón. Ahora el discurso ya es otro: si la amenaza va en serio, la réplica, también. Por eso Cospedal y Méndez de Vigo han hablado de golpe de Estado y Zoido ha prometido que tomará todas las medidas que tenga que tomar para impedir el referéndum.

¿Pero de qué medidas hablamos? Las palabras no son inocentes. La referencia al golpe de Estado induce a pensar que el Gobierno esgrime la amenaza de un posible delito de sedición, castigado en el código penal con penas de hasta quince años de cárcel. Es un hecho cierto que el fiscal quiso abrir esa vía antes de que se consumara el 9-N y que el Gobierno se lo impidió porque no le parecía una respuesta proporcional. ¿Hará ahora lo que no quiso hacer entonces? ¿Es ese el mensaje que pretende hacerles llegar a los independentistas?

Tal vez. Pero me apuesto pincho de tortilla y caña a que Rajoy no se atreverá a hacerlo. El respaldo que le ha garantizado Pedro Sánchez en las últimas horas no da para tanto y el presidente quiere que su réplica tenga el mayor consenso político posible. La idea, sí, es intimidar con la privación de libertad –el miedo a la inhabilitación no ha surtido efecto–, pero el delito que contempla es el de malversación, castigado con penas de hasta seis años de cárcel. Hay quien piensa que con eso bastará para que Puigdemont y los suyos depongan las urnas. Desternillante.

LUIS HERRERO – ABC – 27/05/17