Teodoro León Gross
  • «De momento, izquierda y derecha seguramente se conforman con mantener la cohesión de su clientela con los mecanismos de la industria de la mentira»

La transformación de la política debe mucho a su reconversión narrativa: difundir la información en forma de relato. Eso es el storytelling. Y así lo resume Paul Costello, pionero director de Storywise: coge los hechos y conviértelos en una historia. Una vez que la información se concibe como relato, con su carga emocional y moral en el reparto de papeles de buenos y malos, incluso con morfología de cuento al modo de Vladimir Propp… el valor de la información ya es irrelevante.

«Ayuso, asesina», se coreaba el domingo en la manifestación multitudinaria, y el lunes se preguntaban muchos en qué se diferencia el Gobierno de Sánchez de una dictadura. Hay una clientela para esas narrativas vertebradas con algunos datos, pero descoyuntadas con adjetivos hiperbólicos y las dosis oportunas de emoción. En Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, Christian Salmon definía esto como un  «arma de distracción masiva» para movilizar opiniones, o sea, para ejercer un control sobre las opiniones.

Aquí se trata de confrontar relatos para ver cuál se impone, cuál prevalece.

«No es importante que sea mentira si es eficaz»

El Gobierno ha empaquetado su reforma de la sedición como una armonización continental, para ser un país más moderno y europeo. El relato, repetido con admirable determinación, insiste en que se hace porque el presidente cumple su palabra escrupulosamente, sacrificando su propio futuro a la convivencia en Cataluña… No es importante que sea mentira si es eficaz; y hacía tiempo que no se veía una campaña tan articulada de persuasión. Algún diario afín casi parecía este fin de semana a punto de envolver sus titulares con lazos rosas;  y en alguna radio de cabecera sólo faltan los coros angelicales de voces tiples y mezzosopranos como trasfondo de la armonización.

Ayuso, a su vez, explica que han salido decenas de miles de ciudadanos a la calle como una confabulación del «comunismo», cuasi judeomasónica, para «incendiar las calles» y «confundir» con «todo tipo de mentiras» con el que dotarse de «un motivo con el que llamar a las urnas». Explicar las deficiencias en la Atención Primaria es más difícil, ciertamente, que todo eso.

Después, claro, está la realidad. Pero el Principio de Realidad desbarata, según Freud, el Principio de Placer; y los especialistas saben que la gente prefiere disfrutar con esas buenas milongas diseñadas ad hoc: una historia poderosa, desentendiéndose de los datos, preferiblemente corta y directa para enfocar su mensaje con la carga emocional que convierta al rival en antihéroe canalla y a tu jefe de partido en héroe. Al final, como dice Evan Cornog (The Power and The Story), el país se la juega con estas historias.

«Parece que estamos a cinco minutos de que propongan el carnet del PSOE como atenuante en el Código Penal»

Cuando Sánchez dice que «los grupos parlamentarios son libres de presentar las enmiendas que consideren», está diciendo que tenemos atado y bien atado también lo de la malversación, que salvará a buena parte del aparato indepe del 1-O y además a los condenados de los ERE, pero todo convenientemente blanqueado como requieren las conciencias de su clientela para imaginarse como campeones del progreso democrático, aunque por momentos empiece a parecer que estamos a cinco minutos de que propongan el carnet de PSOE como atenuante en el Código Penal.

Cuando Ayuso dice que la oposición «busca imponer un régimen totalitario con exclusión de los que piensan diferente» y, en definitiva, «imponer en España una república federal laica de facto desmontando el Estado de derecho y el orden constitucional por atrás» para insistir en que a la izquierda le estorba la Historia, la Corona, la Guardia civil, la FFAA, Madrid, los jueces y la prensa libre… Se trata de excitar a los suyos, con una siniestra carga emocional adecuada, para que  su clientela sienta que no hay un problema de Sanidad, sino una campaña furiosa de la Antiespaña, que es Antimadrid.

Parece que en este punto las expectativas para izquierda y derecha pasan, sobre todo, por estos relatos. No parece que ninguna tenga la capacidad de funcionar como Caballo de Troya, o sea, uno de esos relatos capaces de penetrar en las líneas de los adversarios, seducidos por su apariencia, y allí derribar los muros de su escepticismo para conquistar espacios electorales. De momento, unos y otros seguramente se conforman con mantener la cohesión de su clientela excitándola con los mecanismos de la industria de la mentira. E la nave va.