Hay ocasiones en las que incluso los mirones más críticos debemos darnos a razones. Ayer se estrenaban la portavoz del Gobierno y ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez y la de Educación, Pilar Alegría. Las acompañaba en la mesa Reyes Maroto, aka Navajita Plateá, aunque no dijo ni mú sobre la presunta navaja ensangrentada ni sobre las balas que presuntamente recibieron sus congéneres Marlasca e Iglesias. La nueva es un éxito de Sánchez y así deber reconocerse. Después de dos portavozas como Isabel Celaá, que renqueaba en los conceptos y Mª Jesús Montero, a quien solo le faltaba hablar, la antigua alcaldesa de Puertollano da bien ante las cámaras y vocaliza cuando habla.

No son estas cuestiones menores, aunque probablemente la mayor virtud para su jefe sea su capacidad de hablar sin decir nada. Para empezar, engatilló tres lugares comunes rutilantes: pistoletazo de salida, hoja de ruta y coger las riendas. Uno esperaba oírle: me voy a dejar la piel y hay que tirar del carro, pero la elocuencia viene a rachas. Surfeó sobre la primera pregunta del periodista Elordi Cué, razonablemente interesado por la fuga de Iván Redondo, que no creyó necesario ir al relevo para entregar el testigo a su sucesor. Sin haber llegado a saber de quién era el empeño en hacer de él un ministro, si fue una propuesta de Sánchez o un antojo del propio Iván, sí parece confirmado que el ex factótum de La Moncloa intentó no ser liquidado junto a los que debía de considerar morralla; que prefería cesar a ser destituido, hacer rancho aparte en el lance del adiós.

Y todo en el mismo plan, porque no respondió a nada. Fue extraordinario su escaqueo ante las tres preguntas que se le hicieron sobre Cuba, un país que está reventando las costuras por la libertad, en el que la corresponsal de ABC, Camila Acosta, está detenida por hacer su trabajo de informar y en el que el Gobierno sanchista y José Borrell, el fulano colocado en la UE como alto representante para Asuntos Exteriores, que solo se atreve a pedir (a suplicar quizá) que el dictador Canel tenga a bien autorizar al personal a que se manifieste. Borrell y Grande Marlasca, dos sanchistas a los que admiré sin fundamento en otros tiempos, son la prueba material de que todo lo que toca este tío lo emputece, ya sé que está dicho, pero es una definición precisa.

Cayetana Álvarez de Toledo acertó al calificar la nota de prensa del compañero de Sánchez en el Falcon, que es el nuevo ministro de Exteriores: “Amigos cubanos, por favor, perdonen este miserable comunicado evacuado por el Ministerio de Exteriores español”. Bueno, pues no hubo manera de que la portavoz se pronunciase sobre Cuba, ni sobre su condición de dictadura. Solo acertó a decir que España es una democracia. Cuando se le apretó, creo que fue Cristina de la Hoz, de El Independiente, sobre la posición de los socios de Gobierno negando que Cuba fuese una dictadura, dijo que su función como portavoz del Gobierno no era valorar las posiciones de los partidos que lo forman, mientras decenas de dirigentes podemitas insistían en llamar ‘bloqueo’ al embargo cubano y en echar la culpa a los EEUU, naturalmente. Pero es que cuando fue preguntada por el referéndum que proponía su antecesor sobre el referéndum de autogobierno, la financiación para Cataluña y la Comisión Bilateral, tiró por la misma senda: ella no estaba allí para valorar la posición de Iceta. Algún día resolverá el tema repartiendo fotocopias del B.O.E. Todo irá bien mientras sonría, pero la ideología la pone Podemos, que conste.