Homs, el centauro

EL MUNDO 09/02/17
ARCADI ESPADA

– ¡Qué lástima!

Así deletreó el diputado Homs el bufido final de su declaración después de comprobar que el fiscal Ulled renunciaba a interrogarle. El fiscal es un hombre que inspira una gran curiosidad. El primer día los tres acusados se negaron a responderle, porque consideran que representa a la acusación particular del Gobierno de España. Pudo dejar sus preguntas en el vacío, lo que hubiera conformado una útil estructura ausente de sus argumentos, pero prefirió callarse. Y cuando un acusado en forma de testigo (ahora mismo aclaro esta figura centaura) le está pidiendo fuego con los ojos, se arrincona y vuelve a callar. Por lo observado, parece que al fiscal Ulled solo le interesa interrogar a informáticos. ¡Y sin saber lo que es una Dns! A última hora de la noche del martes el presidente del tribunal tuvo que mandarlo a descansar después de que lo viera incapaz de salirse del bucle donde se había metido en su interrogatorio a los técnicos y gestores que llevaron a cabo el diseño informático del 9-N. Inspiraba verdadera piedad comprobar en su rostro el efecto que causa el alcohol de los datos: cuando es la investigación misma y no la verdad la que llega a convertirse en el objetivo.

El fiscal sufre contradicciones humanísimas. Estos días ha dejado ver en alguna de sus manifestaciones el respeto que le produce el proceso participativo, de cuyos organizadores interesa al tiempo la condena. Y ayer explicó (el presidente del tribunal lo interrumpió, pero tarde) que no quiso interrogar a Homs para no perturbar su derecho a la defensa. Tiene su explicación: Homs está acusado de la misma desobediencia que los otros tres, pero su causa la verá el Supremo en las próximas semanas, por su fuero como diputado español. Y lo interesante es que su incorporación al paquete la pidió el propio fiscal Ulled, mientras investigaba la causa contra Masss, al comprobar que después de la prohibición del Constitucional del día 4 de noviembre alentó a los proveedores informáticos a seguir como si tal cosa. El fiscal Ulled no sabe de informática, pero le está agradecido. Un punto demasiado, ya hemos visto.

Las defensas hicieron declarar como testigo a Homs. Su procesamiento pendiente le obligó a hacerlo asistido de su abogada, no fuera alguna pregunta a perjudicar su futuro. Pero Homs solo quería perjudicarse. Su declaración tuvo un tono firme y orgulloso. Una nobleza campesina que cautivó al propio presidente Barrientos, tan puntilloso con las formas, que transigió con que Homs no le mirara. Porque el testigo, mientras habla, no debe dirigirse a su izquierda, donde lo acusan, ni a su derecha, donde lo defienden, sino a los ojos del presidente, donde todas las opiniones se deslíen en la verdad.

La decisión del magistrado fue aún más inadecuada si se tiene en cuenta lo mucho que le gusta dar la cara al diputado Homs. No se encontró a gusto ante la estrategia de las defensas. Es verdad que dio todo tipo de explicaciones sobre la seguridad jurídica en que se movió siempre su Gobierno. Unas explicaciones dichas con una arrogancia muy simpática en su candor. Por ejemplo, su viva descripción del momento en que llegó el papel del Tribunal Constitucional: echándole un ojo desde el abismo de su 1,70 y comprobando («yo, claro, ya tenía formado un criterio») que el papel odiaba al delito y compadecía al delincuente, fue corriendo a su Consejo y les dijo: «¡Nois, l’han cagat!». Tampoco le importó luego entrar en aclaraciones non petitas sobre sí mismo, asegurando que no era un simple intermediario entre los juristas y los miembros del Gobierno; que «yo configuraba, ¿me entiende?», como le insistía al fino abogado Melero. Pero todos esos plegamientos a la estrategia jurídica planteada por la defensa acabaron por romperse cuando admitió estar perfectamente al caso de todas las prohibiciones. Él dijo que no era un ingenuo, pero el que pasó entonces por la Sala fue el chico concreto de Media Markt, comercio.

La naturaleza centaura del diputado Homs permite una hipótesis llamativa. La de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña condene a Masss y el Tribunal Supremo de España absuelva al diputado Homs. Y que, en perfecta lógica y mediado el correspondiente recurso de las defensas, sea el Tribunal Supremo el que acabe absolviendo a todos los encausados. A ver si algún socialdemócrata pro reo cae en la cuenta y refunda así España ya para siempre.