Sofía Castañón es otra fenómena de Podemos, que en una intervención memorable en el Congreso dijo el martes: “Se lo he dicho claro a los ultras: Educación sexual para decidir; anticonceptivos para no abortar. Aborto para no morir”.

Mi buena amiga Louella Parsons tiró de analogía y rescató de una carpeta una información mía de hace la tira, de la campaña electoral de octubre de 1982. El PSOE llevaba en su programa la despenalización de los tres supuestos del aborto y yo asistí como periodista a una mesa redonda de partidos sobre el tema y lo que recordó Louella fue la intervención del dirigente de Herri Batasuna, Txomin Ziluaga, que dijo: “En HB no es que seamos partidarios del aborto, pero tenemos que tener en cuenta que cada año abortan en Euskadi 3.000 mujeres en unas condiciones de salubridad tan infrahumanas que peligra, no solo la vida de la madre, sino también la de la criatura”. Aborto para no morir, que dice la Castañón.

Fui un seguidor perseverante de este hombre desde que leí una entrevista inenarrable que le hicieron en ’Hoja del Lunes’ de Bilbao bajo un titular extraordinario en el que explicaba muy sintéticamente la ontología de la banda terrorista. Era aquel un titular tomista, no por meter el dedo en la llaga, como habría interpretado Carmen Calvo, sino por Santo Tomás de Aquino. Decía: “ETA tiene su razón de ser en la realidad de su existencia”.

Y no hay dos sin tres. Quiso expresar la posición de su partido sobre el divorcio y fue aquella otra cumbre del pensamiento occidental: “Que conste que todos los miembros de Herri Batasuna somos hijos de familias muy unidas, pero vivimos en una sociedad capitalista que no garantiza una enseñanza gratuita ni una educación para todos. Por eso, pensamos que el divorcio tiene que existir”.

Hay que decir en su favor que pidió a ETA que se tomara unas vacaciones después del atentado de Hipercor, lo que le costó el ostracismo en la Izquierda Abertzale. Pero siempre lo recordaré por sus hallazgos conceptuales. Para mí llegó a ser un personaje. Cuando murió, en el año 2012, en cierto modo lo sentí.

Suki alertaba en Twitter contra los excesos de la prosopopeya, tipo la Pachamama  y derivados: “La tierra no está intentando decirnos nada. Es más, contigo concrtamente, es que no quiere ni hablar!.

Javier Villamor se explicaba razonablemente: Si has apoyado a Cristina Perwez por la contestación de Macarena Olona, pero callas ante el desprecio de Pablo Echenique a Josu Cárdenas, no te importa la profesión de periodista. O jugamos todos o nadie”.

Los periodistas hemos venido a este mundo a preguntar, parece pensar la mayor parte de quienes consideran inadmisible la pregunta de Macarena Olona  a la periodista de La Sexta. Esos mismos periodistas se la envainan cuando las instituciones y los partidos les imponen ruedas de prensa ‘sin preguntas’. Quien parece que no ha venido a este mundo a responder es el Gobierno. Solo seis ministros de 22 asistieron a la sesión de control al Gobierno. De las 22 preguntas que registró la oposición, la tropa de Sánchez solo respondió a ocho. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Llueve sobre mojado, una, dos, tres veces y siempre con los mismos adjetivos. Recordarás, Federico, cuando Rubalcaba explicó la razón de que el Gobierno pusiera en libertad a Iñaki de Juana Chaos. “por razones humanitarias y por razones legales”. Las mismas razones dio Jorge Fernández para justificar la excarcelación de Josu Bolinaga, el secuestrador de Ortega Lara. “Por razones humanitarias y conforme a la Ley” fueron las razones de Sánchez para justificar la entrada de Brahim Ghali. Rubalcaba y Fernández, al decir “por razones legales” confundieron lo que la ley permite con aquello a que la ley obliga. Lo de Sánchez va un pasito más allá: no puede ser conforme a la ley la entrada en territorio español con un pasaporte FALSO. O distinto, como prefería decir la pobre Laya.