Incertidumbre

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 14/12/15

· Luchan en estos momentos en muchos españoles el corazón y la cabeza, la rabia y los intereses.

Entramos en la última recta de la carrera electoral, en el sprint definitivo, en la hora de la verdad. Ha sido la campaña más larga, con más debates televisados, con más encuestas… y con menos claridad sobre el desenlace. Lo único seguro es que puede ocurrir cualquier cosa. Desde que el PP gane con mayoría suficiente para gobernar a que le manden sin contemplaciones a la oposición, que a su vez está más segmentada que nunca, pues ni siquiera sabemos quién será el segundo ni el tercero, tan empatados andan y tan contradictorias tendencias mueven al electorado. Satisfechos, lo que se dice satisfechos, hay hoy muy pocos españoles. Incluidos los que compiten, que se dedican a airear los males de los otros, que son muchos, más que los méritos propios, que son pocos.

Rajoy puede presumir de la recuperación económica, pero como se la niegan –apuntando a los parados que quedan, a los contratos temporales y a los nuevos ajustes que le exige Bruselas–, apenas le sirve. Más valor tiene haber quitado la espoleta a la bomba a una Cataluña a punto de declararse independiente y hoy incapaz de elegir presidente. Sin haber sacado los tanques ni metido en la cárcel a nadie, gracias a haber sabido aguantar el envite, dejarlo freírse en su propia salsa y estrellarse contra la realidad. Pero nadie habla de ello, ni siquiera los del PP, que es lo más extraño.

A Sánchez se le hace un favor no hablando de él. Su federalismo y su reforma de la reforma del mercado laboral de Rajoy parece aún más antiguo que este. Y no digamos nada de sus críticas a la indumentaria de Iglesias o a la inexperiencia de Rivera. Ambos siguen atizando a los dos grandes y presumiendo de virginidad política y económica, que es mucho en estos tiempos de corrupción. Pero ya veremos lo que les dura cuando comiencen a hacer política de verdad, que no es precisamente un convento.

En este escenario tan abigarrado y confuso, no extraña que los indecisos sigan siendo muchos, aunque posiblemente no tantos como arrojan las encuestas. Pero siempre serán bastantes para darle una alegría o un disgusto a cualquiera de los contendientes. Todos ellos son conscientes de que, como las carreras en que se llega a la meta en pelotón, el menor error puede ser fatal, por lo que procuran no cometerlo, aunque saben también que el ganador será quien llegue con más fuerza para imponerse en el último metro.

En cuanto a los espectadores, que en realidad son quienes decidirán, la confusión no es menor. Luchan en estos momentos en muchos españoles el corazón y la cabeza, la rabia y los intereses, el pasado y el futuro, las ganas de dar una patada a Rajoy por lo que les ha hecho sufrir y el temor de que terminen dándosela en su propio trasero. ¿Qué va a imponerse, el arrebato o la cautela? De ello dependerá no sólo quién será el próximo presidente, sino también el grado de madurez de un pueblo que, hasta ahora, apenas había decidido su futuro. De ahí su incertidumbre y, diría, congoja. Pero esa es la democracia: elegir, a veces, entre dos males, el menor.

JOSÉ MARÍA CARRASCAL – ABC – 14/12/15