Inmóviles

EL MUNDO 15/05/14
ARCADI ESPADA

Como cualquier otro porqué, el móvil de un crimen es difícil de determinar. En la decisión criminal influyen tantos hechos biológicos y ambientales que, a veces, ni el propio asesino es una fuente de explicación fiable. La literatura policial recomienda que en la investigación de un crimen se busque el dinero o el sexo (cherchez l’argent, cherchez la femme), pero esa búsqueda del poder, común a todos los hombres, genera criminales en una ínfima minoría. De modo que si el sexo o el dinero pueden ser causas, también pueden ser expresiones de una naturaleza violenta. La dificultad de determinar el móvil es inversamente proporcional al interés de la gente por conocerlo. Hay pocas cosas tan desasosegantes socialmente como los crímenes inexplicables. Y se comprende: con independencia de la feroz curiosidad humana el conocimiento de los motivos de un asesinato contribuye a la autoprotección. El relato de un móvil criminal con frecuencia está lejos de ser objetivo. De un modo sólo levemente metafórico puede decirse que, en ciertos crímenes, la época escoge su explicación.

Este último de León, por ejemplo. Matan en la calle a un alto cargo político y a los pocos minutos, literalmente, ya brilla deslumbrante el móvil: dejó sin trabajo a la hija de la asesina. Es una explicación que le va como un guante a esta época de crisis y de desprecio de los políticos. Una explicación, además, que los propios políticos han hecho suya, aun indirectamente. Me pregunto si el presidente Rajoy habría ido al entierro de la presidenta si, por poner un ejemplo, el móvil estuviese de algún modo relacionado con eso que los antiguos llamaban un crimen pasional. Y también si la campaña electoral se habría suspendido en ese caso; aunque no dudo, ¡desde luego!, que dado el caso se habría suspendido aún más radical y enfáticamente si el asesino hubiera sido un hombre, porque entonces el hecho, con sólo cambiarle la coma genital, ya hubiese podido inscribirse impecablemente en los estándares de la llamada violencia de género.
Se ha dicho muchas veces que hay asesinatos que explican una época. El galdosiano de la calle Fuencarral. El de Carmen Broto de Marsé. El de las niñas de Alcàsser. Pero sucede todo lo contrario. Son las épocas, y sus necesidades simbólicas, las que explican los crímenes. Del fuego cruzado de las interpretaciones lo único que queda a salvo son los muertos.