María José Fuenteálamo-ABC
- Koldo se muestra retador. En el fisvcal Alejandro Luzón cree haber encontrado el justiciero un enemigo a su altura
A la par que ha llegado a las salas españolas ‘El diablo se viste de Prada 2’ se ha estrenado en la de vistas del Supremo la cinta ‘La banda se viste de ONG’, primera entrega de la que, sin duda, será una nueva saga del cine patrio. La película –que nos intentan vender– bien podría haber sido filmada por Santiago Segura, pero hasta sus Torrentes lucen más verosimilitud que la conversión en hermanita de la caridad de Koldo García Izaguirre ante el tribunal que lo juzga.
El actor anteriormente conocido por sus papeles de vigilante de seguridad y escolta, al que se le incautaron cientos de grabaciones de conversaciones, sorprende en pantalla –el juicio se emite en directo por el canal de YouTube del Supremo– con su nuevo papel de ‘fixer’. De arregla todo. Pero no sólo eso, sino que se presenta a sí mismo como el más diligente empleado no del Ministerio para el que trabajaba, el de Transportes de Ábalos, sino de todo el Gobierno de Sánchez. Empleado del mes. Viendo su intervención, al espectador no le queda duda alguna de que el mayor error de Sánchez en esta legislatura ha sido no llamarlo para los Presupuestos. De haber recibido esa orden, hoy España los tendría.
No había para Koldo García empresa en apuros que se le resistiera. Siempre estaba «en su despacho» dispuesto a ayudar a cualquier mercantil en aprietos, ha confesado el asesor perfecto. No sólo por él, también porque, a diferencia de la insaciable Miranda Priestly de ‘El diablo se viste de Prada’, el coprotagonista de ‘La banda se viste de ONG’ tenía un jefe «sencillo» que «se conformaba con poco». Esa alma cándida es José Luis Ábalos, currante incansable. Por eso Koldo le sacaba las castañas del fuego, porque de tanto trabajar al exministro no le daba tiempo a gestionar sus asuntos privados. Como las casas de vacaciones o las cuestiones extramatrimoniales. Tan bueno era su jefe que, a veces, se convertía en marioneta de malignos personajes. Dejándose llevar por clichés algo apolillados el personaje de Koldo arremete contra una mala mujer. Una sirena que cantaba –y amenazaba con hablar– a los oídos de su jefe. Él hizo lo posible por salvarlo. Este tipo de tramas de antes de los tiempos del Ministerio de Igualdad tiene su público. No hay héroe sin villanos. Si y Ábalos eran un tándem ONG, sus antagonistas, en este film, son esa mujer dañina y un fiscal que pacta con quien no debe (Aldama). Por eso, contra él, Koldo se muestra retador. En Alejandro Luzón cree haber encontrado el justiciero un enemigo a su altura. Sólo a él le enseña su verdadera cara (dura).
Otros secundarios sobrevuelan la trama. Hay uno llamado Pedro Sánchez a quien se nombra en la trama, aunque no aparece en pantalla. Todavía. Sánchez, como Koldo, es un personaje al que le gusta vestirse, o revestirse, de ONG. Sólo que cada vez es más un rey desnudo. Pero esa ya es otra película. Eso sí, de la misma saga.