Menos Iglesias e Illa, que ya están fuera, todos los demás

Nadie es héroe para su ayuda de cámara, dijo madame Cornuel, inspirándose en Montaigne. Los hombres de Estado muestran en la vida una poquedad que nadie les imaginaría a juzgar por el desahogo con que resuelven sus asuntos públicos.  Es conocido que Franco resolvía las crisis de Gobierno mediante el motorista que se encargaba de llevar el sobre con la mala nueva de la destitución a los salientes.

El dictador pasaba malos ratos al comunicar a los desgraciados su decisión. Uno de sus ministros,  Manuel Arburúa de la Miyar, que lo fue de Comercio en los años 50 y suegro de Marcelino Oreja, recibió la carta fatídica y dado que gozaba de cierta privanza con el jefe del Estado aprovechó la recepción del 18 de julio conocer la causa de su destitución, instigado por su mujer. Franco, que tenía el don de la alteridad como pocos, le dijo a modo de consuelo: “Desengáñese, amigo Arburúa; que vienen a por nosotros, que vienen a por nosotros”. Puede que mostrara más resolución unas veces que otras y que orientó su régimen en función de las conveniencias y del estado del tiempo: a medida que avanzaba la 2ª guerra mundial y los aliados mejoraban sus posiciones, él moduló sus simpatías por Hitler y basculó hacia el anticomunismo, lo que le permitió acomodarse al socaire de la guerra fría. Uno de los destituidos era su propio cuñado, Ramón Serrano Suñer.

Llegó a ser legendaria la renuencia de Felipe González a cambiar ministros. Alguno de ellos que acudió a La Moncloa para ser destituido, salió de su conversación con el presidente creyendo que lo había confirmado en el cargo, después de una de sus peroratas. Contaba con gracia Mario Onaindía, que habiéndole llamado para conocer su opinión sobre eso que se dio en llamar ‘el problema vasco’, tuvo al fin de la entrevista la impresión de que Felipe lo había llamado para explicárselo él.

Otra cosa es Sánchez frente a la decisión de cambiar ministros. Empezó con mucho brío, nombrando al ministro más breve de la democracia, Màxim Huerta, una semana. También fue corta Carmen Montón, tres meses, tras los que dimitió por plagiar el trabajo de fin de master. ¡Por plagiar, qué tontería! Todos sus sucesores en Sanidad, Carcedo, Illa y no digamos Darias, han sido peores que ella. Estos dos casos le vacunaron y decidió ponerse cien veces amarillo. Los ministros del sanchismo esperan una crisis de Gobierno después de los indultos y la vacunación. Si es por los indultos será en verano, si por las vacunas igual nos vamos a después de Navidades.

Va a ser interesante la crisis. Dicen que va a reducir el número de carteras. Fue mucho el gusto que dio a la peña la salida de Pablo Iglesias, pero fue un cese, o sea a petición propia. ¿Podrá Sánchez destituir a cualquier maula de Podemos?: Irene, Belarra, qué gran acierto quien la bautizó como ‘la niña de la curva’, Garzón y Castells. Frente a esta tropa hay quien considera normal a Yolanda. Y luego todos los demás, empezando por é mismo. Incluso los que parecían alfabetizados. ¿Recuerdan la campaña contra Abascal por decir que el de Sánchez era el peor Gobierno de los últimos 80 años? Un gobierno democrático no es comparable con el de una dictadura, pero sí se pueden medir las capacidades intelectuales de unos y otros. Franco sacaba sus ministros de las elites de los cuerpos de la Administración. Los de Sánchez, en su mayoría, no estaban alfabetizados del todo.