Manuel Marín-Vozpópuli
- La derecha, PP y Vox, se ha vuelto a equivocar. Ahora, poniendo en duda el sistema con el censo de nacionalizados en el extranjero. Ya no es momento de flagelarse y escandalizarse, sino de usar contra Sánchez las mismas reglas del juego que él ha impuesto
Ocurrió en la manifestación sindical convocada el 1 de mayo por el Día del Trabajo. Mujer de mediana edad, gafas de sol estilo Martirio, gorra roja tipo ciclista de los años setenta con el logo de UGT Madrid, camiseta negra con la palabra Precious… Entrevista callejera que se convirtió en viral en redes sociales y aún hoy continúa circulando:
- ¿Le gusta Pedro Sánchez?
- Visto lo visto, te voy a decir que sí.
- ¿Y le votará en las próximas elecciones?
- Pues sí, le voy a votar (tras un cierto silencio meditabundo).
- ¿Por qué?
- Porque más vale corrupto conocido que corrupto por conocer.
Pues no hay más preguntas, señoría. Es una entrevista real a una persona real. No es Inteligencia Artificial. Existen ciudadanos que, “visto lo visto”, piensan así, y eso es exactamente lo que todavía no ha conseguido aprender la derecha. Ni la derecha política, ni la sociológica. Existen fanáticos del odio ideológico y punto. Fanáticos de Pedro, de Begoña, de David, de José Luis, de Santos, de Koldo, de Álvaro-fiscal, de Leire… Y la derecha sigue sin enterarse. Sale un tipo de Izquierda Unida de Andalucía y dice que lo acordado por PP y Vox en Sevilla para gobernar esa comunidad, que fue la más corrupta de España durante 38 años de socialismo, es “una vergüenza”. Mientras, esa misma izquierda justifica que el PSOE se abrace a Bildu celebrando la excarcelación de etarras, auspicia un cambio de régimen en España con mutaciones constitucionales por la vía de los hechos consumados, y falsea la historia con revanchismo para fabricar pucherazos invisibles. En cambio, la derecha se ha entregado a un bastión ultra de jueces fascistas que han preparado un golpe de Estado mediante sentencias condenatorias contra pobres izquierdistas. Lo dicho. Es preferible un corrupto conocido que uno por conocer. Y nadie en la derecha se resiente. Que nada les disturbe. Que nadie se movilice, como si para el PP entregar una vicepresidencia andaluza a Vox debiese ser motivo de vergüenza. ¡Qué más da! ¿Cuál es el complejo? Que sí, que Guardiola, y Azcón, y Mañueco y ahora Moreno se pasaron de frenada y están en manos de Vox firmando y asumiendo exactamente lo contrario de lo que pregonaban. Pero eso la izquierda lo rentabiliza con arte y el PP no sabe ni qué contestar pese a que ya han pasado más de dos años para fabricarse un discurso del método sobre Vox. Pero nada.
La derecha, PP y Vox, se ha vuelto a equivocar. Ahora, poniendo en duda el sistema en España con el censo de nacionalizados en el extranjero. ¿Pedro Sánchez es capaz de crear una legislación específica en España para adulterar el voto exterior, fingiendo además satisfacer una causa noble como la ‘memoria histórica’ del republicanismo? Naturalmente. Ya hemos visto un vídeo sobre lo que quería hacer en aquel Comité Federal de 2016, con aquel tipo sacando una urna de la nada y paseándola con votos dentro que ningún compromisario había depositado. ¿Pedro Sánchez es capaz de destinar dinero público para que se infle artificialmente el censo electoral y los consulados manejen los votos? Sí. Se llama ingeniería electoral. ¿Pedro Sánchez es capaz de asignar un voto fantasma de nietos fantasmas a circunscripciones tácticas para que un escaño en liza por unos cientos de votos dependa de un nieto uruguayo o argentino que no sabe ni qué es España ni le interesa? Hemos visto y leído a la UCO con audios de Koldo diciendo aquello de “mete unos votos en la urna”. ¿Es Sánchez capaz de un pucherazo de diseño? Sin duda. Lo es. Porque vive de eso. De trampear la democracia, de pervertir el sistema, de prostituir la verdad.
Pero poner en cuestión el sistema es un error. Y no porque el sistema no esté en cuestión, que empieza a estarlo. Sino porque victimiza a Sánchez y a todo esos fanáticos con gorra roja cualquier 1 de mayo diciendo aquello de que robar no está bien, pero si es uno de los nuestros, bien está. Sostener que hay en marcha un fraude electoral masivo sin acudir a un juzgado para denunciarlo es un ejercicio vano que terminará movilizando a chilenos o a colombianos por dos chucherías. Este proceso victimiza al PSOE. Favorece la estúpida idea difundida por la izquierda de que está en marcha un golpe judicial contra Sánchez y contra la democracia porque la derecha no podría acceder de ningún otro modo al poder. Hace tres años, la derecha puso en duda el voto por correo y se rasgó las vestiduras. Error. Después, la derecha utilizó como un lema divertido aquello de “que te vote Txapote”. Error. Porque al final, le votó Txapote y millones de txapoteros que se han creído la memez de un fascismo en ciernes.
La derecha sostiene ahora que Sánchez busca votos argentinos, colombianos, chilenos, cubanos y mexicanos a la desesperada. Y es así. Cómo no. Pero de nuevo es un error. La derecha es insulsa. El PP y Vox dependen uno del otro. Por separado son fuertes, pero no gobiernan el Estado. No suman a nadie para una moción de censura. Se indignan, protegen a sus parroquias, se hacen los ofendidos recíprocos y mantienen la simulación perpetua. Alegan que Sánchez es un corrupto, el ‘one’ de la porquería, un gañán autocrático en toda regla, y se fustigan. Como sus votantes, todos ansiosos de que alguien ponga fin al sanchismo de una vez. Pero ahí está nuestra sindicalista, la que prefiere un corrupto conocido a otro por conocer. El voto exterior siempre fue irrelevante y me temo que seguirá siéndolo. Mucho jamón a escondidas tienes que llevar a Cuba para el pucherazo. La derecha se equivoca con la ansiedad y con las prisas. Echar a Sánchez es un proceso… y no fácil de resolver, sobre todo a partir de la consideración de que el PSOE es un partido cobarde incapaz de alzarse contra un jefe profundamente antidemocrático…, y de que hay una relevante parte de la sociedad que aceptaría que en el PSOE hubiese ladrones condenados con tal de que no gobernase la derecha.
Esa es precisamente la coartada del sanchismo. La simpleza argumental basada en el odio ideológico. Y eso es lo que no termina de entender la derecha. Si Sánchez quiere sumar 100.000 votos en Argentina distribuidos en circunscripciones deliberadamente seleccionadas para que el cuarto o quinto escaño caiga de su parte, me pregunto por qué la derecha es tan ligera de entendederas para presentar listas conjuntas en equis provincias para tumbarle el tinglado a Sánchez. Si creen que esa media España progre se va escandalizar sólo porque Sánchez ha buscado el modo de tener votos regalados a la corrupción en aras del progresismo antifascista, están muy equivocados. Ahí está nuestra sindicalista del artículo. Ahí están los óscar, las leires y los cerdanes. Jodiendo a la Guardia Civil desde dentro. Desangrando a la Fiscalía. Ahí siguen miles de altos funcionaros ejerciendo la indignidad de recibir, y acatar, órdenes del sanchismo a sabiendas de que son injustas. Y ese Tribunal Constitucional de mercenarios…. ¿Por qué si no todo un general de la Guardia Civil iba a aceptar que la UCO hiciera la vista gorda cuando se investigan las golfadas familiares del presidente del Gobierno? Pero no ocurre nada en esta España absorta pero rendida. Ahí está un expresidente del TC, socialista, ojo de izquierdas, dando por hecho que ha llegado el momento de que España, el sistema, quien sea, asuma la responsabilidad de acusar a Sánchez de traición en virtud el artículo 102 de la Constitución. Porque es el momento en que España tiene que decidir entre seguir a bordo de una democracia o entregar todo a un presidente sin escrúpulos que ha convertido un régimen democrático, con todas sus virtudes y sus taras, en un cortijo autoritario. Haría bien la derecha en empezar a asumir la pelea con las reglas del juego que nos impone Sánchez a todos, y dejar de flagelarse-escandalizarse-alarmarse por algo que la izquierda ha naturalizado: la de desear que la corrupción gobierne sus vidas con tal de que la derecha no llegue nunca a La Moncloa.