Alejo Vidal-Quadras-Vozpópuli

  • Urge una biografía que nos revele cómo fue el entorno hogareño y afectivo, así como el escolar, que generó o, no impidió, el crecimiento de un narcisista patológico

Es difícil encontrar en la larga lista de gobernantes que ha tenido España desde el Reino Visigodo de Hispania hasta nuestros días un personaje con la carencia de escrúpulos, ausencia de conciencia ética y falta de respeto a las normas escritas y a las convenciones no escritas que definen un comportamiento honorable, que exhibe con absoluta desfachatez Pedro Sánchez. Por supuesto, en el pescante del Estado con las riendas en las manos ha habido de todo a lo largo de los últimos quince siglos, incompetentes manifiestos, corruptos desaforados, frívolos irresponsables, malvados sin freno.e incluso criminales desalmados. Junto a figuras de la talla del Cardenal Cisneros, el conde-duque de Olivares, el conde de Floridablanca Antonio Cánovas del Castillo, los españoles de otros tiempos tuvieron que sufrir a tipos como el duque de Lerma, Manuel Godoy y Francisco Largo Caballero o, ya en la contemporaneidad, a José Luis Rodríguez Zapatero.

Cuando se examina la turbia ejecutoria de nuestro actual presidente del Gobierno, su reguero de atropellos a la Constitución, corruptelas varias, leyes nefastas, actuaciones internacionales contrarias al interés nacional y traiciones a su país, cualquier ciudadano sensato y patriota se ve invadido por una mezcla insoportable de indignación, incredulidad y repulsión. Hay que tener presente que este individuo no tiene a día de hoy mayoría en el Congreso, no puede legislar y sólo puede recurrir a decretos, no ha conseguido aprobar presupuestos durante tres legislaturas consecutivas, intentó conservar la secretaría general de su partido mediante un pucherazo, se dispone a alterar el censo electoral a base de malas artes, presentó una tesis doctoral que probablemente ni había leído redactada por otros y armada con fragmentos corta y pega de informes oficiales ya publicados, ha firmado libros que no ha escrito, financió su campaña de primarias con dinero procedente de los prostíbulos regentados por la familia de su mujer, la divisiva ley de Memoria Histórica impulsada por su correligionario coleccionista de gemas de origen desconocido la reemplazó por otra aún más sectaria y corrosiva, se ha complacido en imponer a la sociedad española toda la basura ideológica del conglomerado woke, ha amnistiado a los golpistas catalanes abriendo paso así a la descomposición de la Nación que prometió preservar y defender, se ha arrodillado ante nuestro vecino meridional más amenazador, ha visto a sus dos secretarios de organización en el banquillo, uno ya condenado y el otro a punto de serlo, los casos de presunta corrupción en su entorno más íntimo van por mal camino, su Fiscal General perdió el puesto por graves delitos sin que le faltase nunca su apoyo explícito y constante, cada día se conocen nuevas imputaciones de al†os cargos de la Administración o de empresas públicas nombrados por él o sus ministros, medidas adoptadas de forma abusiva para supuestamente paliar los efectos de la pandemia de coronavirus fueron declaradas inconstitucionales por el Tribunal competente y, colmo de la abyección, elevó a la categoría de socio preferente de su Ejecutivo y lo mantiene, al brazo político de una banda terrorista. 

Una militancia alienada

Pues bien, este dechado de virtudes cívicas y personales fue reelegido secretario general del PSOE por una militancia alienada después de que los principales dirigentes de su partido le hubieran apeado de la poltrona precisamente para evitar la cantidad de barbaridades que a continuación ha perpetrado. Asimismo, sorprende que en un grupo parlamentario de un centenar largo de escaños, no haya ni un solo representante que reaccione frente a la notoria degradación moral y política del Gobierno al que respaldan. En la actualidad, las voces abiertamente críticas con la catástrofe sanchista se han reducido a las viejas glorias de la formación, venerables leones desdentados, y al presidente de Castilla-La Mancha, hombre decente, pero con insuficiente cuajo para rebelarse abiertamente, que se limita a amagar y no dar. 

La catadura de su parentela

Entre otras explicaciones del hecho insólito de que alguien con semejante perfil haya alcanzado el puesto electivo máximo de nuestro sistema institucional, no se puede ignorar la influencia de un clima familiar y educativo que favorezca o no la fabricación de una configuración psicológica y ética de estas características. Sobre la catadura de su parentela por parte matrimonial sobran los comentarios, pero ¿y su propia familia? No existe información sobre este asunto, que podría resultar esclarecedora. ¿Qué valores y reglas de conducta le fueron transmitidos en su casa durante su infancia, adolescencia y primera juventud? ¿Y en los colegios en los que cursó primaria, secundaria y bachillerato? ¿Qué profesores tuvo? ¿Qué le enseñaron sobre el Bien y el Mal, sobre lo que es correcto e incorrecto, sobre el cumplimiento de los compromisos adquiridos, sobre la verdad y la mentira? De Zapatero sabemos que vive en una completa inversión axiológica de tintes diabólicos desde que pronunció la monstruosidad: “No es la verdad la que nos hace libres, es la libertad la que nos hace verdaderos”, y nos hizo sentir vergüenza ajena al soltar la bobada de que “la tierra no es de nadie, es del viento”. Sánchez nunca nos ha comunicado qué principios morales rigen sus actos, probablemente porque es un amoral completo y los grandes interrogantes planteados por sacerdotes y filósofos sobre la adecuación de la conducta humana a imperativos de orden superior a lo largo de cinco mil años le son totalmente ajenos.

Además de la sarta de trivialidades contenidas en las serviles hagiografías elaboradas por Irene Lozano, que a estas hazañas literarias ha añadido recientemente una gestión que ha llevado a la quiebra a la Casa Árabe, urge una biografía de Pedro Sánchez que explore esta parte de su trayectoria, la que nos revele cómo fue el entorno hogareño y afectivo, así como el escolar, que generó o, por lo menos, no impidió, el crecimiento y consolidación de un narcisista patológico incapaz de poner límites a su ciega, perversa y destructiva ambición.