Jesús Cacho-Vozpópuli
- Desde junio de 2018, ‘La Casa’ se ha convertido en un mero peón en el juego de las ambiciones personales del dictador vocacional que nos preside.
La imputación judicial del ex presidente Rodríguez Zapatero, «con mucho el español más peligroso» según la antena de la CIA en Madrid, ha vuelto la mirada de algunos compatriotas influyentes hacia la Cuesta de las Perdices, la salida de Madrid por la autopista A6, dirección La Coruña, donde tiene su sede el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), más de 3.000 agentes y un presupuesto de cerca de 400 millones, cuya teórica misión consiste en proporcionar la mejor información posible al Gobierno sobre cualquier peligro, amenaza o agresión susceptible de afectar a la independencia, la integridad territorial y la estabilidad de su Estado de Derecho, para que el jefe del Ejecutivo pueda tomar las decisiones pertinentes en defensa de los intereses nacionales. La imputación de Zapatero, el hombre que en la sombra ha venido manejando ‘La Casa’ desde el 2004, primero por mediación de José Bono y después de Margarita Robles, ha dejado al CNI sumido en una aguda crisis en cuanto a su capacidad operativa y su prestigio. ¿Nuestros espías no se enteraron de las andanzas de Zapatero en Venezuela, en Dominicana, y más recientemente, más peligroso aún, en la China comunista de Xi Jinping? ¿Qué papel ha jugado el Centro en la aparente sumisión del presidente Sánchez a los intereses de Marruecos y de su monarca absoluto? ¿Cómo es posible que Moncloa esté utilizando al CNI para sus operaciones -corrupción pura y dura-, de entrismo empresarial en el Ibex 35? El corolario son unos «ojos y oídos del Estado» al servicio de los intereses personales de Sánchez y su banda. Una más de las instituciones arrasadas por este Gobierno ilegítimo. Y un país al pairo, sin nadie que le proteja de sus enemigos. ¿Para qué sirve el CNI? ¿A quién sirve?
José Luis Ábalos no olvidará nunca la mañana del sábado 10 de julio de 2021 cuando, tras haber despachado varias veces con Sánchez el día anterior sin novedad, fue citado por sorpresa a primera hora en Moncloa para ser despedido con cajas destempladas por su íntimo amigo, el hombre que le debía todo. La noche anterior a aquel 10 de julio, Ábalos se había ido a la cama convencido de su inmediato nombramiento como nuevo ministro de Defensa. Lo impidió Zapatero in extremis. Fue la cruenta batalla que tras las bambalinas se libró entre los dos bandos que hasta entonces convivían en el PSOE en un extraño equilibrio. Perdió el PSOE zafio, de putas y comisiones. Ganó el PSOE fino del lobby y el gran dinero. Zapatero necesitaba desplazar a Ábalos del corazón de Sánchez y no podía permitirse perder, en la remodelación que preparaba el gran capo, dos ministerios de tanta importancia como Defensa e Interior, donde mantiene a dos peones tan significados como Margarita Robles y Grande-Marlaska. Controla, además, Transportes, el ministerio del gasto, pero además maneja el CNI, dependiente directamente de Robles. La directora del Centro llama religiosamente todas las mañanas a Margarita y le pone al corriente de las novedades en la Cuesta de las Perdices, e inmediatamente después la doña se encarga de comunicárselas al presidente. Zapatero sabía que tenía al CNI en buenas manos. Podía dedicarse tranquilamente a hacer negocios, seguro de que nadie nunca podría molestarle con preguntas incómodas y mucho menos, quién hubiera podido imaginarlo hace unos meses, llevarlo ante los tribunales.
Y Zapatero se emplea a fondo en Venezuela y alrededores. Blanquea a un régimen asesino que ha obligado a emigrar a 9 millones de venezolanos, y hace negocios. Resuelve problemas que allí se plantean a empresas nacionales y extranjeras y cobra el correspondiente fee, aunque nunca directamente, porque para eso tiene a sus «cobradores del frac». ¿Qué es lo que sabe el CNI de las andanzas de ZP en Caracas? ¿Algo del manejo del petróleo de PDVSA con los chinos? ¿Alguna explicación a la famosa mina de oro? ¿Y qué de las joyas aparecidas en el registro de su despacho? ¿Cuál fue la participación de ‘La Casa’ en el célebre viaje nocturno de Delcy Rodríguez a Barajas? ¿Qué había en aquellas maletas? ¿Pudo ocurrir algo así sin el conocimiento del Centro? ¿Y cómo es posible que la oposición no haya puesto pie en pared en el Parlamento ante el silencio culpable de nuestros servicios de inteligencia al respecto? Más grave aún, mucho más peligroso para la seguridad del Estado, es la supeditación del presidente a los intereses de Marruecos (plasmado en al reconocimiento unilateral del Sahara Occidental como parte del país vecino), el cordial «enemigo» de España a quien los Gobiernos de Madrid están obligados a tratar como el mejor de sus amigos. España está totalmente infiltrada por los servicios secretos de Rabat, pero nuestro CNI parece hallarse con la manos atadas a la espalda por culpa de los intereses personales del presidente y su señora, ello a cuenta del material que supuestamente estaría en poder de Mohamed VI tras la infiltración del móvil de Sánchez con el software Pegasus, mayo de 2021, coincidiendo con una crisis diplomática con el país vecino.
Un asunto que en su día puso de manifiesto la soledad de unos servicios sometidos a los compromisos de Pedro Sánchez con los socios que le mantienen en Moncloa. El separatismo acusó al CNI de haber pinchado el teléfono de una serie de capos nacionalistas, que a la sazón montaron una campaña de desprestigio contra España y sus instituciones orquestada por un centro canadienese digno de toda sospecha. Y el Gobierno se calló de forma vergonzante para no enfadar a sus socios, incapaz de sacar la cara por el Centro y defender los intereses de España, un país sometido a los caprichos del nacionalismo y al chantaje permanente del rey de Marruecos con la inmigración cada vez que se ve asediado por problemas internos. Muy revelador es el nuevo papel del Centro como simple peón en las operaciones empresariales emprendidas por la mafia sanchista en los territorios del Ibex 35. El Gobierno impidió a la familia propietaria la venta de Talgo a un grupo húngaro dispuesto a abonar 5 euros por acción. Argumentó interés estratégico y lo hizo esgrimiendo un informe del CNI al respecto. Al final, Talgo pasó a manos de un conglomerado de empresas vascas que se ahorran un buen dinero, dinero que pierden los propietarios de Talgo. Sánchez humilló al CNI para poder cumplir las exigencias del PNV. Moncloa ha utilizado también a Iván Redondo, ex jefe del gabinete del presidente, para frustrar la fusión entre Indra y EM&E, la empresa de los hermanos Escribano, y echar de la presidencia de la firma de defensa a Ángel Escribano, operación en la que se ha empleado a fondo la norteamericana General Dynamics (dueña de Santa Bárbara), que ha tenido a su servicio al citado Redondo a razón de 170.000 euros mes, más un millonario fee en cade éxito. Hablamos del sector Defensa, donde se están haciendo las nuevas grandes fortunas españolas del momento. Un asunto monitorizado directamente por la antena de la CIA en Madrid. ¿Qué sabe el CNI del rescate de Duro Felguera con fondos públicos, marzo de 2021, cuando la Audiencia Nacional la investigaba por sobornos a altos cargos del gobierno de Hugo Chávez?
El relato de las vergüenzas del Centro sería largo. El resultado ahora mismo es una moral muy a la baja y un «mal rollo» que las fuentes describen como perceptible a kilómetros de distancia. Un CNI donde escasea el talento y cae en picado entre la tropa del común. Un Centro cuya plantilla se ha ido nutriendo de civiles y miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (además de familiares directos de gente ya instalada en la superestructura), y donde los distintos mandos han ido creando clanes que actúan como compartimentos estancos. «Asciendes si formas parte del clan adecuado; si no, tu progresión se para en seco». Normal, hasta cierto punto, teniendo en cuenta las vicisitudes ocurridas en la cúpula del mismo. Directora del CNI es Esperanza Casteleiro, 69, licenciada en Ciencias de la Educación por la UCM, una mujer que ha hecho toda su vida profesional en ‘La Casa’ ocupando distintos cargo de importancia y que, amiga íntima de Robles, ergo obligada a la defensa de los intereses de ZP, en mayo de 2022 fue nombrada para sustituir a su antecesora, Paz Esteban, víctima precisamente del escándalo Pegasus. Una mujer que al frente del CNI «hace lo que le manden» y que al parecer arrastra una pesada «mochila» de sus relaciones con el polémico comisario Villarejo (también muy amigo de Margarita) y el no menos polémico comisario José Luis Olivera, imputado en el caso Kitchen. La relación de Casteleiro con Olivera se inició cuando el ministro Jorge Fernández Díaz, en el banquillo por Kitchen, le nombró director del CITCO (Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado), organismo donde la tuvo como su número 2 en representación del CNI. Desde entonces, el trío ha desarrollado una estrecha amistad plasmada en cenas y reuniones varias, todas, of course, grabadas por Villarejo. La web Información Sensible, propiedad del ex comisario, publicó en junio de 2022 los audios de una larga conversación entre ambos policías y la señora, a la que apodan «Lady Gin'», que ayuda a comprender muchas de las limitaciones operativas del Centro por culpa de esa relación con las cloacas policiales. En ella, y entre otras perlas, afirma tener «cien formas de cargarme el sumario del Pequeño Nicolás«, lo que induce a pensar en la capacidad de Centro para mediatizar decisiones judiciales de importancia.
Dice el general Félix Sanz Roldan, ex director del Centro, que «Ningún hombre puede poner de rodillas a un Estado» en referencia al controvertido comisario, pero la asombrosa verdad es que Villarejo ha puesto al establishment económico-financiero patrio y al propio Estado contra las cuerdas. Hablamos de Sanz Roldán, ex JEMAD, otro español que no ha sabido estar donde le ha correspondido, un tipo acomodaticio y cobardón que no ha querido hacer frente a sus responsabilidades al frente del CNI durante años, primero al servicio de Zapatero, después de Rajoy. Peor, con todo, lo de José Bono, que como ministro de Defensa entre 2004 y 2006 colocó al frente del CNI a un mandao, Alberto Saiz, y supuestamente se habría llevado de los archivos del Centro información confidencial bastante como para proteger de intrusos el elevado nivel de vida del que ahora disfruta. ¿Cómo es posible que ni el Centro ni ningún Gobierno hayan desmentido esta especie o, en su caso, lo hayan sentado en el banquillo? La degradación ha alcanzado ahora su cénit con una mujer, grabada durante años por Villarejo, que arrastra una pesada mochila de obligado cumplimiento. El resultado es que el famoso comisario, tras cumplir tres años en prisión provisional, ha conseguido mantener en el exterior su dinero y poner a salvo a su familia, sus dos grandes exigencias al decir de las fuentes. A cambio, debe prestar colaboración en las operaciones de asedio al PP a cuenta de los escandalosos casos de corrupción del Gobierno Rajoy, con Kitchen a la cabeza. ¿A quién interesa ese pacto? En primer lugar a la señora Casteleiro, que así consigue sellar el material que contienen esas grabaciones. Esperanza pasa su información a Robles, y Robles se la ofrece a Sánchez: «Vamos a saberlo todo del PP». Y Villarejo, que sigue viviendo a cuerpo de rey, no ha vuelto a entrar en prisión.
Como era de prever, el prestigio del CNI ha resultado muy dañado ante los servicios de inteligencia extranjeros con los que ha venido colaborando, como es norma entre socios que comparten cultura política y posicionamiento estratégico. Algunas clamorosas «cagadas», como que Villarejo consiguiera grabar a dos espías del CNI con los que se reunió, junto al comisario Marcelino Martín Blas, y publicar posteriormente la conversación, o como que el ‘Pequeño Nicolás’ fuera capaz de identificar a los agentes del Centro que le seguían, no han hecho sino provocar el asombro de los servicios extranjeros, incrédulos ante tamaña impericia. Difícil seguir teniendo al CNI como un socio de inteligencia fiable. Si los trabajos de la CIA, el Mossad o el MI6 condicionan a menudo las políticas de los Gobiernos de Estados Unidos, Israel o Gran Bretaña, los intereses de Sánchez y su banda cercenan el día a día del CNI y lo acercan a la irrelevancia. Las sospechas en torno a ‘La Casa’ se han generalizado tras el episodio Huawei, la tecnológica china vetada por Washington y la UE como proveedor de su tecnología de comunicaciones. Antes de dirigir el CNI, Casteleiro se mostraba convencida de la necesidad de marginar a la firma china y poner coto a su presencia en España, como pone de manifiesto en las grabaciones de Villarejo. ¿Por qué, entonces, ha guardado silencio ante la abrumadora penetración de la multinacional en nuestro país, desde las comunicaciones del propio Palacio de la Moncloa hasta las redes de Telefónica? Quizá el peaje debido a un Zapatero convertido en representante en España y la UE de los intereses chinos, lobby espléndidamente remunerado al que últimamente parece haberse sumado también Sánchez, cuyos cuatro viajes a Pekín inducen a pensar en su nueva supuesta condición de socio comercial de ZP. Business as usual. Lo de España con la China comunista sólo puede ser entendido en clave de intereses personales capaces de poner en grave riesgo la Seguridad Nacional.
Un CNI antes controlado por Zapatero, ahora al servicio de Sánchez, no de la nación, no del Estado. Si durante buena parte de la Transición el Centro se dedicó en gran medida a proteger y ocultar con un velo de silencio los negocios de Juan Carlos I y sus devaneos amorosos (Corina Larsen estuvo durante años viendo en el recinto de El Pardo, a escasos metros de la legítima reina Sofía sin que nadie se enterara), desde junio de 2018 La Casa se ha convertido en un mero peón en el juego de las ambiciones personales del dictador vocacional que nos preside. Es el paisaje de una España institucionalmente hecha trizas. Si damos por sentado que el Centro ha estado pasando puntual información al presidente de todo lo ocurrido en España y en el mundo, es responsabilidad del presidente haber hecho caso omiso o haber ignorado deliberadamente esa información por contraria a sus intereses personales, asunto por el que quizá tenga que rendir cuentas algún día. El delito de traición o contra la seguridad del Estado cometidos por el presidente del Gobierno en el ejercicio de sus funciones (Art. 102.2 de la CE) es un supuesto cada día más cercano al personaje.