Maria Maizkurrena-El Correo

  • Hay una oligarquía que vive muy bien en Marruecos. Poseen la riqueza de un país nada pobre lleno de pobres

Parecería, sí, que nadie quiere vivir en Marruecos, que los marroquíes quieren escapar de su país. Lo parece cuando vemos esas trombas humanas que se congregan tan fácilmente -¿quién las convoca?- para asaltar la frontera. Lo parece cuando sales a la calle en tu ciudad tomada por el verano, desertada por quienes se han ido de veraneo, y oyes hablar árabe en cada esquina. Pero no es así, claro. Hay una oligarquía que vive muy bien en Marruecos. Viven como dioses, poseen la riqueza de un país nada pobre lleno de pobres y tienen un control extraordinario sobre lo que pasa y lo que va a pasar, pues suyo es también el Estado a cuya sombre viven y medran.

Tampoco vive tan mal la clase media marroquí forjada en los últimos veinte años, aunque su crecimiento sigue muy constreñido por la concentración de la riqueza en los estratos superiores de la sociedad, las castas favorecidas de la monarquía alauí. Sin embargo, ha habido familias que han dejado a sus hijos en centros de acogida de menores aquí, en Euskadi, pues al parecer incluso en estas condiciones van a tener mayores oportunidades que en su país natal aunque no pertenezcan a los estratos más desfavorecidos. Recuerdo que los trabajadores de estos centros estaban encantados con esos jóvenes; chicos educados que se adaptan perfectamente a una vida regular. Y es que la mayoría de los ‘menas’ proceden de familias desestructuradas, de un abandono largo y, a menudo, irreparable que ha empezado en las mismas calles de Marruecos, y su conducta suele ser de todo menos cortés

Pero ahora Marruecos quiere a sus jóvenes de vuelta. Todos esos menores, o casi menores, que huyen, unos de la cárcel, pues han cometido delitos; otros -la mayoría- de la falta de oportunidades, de la falta de recursos públicos al servicio de la educación, la salud y las oportunidades vitales de las personas. Abdellatif Ouahbi, ministro marroquí de Justicia, ha reclamado el regreso de los menores no acompañados que pululan por Melilla. Incluso, recuerda, en 2024 Marruecos ya mostró su deseo de acoger a todos los que pululan por España y por Europa. No piensan abandonarlos, dice, aunque muchos ya vienen abandonados de origen. La culpa de que no hayan regresado es de la Ley de Extranjería española, que impide su devolución inmediata y se rige «por el interés superior del menor» (excusas para robarle a Marruecos su juventud). Ouahbi dice que tienen que estar con sus familias y sus compatriotas. Si el Estado marroquí se hubiera ocupado de ellos antes, no estarían donde están, incluyendo los que han pasado la frontera de la muerte. El asalto a la frontera que tuvo lugar en 2021 ya conmocionó a los ceutíes, pero el de ahora lo ha dejado pequeño. El próximo se está gestando en las redes.